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Curiosidades de un ascenso

Coronel fue seleccionado para curso de general, pese a tener “anotaciones” y un concepto negativo de  contrainteligencia.

El Espectador

23 de noviembre de 2008 - 04:30 p. m.
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Hace una semana la rendición de cuentas sobre Derechos Humanos del Ministerio de Defensa era uno de los temas más relevantes en la agenda de seguridad. Después del escándalo, que significó el retiro de 27 oficiales y suboficiales del Ejército —incluido el general Mario Montoya Uribe—, por supuestas violaciones a los derechos humanos, el asunto no podía ser tratado con menor importancia. Por eso el pasado 17 de noviembre, el general Freddy Padilla de León, comandante de las Fuerzas Militares, apareció públicamente para divulgar las 15 medidas que determinó el Ministerio de Defensa para contrarrestar el fantasma de los falsos positivos.

A partir de la fecha, todos los oficiales que aspiren a ascender al grado de coronel o general deberán recibir una certificación en materia de Derechos Humanos “que tendrá como base la presentación del polígrafo”, así como “la revisión minuciosa de la hoja de vida”. Y aunque la disposición fue recibida con beneplácito por las organizaciones defensoras de los DD.HH. y la comunidad internacional, en las filas castrenses fue recibida como un baldado de agua fría. No existía en las Fuerzas Armadas un antecedente similar como requisito para acceder a un ascenso.

Sin embargo, a pesar de la rigurosidad a la que se comprometió el general Padilla de León para escoger a los próximos mandos militares de la Nación, el proceso ya comenzó a mostrar sus primeras particularidades. El Espectador conoció el caso de un coronel de Infantería de Marina que fue seleccionado, junto con otros tres oficiales de un curso de 16 aspirantes, para participar en la carrera por el generalato. Lo curioso es que tuvo un resultado deficiente en la tan anunciada prueba del polígrafo de Padilla de León y la dirección de contrainteligencia de la Armada dio un concepto adverso para que ascendiera a general de la República.

Se trata del coronel de Infantería de Marina Héctor Julio Pachón Cañón, ex subdirector de la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla, quien sacó un puntaje del 66% de confiabilidad en la prueba del polígrafo, un porcentaje que podría considerarse demasiado bajo para un oficial que aspira a un cargo de tan alto prestigio. Según un reporte del director de contrainteligencia de la Armada, capitán de fragata Mauricio Campo Orozco, Pachón presenta “anotaciones” de posibles vínculos con organizaciones ilegales y, según su concepto, fechado el pasado 27 de octubre, “no reúne los requisitos para adelantar curso de estado mayor”.

Aunque esas anotaciones de contrainteligencia no constituyen una prueba en un proceso judicial, lo cierto es que la decisión de llamar a curso a Pachón por encima de otros oficiales sin anotaciones y con un mejor resultado en el polígrafo ha sido la comidilla en la institución en los últimos días. Por ejemplo, El Espectador conoció el concepto que rindió el capitán Mauricio Orozco, también fechado el 27 de octubre, en el caso del coronel Benjamín Herrera Niño, quien estuvo al frente de la Infantería de Marina en la Fuerza Tarea Omega.


Según el dictamen, no sólo no presenta indicio alguno de vínculos con organizaciones al margen de la ley, sino que además “las referencias de comprobación de lealtad adoptada por esta dirección dan como resultado un 83% de confiabilidad, como lo muestran las gráficas de la prueba de poligrafía”, se lee en el informe obtenido por este diario, que concluye que el coronel Benjamín Herrera Niño sí reúne los requisitos para llegar al generalato (ver facsímiles). No obstante, no fue llamado a curso. Héctor Pachón Cañón, sin embargo, sí contó con el apoyo de la junta de almirantes, que se reunió a puerta cerrada el pasado 7 de noviembre para elegir a cuatro de sus eventuales sucesores. Una decisión que causó roncha.

El Espectador consultó al comandante de la Armada Nacional, almirante Guillermo Barrera, quien explicó que en este caso se revisaron todas las anotaciones que podrían generar sospechas. Luego de hacer una investigación exhaustiva, dijo, se desplazaron unidades a todos los sitios donde él había trabajado y el resultado de esa investigación era que “nada de lo que estaba en el informe era cierto. Al día de hoy no hay ninguna prueba o indicio que vincule al coronel Pachón con grupos ilegales. Todo lo contrario, es un gran oficial. Esta información fue analizada por 25 almirantes y estamos tranquilos”.

Son las intimidades en el interior de las Fuerzas, que poco trascienden a la opinión pública. En los pasillos de la Armada se preguntan, por ejemplo, ¿para qué se piden conceptos de contrainteligencia que no son tenidos en cuenta? ¿Sabía la junta de almirantes que el coronel Pachón tenía anotaciones de contrainteligencia y había sacado un porcentaje del 66% de confiabilidad, según el polígrafo? ¿Qué inclinó la balanza en favor del coronel Pachón cuando hubo otros oficiales con mejores resultados en el polígrafo? Son apenas algunas preguntas que suscitan este particular episodio en momentos en los que el general Padilla de León asegura voz en cuello que las Fuerzas Militares están en un proceso de depuración para evitar que cenagosos pasajes como el de los falsos positivos vuelvan a repetirse.

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Destitución por otro falso positivo del Ejército

Por el homicidio del indígena guajibo Antonio Chanique Sarmiento, adscrito al resguardo Cusay La Colorada, en Arauca, la Procuraduría destituyó e inhabilitó para ejercer cargos públicos por 10 años al soldado Luis Aurelio Parada Luna. Asimismo, sancionó al sargento Frucen Kennedy Casas. Los hechos ocurrieron en la noche del 6 de enero del 2005, cuando el indígena fue atacado con disparos que le causaron la muerte.  Según se estableció, el cuerpo de Chanique fue trasladado en un helicóptero del Ejército y posteriormente presentado públicamente como muerto en combate, portando dos granadas y seis cartuchos calibre 9 milímetros. La Procuraduría detectó que el soldado Parada asesinó a Chanique Sarmiento y que le pidió al sargento segundo Antonio Fruncen Kennedy que rindiera un informe en el que  se presentara al indígena como un hombre armado e integrante de un grupo subversivo. Pero, todo resultó falso y se comprobó que era un falso positivo.

Por El Espectador

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