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Un formalismo jurídico ha impedido que la condena contra los responsables del asesinato del narcotraficante Leonidas Vargas Vargas, ocurrido en Madrid (España) en enero de 2009, quede en firme. Un fallo del pasado 17 de octubre de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de España (TS), conocido por El Espectador, anuló la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), en la que se condenó a quienes serían los responsables del crimen.
Este fue cometido cuando Vargas Vargas, otrora mano derecha del extnto jefe del cartel de Medellín Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano, se encontraba en un hospital de la capital española por cuenta de una hipertensión pulmonar. Del hecho fueron responsabilizados los ciudadanos colombianos Jonathan Andrés Ortiz, José Jonathan Fajardo Ospina, Édgar Andrés Ortega Flores, Alexánder Salazar Cortés, Jonathan Montoya Rendón y el rumano Andrei Alexandru Cadar. Un jurado de Madrid condenó a los colombianos a 23 años de prisión cada uno. Por su parte, Alexandru fue sentenciado a cuatro años de cárcel.
La condena fue ratificada en segunda instancia por el TSJM. Sin embargo, el TS consideró que en su fallo de segunda instancia esa corporación no explicó suficientemente los motivos por los cuales ratificó la condena contra estas seis personas. Ese tribunal indicó al respecto que “la sentencia de segundo grado, no ha llevado a cabo esta labor, al menos de forma completa sino por mera referencia a la sentencia de primer grado y sin una explicación suficiente que garantice el invocado derecho”.
Por ello anuló la sentencia y les solicitó a “los mismos magistrados que la dictaron, que dicten otra en la que se reparen las infracciones cometidas, a las que ya nos hemos referido en esta resolución”. Ahora, el TSJM tendrá hasta marzo de 2013 para presentar un nuevo fallo que deje en firme la sentencia contra los presuntos sicarios de Vargas Vargas. Todos ellos permanecen recluidos en cárceles de España, a la espera de que se defina su suerte.
El caso es que, a pesar de que la condena en su contra fue anulada, eso no significa que los acusados hayan sido absueltos, lo que permite inferir que, al parecer, el caso no quedará en la impunidad. De todas maneras habría que destacar que las investigaciones aún no han apuntado hacia quién habría sido el autor intelectual del crimen que en su momento llenó de titulares los principales medios del país ibérico por cuenta de estos ajustes de la mafia. Por ahora, lo único que tiene probado la justicia de ese país es que Jonathan Andrés Ortiz fue quien el 8 de enero de 2009 disparó contra Vargas Vargas y los demás acusados fueron quienes le ayudaron a hacerlo.
Ese día el sicario ingresó al Hospital 12 de Octubre de Madrid, buscó la habitación 543, entró en ella, preguntó por su víctima a un paciente que allí se encontraba y quien debió recibir tratamiento sicológico después del crimen. Luego se acercó al narcotraficante, quien se encontraba durmiendo, y le disparó en cinco ocasiones.
Así acabó con la vida de un hombre que en reiteradas ocasiones sobrevivió a atentados en su contra, que fue varias veces secuestrado, al que le torturaron y asesinaron a su hija y su yerno, al parecer como parte de una venganza en su contra: Vargas Vargas, el jefe del cartel de Caquetá y quien se preciaba de ser el dueño de este departamento, al punto que en su finca en Guaymaral (Cundinamarca) tenía una piscina con la forma de esta región, fue condenado en 1995 a 26 años de prisión por el delito de enriquecimiento ilícito.
Vargas Vargas, uno de los grandes capos del cartel de Medellín, se alió con las guerrillas que luego lo secuestrarían, los patrocinó con $20 millones de la época; al igual que El Mexicano promovió grupos paramilitares en el Putumayo, entabló alianzas con Pablo Escobar Gaviria y, en 1997, se enfrascó en una guerra visceral con el capo del cartel del norte del Valle, Iván Urdinola, que incluyó un atentado en su contra que casi le cuesta la vida cuando se encontraba recluido en la cárcel La Picota de Bogotá.
En 2001, Vargas Vargas, también conocido como El Viejo, salió libre por vencimiento de términos de un proceso en Colombia. Tres años después la Fiscalía le abrió una nueva investigación, pero el ‘narco’ ya había viajado a España y allí vivió por un tiempo hasta que en 2006 las autoridades lo capturaron. Fue detenido en posesión de un pasaporte venezolano falso y luego se le procesó por narcotráfico. Estaba en esas cuando la venganza lo persiguió hasta el Hospital 12 de Octubre.
Las autoridades señalaron una vendetta entre narcos, incluso se llegó a decir que el esmeraldero Víctor Carranza estaría implicado en el hecho. Nada de esto se comprobó. Lo único claro fue que desde ese día las autoridades españolas comprobaron que los narcotraficantes colombianos habían convertido a España en una de sus sedes y llevado sus negocios ilícitos y sus guerras de sangre hasta allá. Los autores intelectuales del hecho siguen siendo un misterio, quizás lo sea por siempre. Mientras tanto, la condena contra los autores materiales continúa en veremos.