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7 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Así hacen negocios los carteles de los Balcanes en Colombia

Emisarios de los Balcanes visitan Colombia por algunos días, pactan negocios y los alijos de cocaína suelen ser enviados por mar, aunque también se han interceptado vuelos chárter. Su principal socio es el Clan del Golfo.

El Espectador/Balkan Investigative Reporting Network*

Así hacen negocios los carteles de los Balcanes en Colombia

En junio de 2019, en un buque proveniente de Chile que llegó al puerto de Filadelfia, ciudad ubicada en el noreste de Estados Unidos, fueron incautadas más de 15 toneladas de cocaína. Según dijeron las autoridades de ese país en su momento, de juntar los bloques de la droga decomisada se habría formado una línea recta de tres kilómetros. A la fecha, se trata de la mayor confiscación de este estupefaciente en la historia de Estados Unidos. El oprobioso récord podría esconder una relación que ha estado cocinándose por años en la clandestinidad: los nexos de carteles colombianos con las mafias de los Balcanes.

Lea la primera entrega: Los hombres claves en la relación entre mafias de los Balcanes y Colombia

Si bien hace dos años las autoridades de Estados Unidos no mencionaron a Colombia ni a países balcánicos al hablar del operativo en Filadelfia, fuentes cercanas a la operación dijeron que este envío de cocaína es un claro ejemplo de la manera como han hecho negocios las mafias de esa región de Europa con grupos criminales colombianos. Hoy se empiezan a conocer detalles de las relaciones que tienen organizaciones como el Clan del Golfo con carteles narcotraficantes de Serbia, Croacia, Albania y Montenegro. Sus vínculos van más allá del envío de drogas e incluyen operaciones para lavar dinero y hasta asesinatos con mercenarios colombianos.

De un tiempo para acá, son más constantes las visitas de ciudadanos de la región balcánica a Colombia. En marzo de 2020, un doble asesinato en Guamal (Meta), en el que una de las víctimas resultó ser José Vicente Rivera Mendoza, exparamilitar del bloque Centauros conocido como Soldado, comenzó a dar luces de la forma en que mafiosos de ambos lados del Atlántico hacen negocios. Dejan Stanimirovic, ciudadano serbio, llegó a Colombia por la frontera con Ecuador y terminó en la casa de Soldado, quien, al parecer, tenía negocios con el Clan del Golfo. Según las investigaciones, lo más probable es que el extranjero vino a pactar un envío de droga a Europa.

Fuentes de la Policía explicaron que así suelen hacerse estos pactos: uno o dos emisarios de algún cartel de los Balcanes llegan a Colombia, en muchas ocasiones tras cruzar la frontera por Ecuador, para reunirse en alguna región remota -hay otros episodios en Meta- con enviados del grupo que les venderá la droga. Negocian y a los pocos días salen del país. El envío de cocaína suele hacerse por dos vías: buques de carga o aviones privados. En el primer caso se ha identificado que las embarcaciones suelen hacer paradas adicionales después de zarpar de puertos nacionales para “limpiar” su origen y que no sea tan evidente que se trata de una carga desde Colombia.

En algunas ocasiones se ha identificado que las tripulaciones de las embarcaciones son sobornadas para hacerse los de la vista gorda. Y hay compañías de carga cuyos buques son sorprendidos transportando droga con tanta frecuencia, que también se investiga si es mera coincidencia. Como los narcotraficantes saben que, en todo caso, un barco de Suramérica puede levantar sospechas en Europa, se las han ingeniado para esconder cocaína en bananos, carbón y harina. Los flujos son tan constantes, que hoy se estima que más del 50 % de la droga que sale de Colombia termina en el Viejo Continente. Y allí ya están encendidas las alarmas.

En particular, según varias fuentes, las autoridades europeas tienen en la mira lo que ocurre en los puertos de Barcelona y Algeciras (España), Amberes (Bélgica), Felixstowe (Inglaterra), La Spezia (Italia), Rotterdam -que se suponía era el destino final del buque de la incautación de Filadelfia- y Vlissingen (Países Bajos). Sobre todo a este último país, de donde sale gran parte de las sustancias comercializadas por organizaciones criminales de los Balcanes hacia toda Europa y, a su vez, es la principal fuente de las drogas sintéticas comercializadas ilegalmente en Colombia. Se indaga, asimismo, si funcionarios de estos embarcaderos están recibiendo sobornos.

La otra vía por la que carteles de los Balcanes y colombianos entran droga a Europa es por aire, aunque se cree que es menos usual. Tal fue el caso, supuestamente, del ciudadano albanés Agim Cerma, que se asentó en la década pasada en Barranquilla, desde donde, según la Fiscalía colombiana, controlaba envíos de cocaína a través de vuelos chárter al otro lado del Atlántico. Cerma, que en Colombia era conocido como Jimmy, fue capturado en Montería en julio de este año mientras viajaba hacia Apartadó (Antioquia). Según fuentes, iba camino a reunirse con líderes del Clan del Golfo. Logró mantener por años un bajo perfil y se estima que movía $2.000 millones al año.

Los negocios se sellan de diversas formas. En 2014, por ejemplo, fue detenido en Albania el colombiano César Augusto Peláez Triana, quien confesó que fue enviado a Europa a recibir un pago de casi un millón de euros correspondientes a una carga de cocaína que se esperaba pronto. Sin embargo, mientras estaba en su hotel, vio en las noticias que las autoridades de Montenegro habían incautado un cargamento de droga y a los pocos días se entregó. Nunca se estableció quiénes o qué organización en Colombia estuvieron al frente de la operación criminal y Peláez Triana fue condenado a 15 años de prisión. Con el tiempo, los cruces de dinero se han vuelto más sofisticados.

La captura este año de Jhon Freddy Zapata, alias Messi, dio más detalles de cómo se esconden millonarias sumas de dinero en un negocio que pasa inadvertido: la transferencia de jugadores en el fútbol de segunda división. Con la venta de los pases de jóvenes jugadores a clubes de Argentina, Messi habría lavado millones para el Clan del Golfo, y las autoridades colombianas investigan un posible vínculo con la mafia balcánica en esas transacciones. En Europa, mientras tanto, el mismo fenómeno ha sido identificado con clubes de Rumania, Bosnia, Croacia y Serbia. En una ocasión, incluso, Messi recibió un gran contenedor de licor de los Balcanes, al parecer, como pago.

Por otra parte, en Montenegro se empieza a escarbar más sobre la pista de que ciudadanos colombianos estarían siendo contratados como asesinos para ajustar cuentas entre organizaciones criminales. En agosto de este año, por ejemplo, fueron capturados dos hombres provenientes de Colombia, junto a un montenegrino, a quienes las autoridades acusaron de planear un homicidio. Al parecer, les iban a pagar 25.000 euros a cada uno por el crimen y los iban a sacar del país tan pronto su víctima estuviera muerta. Hoy se investiga si es un fenómeno creciente, pues hasta hace poco las mafias de los Balcanes contrataban a sus propios connacionales.

Las autoridades colombianas trabajan de la mano con la agencia de la Unión Europea Europol para desarticular estas redes, pues las cifras de droga incautada solo crecen. Si bien no hay una sola cabeza visible, porque las estructuras criminales en los Balcanes están atomizadas, los mayores capos estarían en los Emiratos Árabes, según varias fuentes. Por eso la prioridad de las autoridades es capturar a los capos que siguen en Europa. En Colombia, todos los esfuerzos están puestos en desmantelar al principal socio de las mafias de los Balcanes: el Clan del Golfo, cuyo máximo líder, Otoniel, fue capturado el pasado 23 de octubre tras seis años de una intensa persecución.

Lea mañana la tercera y última entrega de esta investigación sobre las mafias colombianas y de los Balcanes.

* Aleksandra Bogdani, Diana Durán, Felipe Morales Sierra, Ivana Jeremic, José David Escobar Moreno and Marko Vešovi.

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