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De héroes a perseguidos por la justicia

Tres policías que se distinguieron por su trabajo contra organizaciones criminales terminaron en sus redes. 

María del Rosario Arrázola

14 de junio de 2009 - 04:00 p. m.
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Ahora se encuentran en Estados Unidos pagando condenas por delitos que antes combatieron. Los procesados se suman a otros dos oficiales que de insignias de la institución pasaron a ser hombres al servicio de la mafia.

Cinco de los hombres que pusieron en jaque al narcotráfico en la década del 90; que infiltraron de  formas insospechadas a las mafias emergentes; considerados la nueva generación de la Policía o “los niños mimados de los directores y subdirectores”, al decir de un curtido oficial, y que dieron los golpes estratégicos para gestar el derrumbe de los temibles carteles de Medellín, Cali y el norte del Valle, en un santiamén, terminaron engullidos por esa espiral de villanos y violencia de quienes combatieron en otros tiempos. Y de tanto estudiar a los barones de la droga les quedaron sus mañas y hoy purgan condenas en Estados Unidos por su voltereta.

De los coroneles Carlos Meza y Roque García se sabe que, sin mayor bulla, fueron apresados por la DEA. El primero fue detenido en Miami, donde residía con su familia. García, informado de que la justicia norteamericana rastreaba sus pasos, decidió viajar a ese país y corrió la misma suerte. En su edición del 24 de mayo pasado, este diario reconstruyó su heroica batalla para desvertebrar la organización de los hermanos Rodríguez Orejuela, pero también cómo la avaricia los consumió y fueron corrompiéndose por la fábula del dinero fácil, y de sus imágenes impolutas sólo queda la memoria de sus positivos.

Meza y García formaban parte de la crema y nata de la lucha contra la mafia y los acompañaban en esos destinos los entonces oficiales Leonidas Molina Triana, Héctor Jesús Espinel Cardozo y Yesid Remigio Vargas Cuenca, este último sobrino del ex director de la Policía Octavio Vargas Silva. Considerados los intocables, conforme asestaban golpes a la delincuencia su fama se extendía como los consentidos de las agencias de inteligencia gringa. Pero no escaparon a sus ambiciones y el trío de oficiales sucumbió al poder de corrosión del narcotráfico y, entre agosto de 2005 y abril de 2006, configuraron con otros policías y empleados de Avianca en el Aeropuerto Eldorado un cartel de alcances similares a los que persiguieron.

Por entonces el agente especial antinarcóticos Andreas Dyer descubrió que sus antiguos aliados ahora le servían al cartel del norte del Valle y junto con el fiscal federal de Nueva York,  Marc P. Berger, documentó alijos de cocaína que vía México terminaban en manos de los capos de la droga en Estados Unidos. Por ejemplo, entre el 14 y el 17 de octubre de 2005 lograron que pasaran inadvertidos 409 kilogramos de coca que fueron embarcados en un avión comercial de Avianca con destino a México. Posteriormente, en abril de 2006 intentaron contrabandear 1.752 kilos de cocaína que iban a ser enviados a Estados Unidos. Más de media tonelada se les cayó pocos días después. Según el agente Dyer, asistió a una reunión con el oficial (r) Leonidas Molina Triana, en la que se habló de la fecha de un envío de un cargamento y de la reciente incautación.

Los norteamericanos empezaron a monitorear sus líneas telefónicas y descubrieron que el ex oficial Héctor Jesús Espinel se reunió con los mafiosos Juan Carlos Cardona, alias El Flaco, y Jaime Romero, y plantearon que había que sobornar a varias personas para asegurar el envío de una droga. Así lo testimonió el testigo protegido CW. Otro denominado por seguridad CC-1 declaró que tuvo conocimiento de una conversación en la que Molina Triana, conocido en el bajo mundo con el alias de Don Óscar, le comunicó a su contacto las ganancias del negocio y en diálogo sostenido el 17 de octubre de 2005 tuvo comunicación con uno de sus socios al que le confirmó que había enviado a México 409 kilos en cajas camufladas.

Como si fuera poco, existen registros de que el 1º de abril de 2006 el condecorado ex oficial Yesid Remigio Vargas Cuenca pagó US$28.000 a seis miembros de la Policía Nacional para permitir el transporte de 400 kilos al exterior. Dicha maniobra se llevó a cabo, pero antes la droga fue embalada en un almacén y en un apartamento de Bogotá. Poco tiempo después, sin embargo, 1,2 toneladas de cocaína fueron decomisadas por las autoridades y, según el agente Dyer y el fiscal Berger, eran de propiedad de la red ilícita que comandaba la tripleta de ex uniformados que hace apenas una década fueron los avezados estrategas que sacaron de sus escondrijos a los zares de la droga en el Valle.

Entonces fueron requeridos formalmente por una corte federal de Estados Unidos en la que fueron reseñados no sólo por sus nombres y trayectoria en la Policía colombiana, sino que fueron revelados sus alias. Verbigracia, a Yesid Remigio Vargas le apodaron El Cabezón, Leonidas Molina Triana como  Don Óscar o Sofoco. Sólo Héctor Jesús Espinel no figuró como mote alguno en el organigrama criminal. Poco quedó pues de sus tiempos estelares y de esa fama de yuppies que los precedió por el extremo refinamiento con que hacían su trabajo, o la ropa de marca que exhibían y las finas maneras que proyectaban.

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Hoy los otrora insignes oficiales en retiro purgan condenas y están confinados en celdas junto a decenas de mafiosos que ayudaron a procesar. Un triste destino  que suena a paradoja.

Por María del Rosario Arrázola

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