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Así fue la expansión paramilitar en Catatumbo por la que fue condenado el primo de Mancuso

Doménico Mancusi fue por años el eslabón perdido entre paramilitares y miembros de la fuerza pública que facilitó la incursión de las ACCU en esa región. Un tribunal lo condenó a 39 años de prisión por haber ayudado a los “paras” a atravesar el país sin oposición de los militares.

Paulina Mesa Loaiza

24 de mayo de 2026 - 06:00 p. m.
En 1999 las tropas de paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) lograron atravesar el país sin mayores contratiempos. Por las rutas en las que se movilizaron no se encontraron con ningún retén del Ejército, y si los veían, los dejaban pasar.
Foto: Archivo Particular
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Desde Córdoba hasta Catatumbo. En 1999 las tropas de paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) lograron atravesar el país sin mayores contratiempos. Por las rutas en las que se movilizaron no se encontraron con ningún retén del Ejército, y si los veían, los dejaban pasar.

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Los exjefes paramilitares, Carlos y Vicente Castaño, tenían un enlace clave al que llamaban “coordinador”: Doménico Antonio Mancusi Hoyos, primo del también paramilitar Salvatore Mancuso, y quien acaba de ser condenado en primera instancia a 39 años de prisión. El Tribunal Superior de Cúcuta lo halló culpable de 12 homicidios de campesinos en Tibú (Norte de Santander), tras permitir una toma paramilitar hace más de dos décadas y abrirle paso a la expansión de ese grupo armado.

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El objetivo de este grupo paramilitar era consolidar su presencia criminal en el Catatumbo. El plan estaba listo. Tenían que tomarse Tibú y La Gabarra. La comunidad lo sabía. El rumor corrió rápido entre las veredas y, aunque lo denunciaron, nadie los escuchó. El 29 de mayo de 1999, el llamado bloque Catatumbo de las AUC incursionó en ese municipio de Norte de Santander.

Hicieron retenes y asesinaron a cuatro campesinos, a quienes señalaron como colaboradores de la guerrilla. Con una lista en mano, los hombres armados bajaron de un bus a Jorge Camilo González, Gerardo Berbesí, Rafael Claro y a otra persona. Los tendieron en el suelo con las manos amarradas en la espalda, les taparon el rostro y luego los asesinaron.

El Espectador registró el suceso en una nota de prensa del 31 de mayo de 1999 como “la primera incursión de ese tipo que se da en el Catatumbo”.
Foto: Archivo Particular

El Espectador lo registró en una nota de prensa del 31 de mayo de 1999 como “la primera incursión de ese tipo que se da en el Catatumbo”. Cerca de 200 paramilitares se movilizaron en cinco camiones entre las veredas Socavó y Carbonera, en el corregimiento de La Gabarra. Allí retuvieron y asesinaron a otros campesinos.

“Hombres armados se movilizan por las 56 veredas del corregimiento amenazando a la gente. Aseguran que los paramilitares están elaborando una lista con nombres de personas que señalan de ser colaboradoras de la guerrilla. La Gabarra no cuenta con presencia de fuerza pública. Hace dos años el Ejército abandonó la región y la Policía hizo lo mismo”, contó la prensa en ese momento.

La génesis del poder paramilitar en Catatumbo

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en su informe Memorias de sobrevivientes al Bloque Catatumbo detalla los inicios del poder paramilitar en la región. Si bien la toma paramilitar de Norte de Santander fue un proyecto de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), debía ser materializado por el Bloque Norte, en cabeza de Salvatore Mancuso.

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Según explica el informe, la génesis fue una reunión de Carlos Castaño con el exjefe paramilitar en 1998 para concretar el ingreso sin contratiempos. En una declaración ante la justicia, Mancuso detalló que Castaño se reunió con el general (r) Mario Fernando Roa para coordinar la entrada de los paramilitares en mayo de 1999.

El encargado de la tarea fue Doménico Mancusi, su primo, quien era conocido en el nororiente del país con el alias de “David”. “Mancuso ha dicho en repetidas versiones que Roa designó al Coronel (r) Víctor Hugo Matamoros y al Mayor (r) Mauricio Llorente para que se reuniera con Doménico Mancusi y planearan las masacres con las que entraron al Catatumbo”, dice el informe. Para ello, las ACCU comenzaron a coordinar las tropas. Según el CNMH, entre 160 y 200 hombres fueron reunidos en Córdoba. Todos tenían experiencia previa como paramilitares o por haber pertenecido a la fuerza pública, aunque no eran oriundos de la región, por lo que actuaron como un ejército de invasión.

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Cerca de 400 paramilitares se movilizaron en cinco camiones entre las veredas Socavó y Carbonera, en el corregimiento de La Gabarra. Allí retuvieron y asesinaron a más de 20 campesinos.
Foto: Archivo Particular

El traslado de esa cantidad de combatientes por todo el país con complicidad de la fuerza pública dejó a su paso un recorrido de muerte, que, según el Centro de Memoria, se convirtió en un hito del conflicto armado en Colombia. Alias “David”, el primo de Mancuso, fue de alta influencia para permitirlo. Así lo detalla el informe a raíz de un testimonio de un conductor. “Yo iba punteando, cuando el centinela (del Ejército) se acercó [y preguntó]: ¿qué llevan, señores?, dije: tropa (…). Cuando me dijo (el soldado): hágale. El segundo camión también, ¿qué lleva?: tropa (…). Pasamos (hacia Tibú). Entonces dieron hasta un santo y seña: pájaro azul no sé qué joda, pa los centinelas (del Ejército), eso venía de arriba”, relató el conductor.

Según detalla el informe del CNMH, Doménico Mancusi tenía el papel de enlace, era un hombre de confianza para los paramilitares. “La palabra enlace define su función: era el encargado de comunicarse con los militares, buscaba que esos militares tuvieran contacto con los comandantes de las autodefensas para coordinar las acciones entre unos y otros”, se lee en el documento. Esa tarea permitió la incursión del paramilitarismo en Catatumbo y dejó una herida que hasta hoy las comunidades recuerdan. En ese momento, la Defensoría del Pueblo denunció la situación de violencia que apenas iniciaba y que en solo dos meses dejó ocho masacres, 106 muertos y más de 3.500 desplazados.

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Para 1999, la Defensoría del Pueblo denunció la situación de violencia que apenas iniciaba y que en solo dos meses dejó ocho masacres, 106 muertos y más de 3.500 desplazados.
Foto: Archivo Particular

La condena a Mancusi por su papel de eslabón

Por la génesis de esta expansión paramilitar en las montañas del Catatumbo, un juez dictó sentencia contra Doménico Mancusi, el primo italiano del exjefe criminal Salvatore Mancuso.

Inicialmente fue acusado por los delitos de concierto para delinquir y homicidio, ambos agravados. Pero el 11 de junio de 2024, un juez lo absolvió. El fallo explicaba que no se habían encontrado pruebas de que Mancusi hubiera dirigido o promovido la organización criminal.

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Tampoco que hubiera prestado su colaboración en la coordinación entre autodefensas y fuerza pública para la incursión violenta de las AUC en la región del Catatumbo el 29 de mayo de 1999. En representación de las víctimas, la Asociación para la Promoción Social Alternativa Minga apeló la decisión alegando que ese fallo de primera instancia había ignorado las pruebas que lo inculparon.

“Uno de los emisarios encargados de las coordinaciones y alistamientos fue Doménico. La sentencia contra él es por esos hechos, ya que fue delegado por los altos mandos paramilitares para coordinar en Cúcuta y en todo el Norte de Santander el traslado e implantación de los paramilitares sin oposición de la fuerza pública”, explicó a El Espectador la Asociación Minga.

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Y agregó: “En este caso hubo una absolución inicial que nos sorprendió porque había un volumen impresionante de pruebas y esta sentencia del 9 de abril de 2026 lo que hace es corregir eso. Confiamos en que se sostendrá porque los elementos probatorios son contundentes, sólidos y plurales”.

La sentencia a la que hace referencia la Asociación es de la Sala Segunda Penal de Decisión del Tribunal Superior de Cúcuta, que determinó que sí hay pruebas suficientes para concluir que Doménico Mancusi tuvo responsabilidad en la masacre del 29 de mayo de 1999 y en la expansión paramilitar.

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Por eso, lo condenó a 477 meses de prisión, casi 40 años. Los magistrados tuvieron en cuenta los testimonios que señalan el nivel de compromiso y su rol estratégico como enlace entre el bloque Catatumbo y la fuerza pública. Una de las versiones clave fue la de Mancuso, quien identificó y señaló de manera directa a su primo. Dijo que era conocido con los alias de “Lucas” o “David”.

“Era el encargado de servir de ‘enlace y coordinador’ con los altos mandos militares y del DAS Norte de Santander, intentando que estos tuvieran contacto con los comandantes de las autodefensas para ‘coordinar las acciones entre unos y otros’. En ese rol fue quien recibió la orden directa de coordinar el ingreso del Bloque Catatumbo con oficiales de la Fuerza Pública. Su gestión permitió que esos hombres de las AUC ingresaran al departamento y llegaran a La Gabarra sin ser obstruidos por las autoridades que operaban en la zona, actuar que resultó estratégico y esencial para el éxito del plan criminal”, señala la sentencia sobre la versión de Mancuso.

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Una de las versiones clave fue la de Mancuso, quien identificó y señaló de manera directa a su primo. Dijo que era conocido con los alias de “Lucas” o “David”. EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda/ ARCHIVO
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda

El Tribunal también recogió la indagatoria a Mauricio Llorente Chávez, quien para ese momento era mayor del Ejército y Comandante del Batallón de Contraguerrillas Héroes de Saraguro.

El exuniformado afirmó haberse reunido personalmente con “el familiar de Mancuso” quien se identificó como alias “David”, con el objetivo específico de coordinar la inmovilización de las tropas bajo su mando en Tibú y La Gabarra para permitir el paso de los paramilitares. Por las pruebas analizadas, la Sala concluyó que Mancusi “abrió el camino” a través de la corrupción a la fuerza pública y fue una pieza clave para que se realizara la masacre en 1999.

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“Para las víctimas hay un sentimiento de satisfacción en los avances para reconstruir la verdad del crimen. El punto oscuro siempre fue quién se encargó de la coordinación para garantizar que los paramilitares se desplazaran por vías primarias desde Córdoba hasta Norte de Santander sin oposición. Esto le ofrece a las víctimas, al menos en el punto de la verdad, un elemento de reparación”, le dijo a El Espectador la Asociación para la Promoción Social Alternativa Minga.

Aunque Mancusi interpuso un recurso de doble conformidad contra la sentencia que lo condenó, las víctimas tienen la fe puesta en que la Corte Suprema de Justicia confirmará la condena. El temor está puesto en la doble nacionalidad del primo de Mancuso, quien actualmente vive en Italia.

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“Hemos pretendido buscar una gestión estatal para lograr su deportación o extradición, pero ha sido imposible”, concluyó la defensa de las víctimas, quienes esperan que finalmente la justicia sí alcance al eslabón entre “paras” y militares que dejó una herida profunda y abierta en uno de los capítulos más violentos del conflicto armado en el Catatumbo.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Paulina Mesa Loaiza

Periodista de la Universidad de Antioquia e ilustradora. Ha escrito en prensa y portales digitales con especial interés en justicia, conflicto, memoria y paz. Actualmente es periodista de Colombia+20.@paulina_mesalpmesa@elespectador.com
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