19 Apr 2017 - 3:50 a. m.

Cali, la capital de los falsificadores de billetes

Según cifras de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín), tan sólo esta ciudad representa el 40 % de la falsificación de moneda nacional y extranjera, principalmente dólares y euros. La siguen Medellín y Bogotá.

Redacción Judicial

En Colombia, falsificar moneda se convirtió en un negocio familiar, y Cali, de todas las ciudades del país, se volvió su epicentro. Así lo evidencia un análisis reciente de la Dijín (Dirección de Investigación Criminal e Interpol de la Policía), organismo que ha liderado las investigaciones sobre este tema desde que, en 1997, se creó un grupo especializado para desmantelar bandas especialistas en elaborar y traficar moneda falsa. Un asunto, además, que para el Servicio Secreto de los Estados Unidos es de absoluta prioridad.

Los números explican por qué esta agencia de seguridad estadounidense —la misma que protege al presidente de ese país— considera que la falsificación de moneda es un problema mayúsculo. En los últimos 14 años, en el país se han incautado billetes adulterados cuyo valor la Dijín ha estimado en unos $370.898 millones, una cantidad apenas menor a todo el presupuesto de la Agencia Nacional de Hidrocarburos el año pasado. De ese dinero, el 75 % correspondía a dólares falsos, el 18 % a pesos y el resto a euros. Las monedas falsas, advierten los expertos en esta materia, desequilibran cualquier economía.

Los números explican también por qué Cali es considerada la capital de los falsificadores de moneda. De 2003 a hoy, en esa ciudad se llevaron a cabo 65 operativos para desmantelar centros de falsificación, mientras que en Medellín, en ese mismo período, se realizaron 32 operaciones y en Bogotá 31. La última fue el pasado 4 de marzo, justamente en Cali, cuando 11 lugares fueron allanados y 10 personas fueron arrestadas tras una investigación de 15 meses —en promedio, estas indagaciones duran entre 12 y 18 meses—. Fue la primera incautación de billetes de $5.000, $20.000 y $50.000 similares a los que puso a circular el Banco de la República en diciembre del año pasado.

“Cali fue la que comenzó con la producción de moneda falsa hacia los años 70”, le contó a este diario un oficial investigador de la Dijín, cuyo nombre se omite por su seguridad a la hora de hacer operaciones en terreno. “Antes, la especialidad en Cali eran específicamente los dólares. Hoy están también Bogotá y Medellín, pero, por historia, Cali es donde más se ha cometido este delito. A esa ciudad llegaron alemanes con conocimientos en artes gráficas. La gente se empezó a dedicar a la litografía y luego, con base en esos conocimientos, a falsificar. Incluso, hasta hace unos años, sus dólares falsos eran catalogados los mejores del mundo. Ahora son los de Perú”.

El oficial hace también una advertencia a quienes, dice, todavía son demasiado ingenuos: “Hay bandas que se dedican a ir a bancos y a las personas que van a consignar dinero les ofrecen hacer la fila por ellos. Ahí les cambian su dinero por moneda falsa. Todavía hay gente que acepta eso. Es increíble pero es verdad, y eso que en los bancos hay letreros en los que se pide que sólo se les entregue dinero a los funcionarios de la entidad. A veces también les hacen caer la plata al suelo y en un segundito se la cambian, lo llaman el paquete chileno. Estas cosas continúan pasando. La gente tiene que estar muy alerta”.

Según la Dijín, la falsificación de moneda en Cali ya no tiene relación con el narcotráfico. Al principio, hace más de 40 años, los narcotraficantes usaban billetes falsos para comprar alcaloides en Bolivia y Perú, en una época en que Colombia procesaba la coca pero no la cultivaba. Pero el negocio evolucionó y se volvió sobre todo familiar, conformado generalmente por un líder, un financiador que pone los recursos para que el “proyecto” arranque, un diseñador que sabe de artes gráficas y un traficante que distribuye el dinero falso, casi siempre por correo certificado. Antes, las imprentas clandestinas solían estar en las casas de las familias que se volvieron bandas. Ahora lo más común es que alquilen habitaciones.

Este negocio, que se mueve en el mercado negro o a través de tiendas, discotecas y puertos, puede dejar ganancias de hasta $20 millones al mes. Por eso, ante la evidente tentación a la que han sucumbido cuando menos 591 personas en los últimos 14 años —esa es la cifra de los detenidos—, la Policía y la Fiscalía han optado por una estrategia: imputarles cargos a los investigados no sólo por tráfico de moneda falsificada, sino también por concierto para delinquir. El primero conlleva penas de seis a diez años de prisión; el segundo, de cuatro a nueve años.

Este es un tema que la Dijín lleva años estudiando. Un análisis de la oficial Juliette Kure, quien fue jefa del área investigativa de delitos contra el patrimonio económico de la Dijín en el primer período del presidente Álvaro Uribe, señaló que el dinero falsificado altera la economía del país al cual pertenece la moneda, porque el Estado no tiene cómo respaldar esos billetes, y que entre los factores que han contribuido al aumento de estas adulteraciones está el hecho de que “el público, en general, desconoce las características de seguridad de la moneda, lo que permite su fácil circulación”.

Ahora que el Banco de la República acaba de cambiar los billetes y que se agregó la denominación de $100.000, la Dijín hace algunas recomendaciones para evitar que la gente termine con plata chiviada en sus manos. Por ejemplo, al poner el dinero bajo luz ultravioleta, en los billetes verdaderos se pueden ver unas fibrillas de seguridad, diminutas rayitas de colores a lo largo del papel. En los billetes falsificados, esas fibrillas suelen ser de un solo color. “El sector comercio es en el que más se mueve el dinero falso. Ahí es donde hay que tener más cuidado”, concluye el investigador de la Dijín.

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