Publicidad
15 May 2022 - 2:03 a. m.

Pez basa: el otro “hipopótamo” en Colombia del que nadie quiere hablar

Aunque es originario del río Mekong, en Asia, fue introducido de manera ilegal a Colombia hace años. Pese a la evidencia científica y su alto potencial de causar daños en el ecosistema y especies nativas, aún no ha sido declarado especie invasora.
Daniela Quintero Díaz

Daniela Quintero Díaz

Periodista Medio Ambiente
Ejemplar de pez basa capturado en el canal principal del río Magdalena en San Clara (Yondó). / Pescador Jairo Mora - Cortesía Fundación Humedales
Ejemplar de pez basa capturado en el canal principal del río Magdalena en San Clara (Yondó). / Pescador Jairo Mora - Cortesía Fundación Humedales
Foto: Cortesía

El pasado 4 de febrero, el Ministerio de Ambiente anunció una decisión que desde hace años esperaban científicos y conservacionistas: el hipopótamo (Hippopotamus amphibius), proveniente de África e introducido de manera ilegal en la década de los 80 al país, sería declarado una especie invasora. Pese al revuelo de movimientos y voceros animalistas, tras escuchar las recomendaciones del Comité Técnico Nacional de Especies Introducidas, Trasladadas y/o Invasoras, la medida estaba firme. Los estudios técnicos y científicos, desarrollados por el Instituto Humboldt y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, ponían en evidencia los riesgos ambientales e impactos que podría generar esta especie en ecosistemas estratégicos para el país, como el río Magdalena y sus especies nativas. (Le recomendamos: De Vietnam a Huila: los miedos de la producción del pez basa)

Comunicados de prensa, videos, fotos, cobertura en medios nacionales e internacionales y una resolución con el nuevo listado de especies invasoras se robaron el protagonismo. No era para menos. Las especies invasoras son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo, son responsables de la extinción de especies y afectan la funcionalidad de los ecosistemas. Pero, mientras la declaratoria sucedía, otra especie introducida ilegalmente al país navegaba por el río Magdalena a sus anchas. Se trata del pez basa (Pangasius hypophthalmus), originario del río Mekong, en el sudeste asiático, que fue traído hace más de 10 años a Colombia, posiblemente para impulsar su producción acuícola. Según la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), “se trata de una especie potencial para diversificar la acuicultura de Colombia, y sería un producto contundente que nos permitiría generar empleo en el país y pensar en exportar”.

Pese a que desde 2012 el Instituto Humboldt alertó sobre su potencial invasor, la catalogó como una especie exótica de alto riesgo y manifestó la urgencia de llevar a cabo labores y políticas más estrictas de prevención, hasta la fecha no se han tomado acciones para detener su expansión. En cambio, sí se han impulsado diversas iniciativas para “domesticarlo” y cultivarlo en el país, pero, hasta ahora, no han conseguido licencia. (Le puede interesar: Más allá de hipopótamos: las más de 20 especies exóticas que hay en Colombia)

***

En agosto de 2015, pescadores artesanales confirmaron la presencia del pez basa en el río Magdalena, capturando el primer ejemplar de esta especie en el ambiente natural: una pequeña ciénaga del río Carare. El mismo mes fueron colectados otros dos ejemplares de pez basa en la ciénaga de Guarinocito, 150 kilómetros arriba del Carare. Los registros actuales suman capturas en el medio natural en al menos ocho departamentos del país, evidenciando una progresiva ampliación de su distribución (ver mapa). Toro, un pescador de Neiva, asegura haber capturado 23 de estos peces durante sus faenas en los últimos ocho años, todos cerca de la represa de Betania, a solo 30 kilómetros de la capital de Huila, en una zona cercana a varios cultivos piscícolas. El más grande pesó 14 libras.

Ni el Ministerio de Ambiente ni la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) han autorizado la importación de parentales de pez basa. Tampoco han autorizado su uso para la acuicultura ni como pez ornamental. La única forma en la que Colombia puede importar este animal es como filete congelado (y así lo ha hecho desde 2008). Pero la existencia de cultivos de pangasius, como también se conoce esta especie, es un secreto a voces.

Hace más de 10 años, acuicultores e ictiólogos que participaban de un Congreso Colombiano de Ictiología en Ibagué alertaron sobre la presencia de pies parentales de pez basa en departamentos como Valle del Cauca, Huila, Cauca, Meta y Santander. Hoy, una búsqueda sencilla en Facebook deja ver que la producción ilegal se ha extendido a varios rincones del país. En un par de minutos pueden encontrarse vendedores de “semilla” o alevinos de esta especie que la promocionan en grupos públicos de casi 16 mil miembros, y la despachan desde La Dorada, Honda, Neiva, Restrepo, Montería, Tame, entre otros municipios. “Tenemos rutas los 365 días del año a todo el país, y brindamos asistencia técnica”, se lee en una de las publicaciones. “Gran cupón para ti y tus amigos, por compras de tus alevinos de bagre pangasius tendrás un adicional del 7 % en mortalidad. Y para que sea aún mejor, te obsequiamos un 15 % de descuento”, dice otra. Los peces basa también pueden encontrarse en tiendas de mascotas de grandes ciudades, como Bogotá y Bucaramanga, donde los venden como “tiburoncitos pangas”, por su forma similar a los depredadores tope del mar. (Le puede interesar: Hipopótamos y especies invasoras: ¿qué manejo se les ha dado a otros animales?)

De hecho, el pasado 14 de abril, en plena Semana Santa, el Ministerio de Agricultura publicó un trino felicitando a los piscicultores. “Nuestros piscicultores se pusieron truchas y están exportando 192.521 toneladas de tilapia, trucha, salmón, basa, atún, camarón, entre otros. Continuemos apoyándolos…”, señalaba. Si no está permitido el cultivo de basa en el país, ¿cómo podemos estar exportándolo?

Huila es el departamento con mayor producción acuícola. Según el Minagricultura, en 2021 aportó en 39 % de la producción piscícola nacional. Es también el corazón de la discusión sobre el pez basa. Basta una caminada por los puertos, plazas de mercado y puntos de venta de pescado en Neiva, su capital, para confirmar la presencia de la especie. Lo venden con otros nombres, como bagre, capaceta o pancracio, casi nunca dicen “basa”. Al preguntar de dónde vienen, la respuesta suele ser la misma, y sin asomo de duda: “De cultivo”. Solo cambia la ubicación. Unos dicen que de cultivos cerca de la represa de Betania, otros que de Campoalegre, otros que del Quimbo. Hace unas semanas, el director ejecutivo de Fedeacua confirmó que en Huila está aumentando el cultivo de este pez.

A solo 30 minutos de Neiva, El Espectador pudo conocer un centro de cultivos de peces con un lago dedicado al pez basa. Pese a toda la evidencia, la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM), autoridad ambiental encargada de las acciones de control contra especies exóticas y la protección de la biodiversidad local, asegura que “hasta el momento, en Huila no tenemos reportes oficiales ni denuncias de presencia del pez basa”.

Las preocupaciones sobre el pez basa

El pez basa se ha convertido en una de las especies con mayor proyección en la acuicultura del mundo. Su rápido crecimiento (puede alcanzar un kilogramo en solo cuatro meses) y reproducción (cerca de un millón de huevos por desove) lo hacen una especie muy rentable. Estas características son también las que generan preocupación, y las que lo han llevado a colonizar, en gran medida de manera irregular, diversos rincones del planeta.

Tiene una dieta amplia, puede comer desde zooplancton, algas y frutas, hasta larvas, crustáceos y otros peces. Toro, el pescador, asegura que en los ejemplares de pangasius que ha capturado y limpiado ha encontrado larvas, lama de piedra, alevinos del tamaño de un meñique y huevos con lama. Esa es otra de las mayores preocupaciones de científicos y pescadores. “Si se llega a reproducir mucho, ¿qué va a pasar con los huevos de los otros peces? Acaban con las otras especies de peces”, se pregunta Toro. En los últimos años, él ha sido testigo de la caída en las pesquerías; la “subienda”, rica en peces de grandes tamaños, es solo un recuerdo. Ahora le preocupa que una especie como esta pueda poner aún más presiones al ecosistema.

El basa también es un pez muy bueno para sobrevivir en ambientes extremos (tiene respiración acuática y aérea, lo que le permite permanecer en condiciones de muy poco oxígeno disuelto), y migra cientos de kilómetros entre las zonas de refugio y desove, en las partes altas de los ríos, y las zonas de alimentación y guardería, aguas abajo. “Por ser una especie migratoria, se presume que podría competir con las especies nativas, que son las que sustentan cerca del 70 % de la producción pesquera anual de la cuenca”, asegura Carlos Lasso, director de investigación la línea de recursos hidrobiológicos del Humboldt.

Además, como explica la bióloga María Camila Castellanos, esta especie encuentra en la cuenca del Magdalena la disponibilidad de “nicho ecológico”. Es decir, cuenta con características ambientales idóneas, muy parecidas a las de su lugar de origen, para establecerse. El mapa que acompaña esta nota es el resultado de una investigación de Castellanos. Las líneas rojas presentan los lugares que cuentan con condiciones idóneas para que la especie se establezca. Muchas de esas zonas se traslapan con los nichos ecológicos de especies nativas de Colombia, como la doncella, el blanquillo y el bagre rayado (que ya se encuentra en estado crítico de amenaza).

Si la especie se adapta al medio natural, explica Lasso, pueden ocurrir varias cosas: que se distribuya ampliamente por la cuenca, que los individuos alcancen la madurez sexual y aumenten el potencial de reproducción y que la especie se establezca, pues no cuenta con sus depredadores naturales o competidores potenciales. “A lo que nunca queremos llegar es a que el pangasius forme en el medio natural una población de individuos con capacidad de reproducción estable y realizable”, asegura el investigador. “Si hay pocos individuos y la posibilidad de encuentro es baja, hay menos posibilidad de un evento reproductivo exitoso. Pero si logra reproducirse en el medio, erradicarla se convierte en una tarea casi imposible”, agrega.

Aunque hasta la fecha no se han observado larvas o ictioplancton que puedan indicar la reproducción del pangasius en el medio natural, el pasado 28 de marzo, pescadores de los ríos Sinú y San Jorge reportaron, por primera vez, la captura de una hembra de 100 centímetros cargada con una libra de huevos. En Caucasia, otros pescadores también reportaron la captura de un macho de 36 centímetros maduro sexualmente. Entre sus reportes también señalan que los han visto nadando en grupos de 20 o 30 individuos.

“Los resultados de esta introducción no se van a ver ya, pero si no se controlan de inmediato, los procesos de erradicación de especies invasoras pueden costar millones de dólares, con pérdidas enormes, no solo monetarias, sino para la biodiversidad”, asegura Silvia López-Casas, doctora en biología y ecología de ecosistemas de agua dulce y consultora para la ONG Wildlife Conservation Society. “A los hipopótamos los ves y los encuentras fácil, son enormes, a los peces no”.

Las decisiones que no se han tomado

Hace un año El Espectador consultó al Ministerio de Ambiente sobre la problemática evidente del pez basa. En ese momento, la máxima autoridad ambiental del país respondió que estaba “en proceso de una decisión y, hasta que no se tome, no tendremos declaraciones al respecto”. A menos de 90 días de un cambio de Gobierno, la decisión sigue sin tomarse. El pez basa no está incluido en ninguna de las resoluciones sobre especies invasoras o de alto riesgo que ha establecido el Minambiente.

Desde finales del año pasado se convocaron reuniones entre la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), el Instituto Humboldt, el Ministerio y otras entidades del Sistema Nacional Ambiental (Sina) para evaluar la información científica disponible hasta la fecha y entregar una respuesta al país, que aún no ha llegado.

“El Instituto Humboldt entregó un documento en el que participaron más de 20 autores y se recogen 450 fuentes académicas que tienen que ver con la información del pez basa en Colombia. Con esta información, recomendamos la no introducción y la no domesticación de esta especie en el país”, explica Hernando García, director del Instituto Humboldt. Asegura que tiene un alto riesgo de ser una especie invasora y que las consecuencias de su establecimiento en los ecosistemas naturales podrían generar daños ecológicos severos. “El Gobierno ha promovido una discusión informada y ha hecho un llamado para que todas las organizaciones pongan la información en la mesa para tomar la decisión. Los institutos de investigación ya cumplimos con entregar la mejor información posible para construir una decisión final”, agrega. Mientras se espera una respuesta de la cartera ambiental, las nuevas investigaciones están dirigidas a conocer el nivel de establecimiento del pez basa en nuestros ríos, la búsqueda de sus larvas y el monitoreo de la mano con los pescadores.

* Consultamos al Ministerio de Ambiente y a la Aunap para esta investigación, pero no recibimos respuesta.

Recibe alertas desde Google News