Usted ha sido calificado como “el periodista más amenazado de Colombia” pero sigue residiendo en Cúcuta, una de las ciudades más violentas del país ¿Es cierto, según asegura la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), que usted recibió 8 advertencias de que lo iban a matar en 2024 y 10 más, en 2025?
Sí. En total, han sido más de 30 amenazas que he reportado a las autoridades. Mi familia y yo, hemos sufrido perfilamientos y seguimientos; ha habido presencia de hombres sospechosos cerca de la casa de mis padres y han ido a la residencia de la mamá de mis hijas a preguntar por mí. He recibido panfletos, llamadas y hasta videollamadas. Jefes de diferentes bandas criminales se han comunicado desde las cárceles para intimidarme y para reclamarme por informaciones que hemos publicado.
En consecuencia, ¿ha tenido que salir de la ciudad, al menos temporalmente?
Sí. He tenido que alejarme para salvaguardar mi vida, en tres ocasiones. He ido a Bogotá y me he reunido con los miembros de la FLIP; y he reportado mi situación de riesgo en la Presidencia, la fiscalía, la Defensoría y otras entidades. He pedido que me incrementen el esquema de seguridad que me habían dado porque solo contaba con un escolta a pie. La última amenaza directa que recibí, en noviembre pasado, provino del líder de una banda que me dijo que si seguía informando sobre él, me iba a dejar sin familia porque estaba “mamado” de que yo le echara la culpa de todo lo que pasaba en Cúcuta. Le contesté que la mayoría de las noticias que damos, provienen de las autoridades, o sea, que no son originadas por nosotros.
Entiendo que no pueda darme la identidad del hombre que lo llamó. Pero, ¿él lo conoce a usted?
Aquí todo el mundo sabe quién es quién. Él fue señalado, en principio, por los órganos de investigación, como sospechoso de ser el autor del homicidio de Cristian (Herrera, periodista asesinado el sábado pasado, 6 de junio, en una calle de Cúcuta). Pero ese señor se comunicó, esta semana, con varios reporteros, y aseguró que no tenía ninguna relación con el crimen y que las autoridades estaban desviando las investigaciones. También afirmó que no había ordenado que me hicieran unos seguimientos que he padecido, últimamente. En Cúcuta, las amenazas para mí y para otros periodistas que tratamos temas judiciales y de orden público, han sido constantes. Incluso, al propio Cristian (Q.E.P.D.) le habían advertido que no anduviera tanto conmigo.
¿Cómo es eso? ¿Qué le dijeron, exactamente a Cristian?
Se acercaron a Cristian y le aseguraron que iban a atentar contra mí y que era mejor que no estuviera tanto tiempo conmigo (trabajábamos en equipo y nos veíamos casi todos los días) si no quería correr el mismo riesgo.
¿Cuándo tiempo hace que ocurrió esa amenaza?
Hace unos dos años. Cristian todavía estaba en La Opinión (periódico local) cuando lo abordó una fuente (informante) que tenía y le dijo: “ese pela’o Nacho está caliente. Aléjese de él si no quiere salir salpicado”. Cristian dejó constancia, ante la FLIP y las autoridades locales, de este hecho.
Da escalofrío saber que el propio Cristian sería víctima de un atentado, tiempo después, y que perdería la vida por las balas. Recientemente, ¿ustedes habían tenido otras señales de peligro o estaban más o menos tranquilos?
Hasta marzo pasado, fecha de las votaciones para el Congreso, estuvimos muy preocupados porque sabíamos que esas elecciones iban a ser complejas en esta región. En ese momento, alertamos a las autoridades. Les informamos que al propio Cristian le habían advertido, recientemente, que iban a matar a un periodista en Cúcuta para callarnos a todos. Pensamos que los objetivos de los sicarios serían los periodistas que cubrían las noticias políticas, no nosotros. Con esa información, hicieron un consejo de seguridad y después, nos dijeron que unos uniformados de la Policía habían descartado esa amenaza. Entonces nos tranquilizamos.
Esa amenaza que usted refiere, ¿sería la misma que se ejecutó cuando mataron a Cristian?
Puede ser. Como, pese a todas las amenazas, nuestro grupo de periodistas seguía profundizando en ciertos temas, llegaron a decirnos, en las horas siguientes al homicidio, que “ustedes se buscaron lo que pasó”. Ahora hay miedo general. Varios compañeros están refugiados y las autoridades no dan garantías. El día de la velatón en memoria de Cristian, un alto funcionario me pasó, al teléfono, a una persona cuya identidad desconozco. El hombre me dijo: “Nacho, yo alerté a las autoridades que iban a matar a su compañero. Y, ahora, también estoy informando que el siguiente es usted”. Aseguró que el jueves anterior al día del atentado contra Cristian, me iban a matar, cerca del puente de la Gazapa. Yo vivo en esa zona. También señaló que no pudieron ejecutar el plan en mi contra porque yo estaba, todo el tiempo, con los escoltas. Esa historia parece concordar con los hechos porque, según la investigación, los seguimientos a Cristian comenzaron ese mismo jueves. Y lo asesinaron el sábado siguiente.
Esta semana posterior al asesinato de Cristian, ¿han recibido más amenazas o han tenido información sobre riesgos a su vida o a la de los reporteros de su grupo?
La fiscalía me citó y me informó que había una alerta por un posible atentado en mi contra. Ordenaron oficiar a la UNP para aumentar el esquema de seguridad. También les informaron a las autoridades de Cúcuta que nunca nos ha brindado apoyo a quienes estamos en verdadero riesgo. No sabemos por qué, les asigna escoltas a quienes no los necesitan mientras a nosotros, los que hemos recibido toda clase de amenazas, no nos envía ninguna fórmula de protección.
¿Hay una especie de “lista” de periodistas contra quienes van a atentar próximamente en Cúcuta?
Según he sido informado, éramos tres periodistas que estábamos “pagos”, es decir, que los determinadores ya les pagaron a los sicarios para que nos asesinaran. Esos tres blancos para ser víctimas de atentados, seríamos Cristian, un reportero al que solo mencionan como ‘el flaco’, y yo.
En las últimas conversaciones que tuvo usted con Cristian, ¿lo notó nervioso o preocupado? En el video del atentado, se le ve sin escoltas, solo con su familia y muy confiado.
Como dije, estábamos calmados porque las autoridades descartaron los riesgos y, por eso, nos relajamos. Precisamente, el día anterior al atentado nos reunimos con otros compañeros. Nos divertimos un rato y echamos cuentos. Después Cristian se paró y se fue a trabajar. El sábado pasado, el de su asesinato, se comunicó conmigo dos veces: en la primera llamada acordamos encontrarnos en la tarde. En la segunda, cuando me marcó sobre las 11:38 a.m., me dijo, emocionado, que tenía una primicia. Me contó que acababa de saber que la curul a la Cámara de Representantes que recientemente había ganado el político liberal Ariel Rodríguez, podía estar en vilo porque acababan de admitir una demanda de pérdida de investidura en su contra.
En efecto, esa información se publicó el sábado pasado, horas antes del atentado, como consta en varios medios locales de Cúcuta. Pero también ese mismo día, Cristian puso un mensaje en su cuenta de X, sobre otro cuestionado político de Norte de Santander: Wilmer Carrillo, del partido de la U, quien pasó de la Cámara al Senado en las pasadas elecciones de marzo, no obstante que fue condenado, por la Corte Suprema por el delito de ejecución de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, a 8 años en cárcel.
Sí, es cierto. El sábado, a las 12:18 del mediodía, Cristian publicó este mensaje: “#UnDato. A un recién elegido senador d Norte de Stnder que iba para Estados Unidos, le dañaron el viaje xq le cancelaron la visa y le tocó cambiar d planes. Lo peor es que la Fiscalía tendría orden de trabajo para extinción d dominio. ¡Todo por una condena! Suenan las sirenas”.
¿Podrían ese mensaje y otros similares tener alguna relación con la persecución a Cristian, según las hipótesis de la Fiscalía?
Normalmente, Cristian escribía en su cuenta de X refiriéndose a varios actores políticos de la región dándole un toque picante a sus publicaciones, por lo que las mismas autoridades han tomado esos mensajes como una de las rutas de investigación. De todos modos, son varias las hipótesis que están trabajando. Tratan de no descartar ninguna posibilidad, entre ellas, las posibles conexiones con varias investigaciones sobre extinción de dominio a diferentes personajes políticos y empresarios, aunque estos son procesos algunos de cuyos detalles han sido compartidos por la misma Fiscalía. Es decir, son públicos o semipúblicos.
¿A qué hora ocurrió el atentado?
Poco después, sobre la 1 p.m.
Se deduce que usted y Cristian eran muy amigos. Pero, esa amistad, ¿era muy estrecha?
Sí, éramos muy cercanos. Compartíamos, a diario, diferentes espacios no solo como amigos sino también como colegas en el ejercicio del periodismo. Llegamos a manejar, de manera conjunta, diversas investigaciones de carácter judicial, y como parte del equipo, trabajamos los casos que a diario se presentaban, en el departamento, en todos los temas ya fueran comunitarios, sociales, políticos, económicos; pero, principalmente, de orden público.
¿Por qué, si ustedes habían sido advertidos sobre intentos de atentar contra sus vidas, Cristian se encontraba sin sus escoltas el día que el sicario le disparó?
Siendo fin de semana él no tenía proyectado salir de su apartamento, puesto que el viernes estuvo, hasta altas horas de la noche, en un operativo de la Secretaría de Seguridad de la Alcaldía, en donde él también trabajaba como asesor de comunicaciones. Creo que por eso no solicitó el acompañamiento de su esquema de protección. Cerca del mediodía, surgió una cita familiar que lo llevó a salir en su vehículo, junto con su esposa, su hija y una amiga.
Pero, es raro, si se trataba de una salida imprevista y no planeada por él. ¿Por qué cree que el asesino sabía que Cristian llegaría allá?
No era extraño que él fuera a la casa de su suegra. Iba con mucha frecuencia. Pero, además, recuerde que las autoridades ya establecieron que lo estaban siguiendo desde el jueves anterior.
Regresando a una afirmación que usted hizo al comienzo, ¿por qué ustedes consideraban riesgosa la época de elecciones del Congreso?
Porque hay intereses cruzados y los había en esas elecciones. La política está permeada en Norte de Santander.
¿Hay intereses en común o relaciones entre bandas y sectores políticos en Cúcuta y Norte de Santander y este tema es parte de los que no pueden tratarse en medios ni por los periodistas o los matan?
No quisiera contestar esa pregunta tan directa. En los círculos periodísticos se sabe que hay temas que no deben “tocarse” aun cuando, repito, todos sabemos lo que está pasando.
¿Quiénes son los enemigos de los periodistas en Cúcuta? ¿Es cierto que, además de que existen bandas criminales con dominio sectorial de la ciudad, los sucesivos alcaldes y gobernadores no pueden o quieren enfrentarlos?
Los enemigos de los periodistas, al igual que en el resto del país, son todos aquellos que no quieren ser mencionados por acciones o situaciones ilegales en los que estarían vinculados. En Cúcuta hay más de 25 bandas delincuenciales que se disputan el control del microtráfico. En muchas ocasiones, algunos funcionarios con autoridad local se han visto inmersas en estos negocios ilegales, lo que les ha dado estatus de protección a esos grupos que, poco a poco, han convertido la ciudad en una de las más peligrosas del país.
¿Puede pensarse que hay alianzas criminales, insisto, entre las bandas y las autoridades? Si es así, las amenazas contra ustedes, se originarían en esos círculos compuestos por funcionarios del Estado y delincuentes…
No se puede asegurar de manera tan tajante una frase como esa pero hay situaciones inocultables que la fiscalía y otros organismos oficiales podrían descubrir y combatir.
¿La narcopolítica ha revivido en Norte de Santander y Cúcuta o nunca ha dejado de existir?
Nunca ha dejado de existir. Lo único que ha cambiado, es que se mantiene con un perfil más bajo. El departamento sigue siendo uno de los más golpeados por la violencia, el narcotráfico y otros delitos. Y, en ese ambiente contaminado, también los círculos políticos han sido permeados. No es algo nuevo: es lo que se vive en las regiones.
El presunto sicario capturado, ¿ha dado información sobre los determinadores u ordenadores del asesinato de Cristian?
Solo se sabe que el supuesto sicario manifestó que le pagaron $30 millones para ejecutar a Cristian. Esperamos que la investigación descubra pronto a los culpables para llevarle un poco de consuelo a la familia de nuestro amigo, y a nosotros mismos. Por otro lado, es importante aclarar que después del homicidio de Cristian, se han presentado muchas alertas falsas de personajes que, alegando ser periodistas y aprovechando la situación, están exigiendo protección de la UNP sin motivos válidos. Solo logran frenar o entorpecer las labores de investigación para garantizar la seguridad de quienes sí estamos en riesgo.
¿Cuáles similitudes y diferencias hay entre los dos crímenes, el homicidio de Jaime y el asesinato de Cristian?
La principal similitud estaría relacionada con los presuntos tintes políticos que han rodeado los crímenes, además del trabajo de seguimiento desarrollado por los perpetradores, ya que identificaron los momentos en que ambas víctimas se encontraban vulnerables y sin su esquema de protección. En cuanto a las diferencias, estaría la labor que venían desarrollando en medio de su trabajo, Jaime Vásquez como veedor y Cristian como periodista enfocado en la investigación; el primero con mayor presencia en redes sociales haciendo mención directa a sectores y personajes políticos de la región; mientras, el segundo, siendo periodista, era más reservado y cuidadoso en cuanto al manejo de su información.
En este momento, ¿cómo vive usted con semejante expectativa amenazante en su contra?
Vivo con mucha zozobra. Pero no me voy porque estaría dejando mi ciudad, mi familia y el trabajo por el que he luchado durante tantos años. Tratamos de cuidarnos sin llegar al extremo de otros compañeros que, como forma de seguridad personal, evitan tocar ciertos temas. Después del asesinato de Jaime Vásquez, y a partir del día siguiente, aquí hubo una decisión general de autocensura. Imagine lo que pasará ahora, después del crimen contra Cristian. Esta es una ciudad silenciada por el miedo: aquí lo callan a usted con plata o con plomo. Pero esta es mi ciudad natal.
Dos periodistas asesinados en dos años
En abril del 2024, otro periodista y veedor ciudadano, Jaime Vásquez, fue asesinado, en una cafetería de Cúcuta. De acuerdo con las circunstancias en que ocurrieron los crímenes en contra de Cristian y de Jaime, ¿los determinadores podrían tener conexiones?
Es un trabajo que están desarrollando las autoridades. Hasta el momento, no han determinado quién es el autor intelectual del homicidio de Jaime Vásquez, menos aún, los de Cristian, por lo que no se podría establecer si se trata de los mismos grupos. Lo único que podría relacionar ambos hechos es la cercanía con denuncias sobre temas políticos que, al parecer, estarían detrás de los dos casos. Hasta cuando no se avance en las investigaciones, sería irresponsable hacer cualquier tipo de afirmación.
¿Quién era Jaime Vásquez en Cúcuta? ¿Por qué, él también se convirtió en blanco de los sicarios como sucedió con el periodista Cristian Herrera?
Jaime Vásquez era un abogado y veedor de derechos humanos muy crítico con los políticos del departamento. Se atrevía a cantarles las verdades e, incluso, en varios videos grabados por él, aseguraba que, si habían dado orden de matarlo, no se iba a esconder. Desafiaba a todos.