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30 Aug 2020 - 8:24 p. m.

Ejército, demandado por colapso de puente en el Cantón Norte

El Tribunal Administrativo de Cundinamarca admitió una acción de grupo que presentó un soldado que resultó herido en el siniestro en 2015. A su vez, la corporación abrió la puerta para que otras personas afectadas se unan al proceso.
Felipe Morales Sierra

Felipe Morales Sierra

Periodista Judicial
El puente del Cantón Norte en Bogotá se desplomó en 2015. / Gustavo Torrijos - El Espectador
El puente del Cantón Norte en Bogotá se desplomó en 2015. / Gustavo Torrijos - El Espectador
Foto: PAMELA ARISTIZABAL/EL ESPECTADOR - GUSTAVO TORRIJOS

El 1° de febrero de 2015 colapsó un puente peatonal que unía dos extremos de la base militar Cantón Norte en Bogotá. Los daños fueron más que económicos: ese día, oficiales del Ejército le ordenaron a un grupo de 70 soldados subir al puente para probarlo. Eran decenas de jóvenes prestando servicio militar que, en cuestión de minutos, cayeron heridos entre los escombros cuando la estructura colapsó debajo de sus pies. Ahora, más de cinco años después, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca aceptó una demanda de reparación de uno de ellos e invitó a otros soldados que hayan sufrido daños a que se sumen al proceso.

(En contexto: Puente caído: contrato lo avaluaron dos subtenientes)

El incidente ocurrió en la tarde de un domingo y, por un tiempo, estuvo en las agendas de políticos, medios de comunicación y entes de control. Procuraduría, Fiscalía y Contraloría pusieron el ojo en el negocio con el que el Ejército había contratado de manera directa la construcción del puente, una obra que tuvieron que hacer casi a regañadientes luego de que en la Alcaldía de Gustavo Petro se ampliara la avenida carrera 11, atravesando la base militar. Las investigaciones resultaron en sanciones disciplinarias para dos oficiales. ¿Y los heridos? La Fuerza Pública inicialmente dijo que fueron cuatro, cifra que el Distrito corrigió horas después: fueron 42.

Dos años después del episodio, David Bonilla demandó al Ejército. Para esa época, él era un soldado bachiller en servicio militar obligatorio, quien recibió la orden de subirse al puente momentos antes de que colapsara. Su recurso fue rechazado de tajo por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, pero su defensa apeló y la discusión pasó al Consejo de Estado, que en diciembre de 2019 ordenó admitir la demanda para estudiarla de fondo. El expediente volvió al Tribunal, al despacho del magistrado Fredy Ibarra, quien, además de admitirla, ordenó un edicto en periódicos para que otras personas que fueron afectadas ese 1° de febrero conozcan del proceso y, si es su deseo, se sumen.

En diálogo con El Espectador, así reconstruyó Bonilla el día del desastre: “Ese domingo era día de visitas. Cuando se fueron nuestras familias nos hicieron formar, como siempre. Nos llevaron en formación al frente del puente. Veíamos a ingenieros con casco y militares, pero no nos dijeron nada, solamente nos dieron la orden de formar encima del puente. Luego, íbamos pasando en escuadras —grupos de doce soldados—, una por una, al otro lado del puente”. Hasta ahí, nada había pasado. Luego, continúa Bonilla en su relato, los hicieron volver a subir al puente y sentarse en el suelo.”De un momento a otro”, continúa, “empezaron a sacar las vigas que soportaban el puente. Quitaron la primera y sentimos un temblor. Quitaron la segunda y el puente ya se empezó a tambalear. Yo le dije a un compañero que tenía al lado: ‘Si esta vaina vuelve a sonar, nos bajamos’. Mientras tanto, no había nadie debajo parando el tráfico que pasaba por la carrera 11 ni deteniendo a la gente que pasaba caminando o en bicicleta. Quitaron la tercera viga, parpadeé y cuando volví a abrir los ojos era un polvero. A mi alrededor solo había escombros y gente llorando”. Desde el suelo, Bonilla alcanzó a llamar a su madre antes de que lo llevaran a la clínica y le quitaran el celular.

(Vea Más de 3.100 millones de pesos costó puente que colapsó en Cantón Norte)

Pero lo mismo no pueden decir todos. A medida que les iban dando de alta, cuenta, regresaron al Cantón Norte y los recluyeron en su dormitorio. “No podíamos salir. Si nos veían en el primer piso del edificio o en la tienda, era un regaño el hijuemadre del comandante. Nos decían que era por bien nuestro”, recuerda. Con el tiempo, empezaron a pasar cosas extrañas: “Hubo varios días en los que la señal se perdió totalmente. No podíamos llamar, no podíamos mandar mensajes. Se corrió el rumor de que habían instalado inhibidores de señal. Había compañeros de otras ciudades, que no pudieron llamar a sus familiares. Esas familias pensaron que los soldados se habían muerto”.

Por ello, en su demanda, no solo pide reparación para él y los otros 41 heridos, sino también para los soldados que tuvieron que ver el puente colapsar con sus compañeros encima, así como para los familiares de todos. Según la acción de grupo, “con ocasión de los hechos conocidos (los tres grupos de personas) sienten extrema angustia y miedo insuperable”, e incluso, algunos de los jóvenes, cuando terminaron su servicio militar, requirieron acompañamiento psicológico, cuyo costo pide sea asumido por el Estado. Y, por último, exige que el Ejército y el Ministerio de Defensa reconozcan el error y pidan perdón públicamente por lo sucedido.

Entre las pruebas que solicitaron los abogados de Bonilla está, por ejemplo, que le entreguen su historia clínica, que desde el colapso del puente fue declarada “de reserva”. “Yo resulté con un trauma craneoencefálico, contusiones en la columna vertebral y en el femúr derecho, que fue lo que me dijo un doctor con el que hablé, pero nunca tuve en mis manos el parte médico”, dice el soldado retirado. Además, pide que se llame a rendir testimonios a todos sus superiores y que se incluyan dictámenes periciales de médicos y psicólogos sobre su estado de salud, así como de ingenieros que den su visión técnica sobre el contrato del puente que colapsó. Una pregunta en la que insiste la defensa de Bonilla es: ¿por qué probaron el puente con personas? “Yo no soy ingeniero, ni arquitecto, pero por lo general esas pruebas se hacen con carga muerta: canecas llenas de gravilla o volquetas con arena, lo que sea, pero no se prueba una estructura así con personas”, asegura su abogado, Johao Bonilla. Lo mismo dice el joven, que tuvo que terminar su servicio militar obligatorio después del incidente y hacer guardia una y otra vez frente al puente del que se cayó. Dice que aunque el Ejército los indemnizó unos meses después, no sabe realmente si esa cifra fue justa, pues, como todo en este caso, la forma en la que se calculó estuvo bajo reserva.

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