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Crimen de Cristian Herrera: capturan a presuntos asesinos del periodista en Cúcuta

De acuerdo con las autoridades, dos hombres y una mujer que estaría involucrados en el crimen fueron capturados. Esto es lo que se sabe.

Redacción Judicial

09 de junio de 2026 - 05:59 p. m.
Cristian Herrera tenía 48 años y durante más de 23 trabajó en el diario regional La Opinión, de Cúcuta.
Foto: Noticias Cúcuta 75
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En la tarde de este martes 9 de junio fueron capturados dos hombres y una mujer que estarían involucrados en el crimen del periodista Cristian Herrera, asesinado el pasado 6 de junio en la capital de Norte de Santander. De acuerdo con las autoridades, uno de ellos sería el sicario y los otros dos estarían encargados del transporte.

En las próximas horas, una fiscal de la seccional Norte de Santander las presentará ante un juez penal de control de garantías y les imputará los delitos de homicidio agravado; y fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego partes, accesorios y municiones.

Lo que se sabe hasta el momento es que el pasado 6 de junio Herrera estaba en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, visitando a unos familiares, cuando fue abordado por sicarios que le dispararon en varias oportunidades. Aunque de inmediato fue llevado a un centro asistencial cercano, falleció en el trayecto por la gravedad de sus heridas.

¿Quién era Cristina Herrera?

Cristian Herrera se dedicó al periodismo judicial y al final de sus días trabajó en el equipo de comunicaciones de la Secretaría de Hacienda de Norte de Santander. Además, hacía parte de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).

Su carrera la inicio estudiando Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) y cuando estaba en noveno semestre, poco antes de recibir el diploma, se retiró para llevar a la práctica real lo que había aprendido en las aulas. A inicios de los 2000 entró al diario La Opinión, el mismo medio en el que trabajó su papá, y poco después recibió las primeras amenazas.

En 2004, iniciaron las amenazas en contra del periodista. Por ejemplo, Cristian Herrera estaba con un fotógrafo de La Opinión durante un operativo contra un supuesto narcotraficante. Los uniformados lo agredieron y uno de los integrantes de la Dijín de la Policía, como recordó el propio reportero en una entrevista, le hizo una advertencia contundente: “Hijueputa, si llega a sacar alguna foto, los pelamos”.

También, los paramilitares llegaron hasta la sede del diario en el que trabajaba para decirle que se fuera del país. “Me dijeron: ‘Le pedimos encarecidamente que se vaya porque a usted lo van a matar y nos van a echar la culpa a nosotros’”, recordó en una conversación con este diario en 2017.

Herrera tuvo que salir del país junto a su esposa y exiliarse en Chile durante casi un año. Regresó a Colombia en agosto de 2005 porque su padre estaba gravemente enfermo y extrañaba hacer periodismo. En noviembre de ese año se reintegró al equipo de periodistas de La Opinión, donde narró las movidas de los poderosos en su región.

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Aunque durante algunos años pudo hacer periodismo sin ser blanco de amenazas, en 2014 recibió un panfleto firmado por Los Rastrojos, en el que lo declaraban objetivo militar por publicar información relacionada con los golpes de las autoridades a esa estructura ilegal, ligada en su momento al cartel del Norte del Valle.

En octubre de ese mismo año, recibió amenazas por publicar una entrevista con algunos jefes guerrilleros del frente Carlos Germán Velasco Villamizar, una estructura urbana del Ejército de Liberación Nacional (Eln). Denunció la situación y recibió protección por parte del Estado. Sin embargo, en enero de 2017 cuando iba a cubrir una noticia en el carro asignado por la Unidad Nacional de Protección (UNP) junto a su compañero Andrés González. En el trayecto, dos motocicletas les cerraron el camino. El vehículo retrocedió y, a menos de un kilómetro de un CAI de la Policía, seis motocicletas los rodearon y golpearon el vehículo y rompieron el vidrio trasero del carro con una ráfaga de disparos.

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Tras ese ataque, la UNP le reforzó sus medidas de seguridad con un vehículo blindado, dos escoltas, un chaleco antibalas y un celular que tuvo asignados hasta el mediodía del 6 de junio de 2026, cuando un sicario le disparó en nueve oportunidades en la cabeza y en la espalda mientras llegaba a almorzar en la casa de su suegra, en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta.

Ya no trabajaba en La Opinión. El 2 de octubre de 2024 renunció al periódico en el que laboró durante cerca de 23 años para dedicarse a los medios digitales. “Seguiré adelante en el periodismo y haciendo lo que más me gusta: investigar. Y ahora, si nadie me frena, vendrán cosas bellas”, escribió ese día en su cuenta de X.

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Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

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