Las madres indígenas del Cauca esperan el retorno de sus hijos desaparecidos en la guerra para sembrarlos junto a sus cordones umbilicales en la tierra que los vio nacer. Llevan años clamando para que regresen de esa guerra que se los arrebató. Y luego de un trabajo con sus sabedores y científicos de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), la espera, para diez de estas mujeres, estaría por terminar. Tras una misión que tardó casi dos años, y cuyo hallazgo es el primero en dar pistas de miembros del Movimiento Armado Quintín Lame, fueron encontrados 10 hombres en una fosa común en Gualoto (Cauca). Todos llevaban más de 37 años desaparecidos.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Esta búsqueda y hallazgo sin antecedentes en la abrumadora historia de los desaparecidos en Colombia, marca un momento clave para las comunidades indígenas del Cauca y para la propia UBPD. Para entender su importancia, El Espectador habló con quienes participaron de esta misión histórica en la tarea por encontrar a miembros de la primera guerrilla indígena de América Latina. Tras recibir una solicitud en 2024, la Unidad de inició una investigación a través de un trabajo de memoria colectiva con la Fundación Sol y Tierra, integrada por miembros del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y excombatientes del Quintín Lame que se agruparon tras su entrega de armas en 1989.
Una de sus tareas era buscar a sus compañeros desaparecidos en los combates, y aunque durante los ejercicios de memoria solo recordaron de dónde eran sus compañeros como Puracé y Caldono, o su pertenencia étnica como indígenas Coconuco, Pijao o Nasa, finalmente lograron identificar tres sitios de interés forense. Uno de ellos en la veredad Gualoto, en el municipio de Rosas, a 40 kilómetros de la capital del Cauca. “Hicimos visitas conjuntas al cementerio. La gente adulta recordaba las fechas y los lugares donde enterraron los cuerpos. Triangulamos los datos de la fundación, con la de presidentes de juntas de acción comunal, líderes y aportantes de información”, explicó a El Espectador, Óscar Montero, coordinador del equipo de la Unidad de Búsqueda en el Cauca.
Y agregó: “ Así confirmamos el punto exacto de la fosa con diez personas”. Él mismo reconoce que ha sido una tarea titánica lograr la identificación de todos. “Empezamos a buscar por esas regionales para identificarlos. Pero por ahora, de los diez cuerpos recuperados, solo sabemos el nombre de dos”, agregó Montero. Con la información recabada en los grupos de memoria colectiva, se estima que en total hay 25 excombatientes del Quintín Lame que podrían estar desaparecidos. “Muchos perdieron la vida en combates, pero no se podían rescatar ni preguntar por ellos porque las personas eran judicializadas inmediatamente. Si uno investigaba, decían que uno también era parte de la insurgencia”, narró el mayor indígena Aparicio Ríos a este diario.
Óscar Montero, forense de profesión, añadió que ha sido también un proceso complejo por la cantidad de tiempo que ha transcurrido desde 1989. “Hoy, muchos de los papás y mamás de las víctimas son adultos muy mayores. En esa época no contábamos con las técnicas de búsqueda ni herramientas tecnológicas actuales para llegar a territorios alejados como los resguardos indígenas. Además, estaban todavía en un proceso de desmovilización. Había miedo, estigmatización y el conflicto seguía vigente”, dijo. “Fue complicado hacer esa búsqueda. La gente nos contó que uno de esos combates duró desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde. Cuando pasó todo, el Ejército llevó a comuneros para hacer una fosa grande donde echaron los cuerpos amontonados. Fueron tirando uno tras otro”, narró Ríos.
El Movimiento Armado Quintín Lame estuvo activo principalmente en Cauca entre la década de los 80 y principios de los 90. Aunque en 1991 se firmó un Acuerdo de Paz y el proceso contribuyó a la inclusión de los derechos de los pueblos indígenas en la Constitución Política, solo hasta después de 2016, con la creación de la UBPD, empezó la búsqueda de sus miembros. Para ellos fue mucho más complejo entender la desaparición. “Para el pueblo nasa, es muy duro sentir la energía de alguien que no está y no saber dónde quedó. El cuerpo debe quedar sembrado en su territorio para que su espíritu sea regocijado por su comunidad y familia. Buscamos que el cuerpo vuelva a donde se ‘sembró el ombligo’ al nacer, que es la conexión entre el ser humano y la tierra. Buscamos armonía y equilibrio”, añadió el mayor.
De ahí que la Unidad decidiera incluir en sus procesos de búsqueda la cosmovisión de los pueblos indígenas. En cada jornada de trabajo, se realizaron aperturas espirituales y armonizaciones que constituyen rituales para que los cuerpos de los excombatientes “se dejaran encontrar”, explicó Ríos, a través del sueño, la memoria o el caminar. Montero recuerda que siempre que iban al territorio debían hacer ofrendas y cuando había lluvia, se hacían rezos para que escampara. También había rituales para la fuerza espiritual y la fuerza física del equipo que incluían armonizaciones de dolores y angustias. “Todo lo que pueda sumar a buscar a las personas desaparecidas es bienvenido”, apuntó.
El mayor Aparicio Ríos explicó que siempre caminaron acompañados de sabedores ancestrales que tienen lo que llaman el “sentir: señales en sus cuerpos sobre situaciones positivas o negativas. “Se hace un refrescamiento de acuerdo con el caminar del sol y de la luna. Dependiendo de la fase lunar se hace el ritual para fortalecer a las personas. No se hace en cualquier momento; ellos definen el momento, la hora y el sitio de acuerdo al día que desapareció la víctima. Como la fosa era de 1989, hicieron rituales de acuerdo con las energías requeridas y también un ritual de cierre para calmar las energías que pudieron quedar en el limbo”, narró el mayor indígena.
Los rituales y las técnicas de búsqueda se fusionaron para encontrar finalmente la fosa común en un cementerio de la vereda Gualoto, en Rosas (Cauca). Óscar Montero, de la UBPD, explicó a este diario que fue un proceso muy complejo debido a la profundidad del hallazgo y la disposición de los cuerpos. “Estaban todos juntos y mezclados en una sola fosa, no individualizados en filas. El equipo forense tuvo que ser muy minucioso para individualizar y embalar cada estructura ósea sin confundirlas, lo cual tomó varios días de estrategia tras despejar la zona. Esto permitió determinar que eran 10 cuerpos, coincidiendo con nuestra investigación”, explicó.
Los cuerpos recuperados fueron entregados a Medicina Legal para su identificación. Sin embargo, según detalló Montero, las estructuras óseas están en un avanzado deterioro por la falta de un contenedor y el paso del tiempo, lo que implica un reto mayor para su identificación. En estas condiciones, resaltó el director de la UBPD en Cauca, lo fundamental es encontrar a las familias para obtener muestras biológicas y realizar los cotejos. En ese contexto, la Unidad de Búsqueda extendió un llamado urgente para encontrar a familias indígenas de los pueblos embera chamí, nasa, pijao y kokonuko que tengan un ser querido desaparecido.
“Esto es muy importante porque en asuntos de pueblos étnicos, tanto afrocolombianos, raizales, palenqueros, romaníes e indígenas en el país, no solamente se buscan los cuerpos de las personas desaparecidas, sino que también se hace saneamiento y armonización del territorio. Se sana la madre tierra y eso es muy fundamental porque se sana el territorio que también fue desarmonizado por situaciones mismas del conflicto armado”, añadió Montero. Si tiene información de un ser querido desaparecido en el departamento de Cauca puede comunicarse a la línea telefónica 3176480617, escribir al correo electrónico spopayancorrespondencia@unidadbusqueda.gov.co o dirigirse a la calle 9 Norte # 7 – 65 en la ciudad de Popayán.
Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.