Publicidad

'Contigo yo corro peligro'

La Fiscalía General confirmó que no se hará ningún preacuerdo con el homicida de Viviam Urrego, como inicialmente lo quiso hacer la fiscal del caso.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Diana Carolina Durán Núñez
02 de junio de 2012 - 09:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El último día que Rosa Elvira Cely estuvo con vida, el pasado 23 de mayo, otra familia en Bogotá seguía sufriendo también los estragos de la violencia de género. Eran los esposos Urrego y la única hija que les queda, María Angélica, quienes habían sido citados por la fiscal 23 de la Unidad de Vida para escuchar atónitos que el homicida de su hija mayor —asesinada en la plazoleta de comidas del centro comercial Gran Estación— y la Fiscalía habían negociado un preacuerdo, que implicaba el 47% de rebaja de la pena que Ceballos recibirá por el delito de homicidio agravado.

Los Urrego, como pocos, conocen de la pena que hoy embarga a la familia Cely. Viviam Urrego, 32 años, fue también agredida con sevicia por un hombre que ella conocía, y muy bien: su propio esposo. El 31 de marzo pasado, ante la mirada de decenas de espectadores, incluidos los padres de ella, la madre y el primer hijo de él y la hija de ambos, Giovanny Ceballos atacó a Viviam con su navaja y le propinó más de 20 puñaladas. Ella se había casado con él en 2008 y desde entonces vivían en Costa Rica, pero lo había abandonado tras repetidos abusos. Ella quería divorciarse; él no se lo permitió.

El Espectador conoció algunos intercambios de mensajes entre Viviam y su esposo que ella guardaba en su correo electrónico y que su hermana pudo recuperar para entregárselos a la Fiscalía como evidencia de los maltratos físicos y psicológicos del hombre. Viviam había dejado a Ceballos en febrero 27 de este año convencida de que, en sus propias palabras, debía darle a su hija una madre fuerte. “Tengo que recuperar a la arquitecta que era yo (...) no puedo mostrarle a mi hija una mujer destrozada e infeliz”, le dijo a su marido tres semanas antes de su asesinato.

Antes de que fueran padres, Viviam y Giovanny Ceballos vivieron en México, donde se presentó el primer episodio sórdido: él intentó estrangularla. “Intentaste matarme”, le reclamó Viviam en un mensaje. “No, no intenté matarte, Vivi —le respondió Ceballos—. Los ánimos entre los dos se subieron mucho, tú dijiste e hiciste cosas y yo también reaccioné”. “Yo no podía respirar, me corriste dos vértebras, ahora me duele la cabeza y se me adormecen las manos y las piernas”, continuó Viviam. “¿Y qué puedo hacer? Tú igual ya no eres la misma conmigo...”, remató él.

“Haces bastante aceptando que también tuviste la culpa”, le decía Giovanny Ceballos a su esposa. En una ocasión, incluso, la golpeó para luego obligarla a ella a pedirle perdón. “Siempre te digo que no me molestes y preciso es cuando más empiezas a hacerlo. Vivi, hay una cosa que se llama paciencia y yo tengo bastante, pero no siempre me aguanto”, le dijo él un día. A lo que ella replicó: “Tu amor no ha superado dos meses. Ese es el lapso que más me has demostrado que me amas, de resto me pegas (...) Yo no puedo vivir contigo porque corro peligro”.

Ceballos, eso bien lo sabía la familia Urrego, había sido agredido junto con sus dos hermanos por su padre. “Tiendes a ser así como tu hermano, sin paciencia, con frases fuertes. ¿Por qué me golpeas en las manos? ¿Por qué me pegas puntapiés?”, se lamentaba Viviam. “Cinco días antes del nacimiento de Sofía él le pegó con una mesa en la barriguita. Mi mamá y mi abuela viajaron a Costa Rica para ayudarla con la bebé cuando nació. Mi abuela casi se muere de un infarto cuando ese señor mató a mi hermana”, expresó María Angélica Urrego.

La última vez que Giovanny Ceballos tuvo chance de ponerle una mano encima a su esposa fue el pasado 7 de enero. La encerró en el carro y la mujer recibió una lluvia de puños. En menos de dos meses, engañando a su esposo, Viviam ya tenía el pasaporte y permiso de salida de su hija y se escapó de su tormentoso hogar hacia Colombia. “Recién llegada ella me dijo que le daba mucho miedo porque Giovanny era muy vengativo, que él no soportaba que lo humillaran. Y que siempre andaba con una navaja multiusos. Precisamente la navaja con que la mató”, le contó a este diario María Angélica Urrego.

Giovanny Ceballos y Viviam Urrego intercambiaron mensajes por última vez el 8 de marzo, justo antes de que él se viniera a Colombia a buscarla. No le perdonaba haberlo dejado: “Esto que me hiciste es imperdonable, casi que peor que todo lo que ha pasado entre tú y yo, pero yo te aseguro que miraré hacia delante y no hacia atrás con tal de no recriminarte este suceso tan feo y bochornoso”. Insistía en que sólo a su lado lograría volverse un mejor hombre: “Enséñame y ayúdame a darte una mejor vida”.

Pero la agresividad de Ceballos seguía intacta hasta en sus súplicas. Igual que sus ganas de culparla. “No pretendas ser la sumisa y yo el dictador (...) Yo también te acepté como sabía que eras, porque tampoco fue de toda una vida de habernos conocido, yo también me arriesgué (...) Quiero dar el todo por ti y por mi Sofi, pero necesito de ti también (...) te amo de verdad, sin rencores ni nada”. No obstante Viviam, conociéndolo tanto, sólo le dijo: “No sé por qué razón me escribes tanto para que vuelvas conmigo, si es para darme una última golpiza de la cual ya no pueda levantarme”.

Su frase premonitoria se encontró con la realidad el pasado 31 de marzo. Ceballos la atacó luego de su último intento de convencerla de que estuvieran juntos de nuevo, ofreciéndole un anillo de compromiso para que se casaran por la Iglesia. Lo hizo frente a la pequeña Sofía, de quien él mismo decía: “El día de mañana ella será nuestra juez y verdugo”. Ceballos fue capturado de inmediato y llevado a los juzgados de Paloquemao, en donde le imputaron el cargo de homicidio agravado, que no aceptó. Por ese delito podría ser condenado entre 30 y 50 años de prisión.

La sorpresa, sin embargo, llegó esta semana por cuenta del preacuerdo que la fiscal del caso pactó con Ceballos, hoy recluido en la cárcel Modelo de Bogotá, para disminuir un 47% de la pena. El miércoles pasado la fiscal les dijo a los familiares de Viviam Urrego que el preacuerdo se legalizaría ante juez en 20 días, pero este diario conoció que el preacuerdo se legalizó al día siguiente. El Espectador se comunicó con el despacho del fiscal general, Eduardo Montealegre, quien, de salida a París, le delegó al vicefiscal Jorge Perdomo el asunto. Luego de reunirse con la fiscal del caso el pasado viernes al terminar la tarde, Perdomo le confirmó a este diario que el preacuerdo ya no va.

“La fiscal ha hecho una interpretación jurídica que nosotros, aún respetando su autonomía, no compartimos. Nos vamos a poner al frente del expediente a ver qué se puede hacer de acuerdo con el estado procesal en que esté. No se va a negociar nada, el caso va a ir a juicio. Yo me voy a apersonar de este proceso”, aseveró Perdomo. Así las cosas, lo máximo que podrá conseguir Ceballos por aceptar cargos es que su pena se vea reducida en un 25%, como indica la ley. “Ni una más”, es la consigna de la marcha de hoy. La misma que repetirán a todo pulmón aquellos que tanto quisieron a víctimas como Viviam, Rosa Elvira y tantas otras. 

Por Diana Carolina Durán Núñez

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.