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Ejército no evitó saqueos en terremoto del Eje Cafetero

Según el fallo, estos hechos afectaron a cientos de comerciantes quindianos en 1999.

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Juan Sebastián Jiménez Herrera
26 de noviembre de 2014 - 03:07 a. m.
Luego del devastador terremoto del Eje Cafetero se presentaron saqueos en toda la región.  /Archivo
Luego del devastador terremoto del Eje Cafetero se presentaron saqueos en toda la región. /Archivo
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Heliodoro Acevedo murió el 3 de marzo de 2006 esperando que alguien le respondiera por los saqueos que acabaron con su negocio siete años antes. El 25 de enero de 1999, un sismo de 6,4 grados en la escala de Richter sacudió el Eje Cafetero. Hubo más de mil muertos. La tragedia apenas empezaba.

A las pocas horas del siniestro, el caos se apoderó de la capital del Quindío. En Armenia y en el vecino municipio de Calarcá las autoridades decretaron un toque de queda que nadie respetó y que la Fuerza Pública no hizo respetar. El entonces gobernador del departamento, Henry Gómez Tabares, tuvo que aparecer en los medios pidiendo ayuda porque la situación se le había salido de las manos. La ciudad fue militarizada el 28 de enero.

No obstante, entre el momento del siniestro y la llegada de los 3.000 uniformados enviados por el Gobierno hubo cientos de comercios saqueados. Como el de Heliodoro Acevedo. En menos de 12 horas su negocio fue desocupado. Nadie hizo nada. Ni siquiera los uniformados que estuvieron presentes durante el saqueo y atestiguaron el robo. Y, lo que es peor, no le dejaron hacer nada distinto a ver cómo lo saqueaban. Ahora, pasados quince años del siniestro y ocho de la muerte de Acevedo, el Consejo de Estado acaba de condenar a la Nación por no haber impedido los hechos y haber dejado a miles de cuyabros en manos del desorden y de los vándalos. Un fallo que Acevedo esperó durante años.

El Consejo de Estado consultó a decenas de sobrevivientes del terremoto y concluyó que el Ejército y la Policía estuvieron “absolutamente ausentes del control de los hechos” que derivaron en estos saqueos. Pero no por incapacidad, sino por una cuestionable falta de coordinación entre las distintas autoridades. “Dicha falta de control no puede atribuirse a la fuerza del movimiento telúrico, ni a su efecto devastador, sino a la falta de coordinación y planeación por parte de las autoridades demandadas, que por demás hacían parte del comité local de prevención y atención de calamidades públicas”. A lo cual se suma que, como ya se dijo, los uniformados presenciaron los saqueos y no hicieron nada.

El caso de Acevedo es un triste ejemplo. A las 11 de la noche del 27 de enero le informaron que un grupo de personas saqueaban su establecimiento. Entonces se trasladó al lugar en compañía de sus hijos y dos empleados. “Al llegar, uniformados de las Fuerzas Militares les impidieron el paso, ya que tenían acordonado el lugar. En ese momento observaron que su propio negocio estaba siendo saqueado, por lo que solicitaron la intervención de los soldados presentes en el lugar. Éstos respondieron que tenían órdenes de no intervenir”. Desesperados, intentaron proteger sus bienes personalmente, pero los agentes militares les ordenaron retirarse de allí.

Acevedo no se dio por vencido y junto con sus hijos fue al cuartel de la Policía con el fin de solicitar protección, pero le contestaron de forma cortante que debían “defenderse de cualquier manera, pues el Comando de Policía no tenía órdenes de intervenir en los saqueos”. Entonces regresaron al negocio con el fin de impedir que continuara el saqueo, “pero los agentes del Ejército Nacional una vez más les ordenaron no interferir. Esta situación se prolongó hasta la madrugada del 28 de enero de 1999”.

“Todos los testigos concuerdan en que los soldados manifestaban tener orden de no intervenir. Tal fue la falta de coordinación entre las distintas entidades que la situación los había desbordado. Y no puede decirse que tal desbordamiento obedeciera a la situación de absoluta anormalidad, dado que los actos vandálicos ocurrieron 34 horas después de ocurrido el sismo”. Un tiempo suficiente, según el fallo, para que el Comité Local de Emergencias hubiese tomado las medidas necesarias para garantizar la aplicación del toque de queda que oportunamente se había decretado, pidiendo los refuerzos en el pie de fuerza que fueran necesarios a las autoridades del gobierno central.

La de Heliodoro fue una triple tragedia. Sobrevivió al terremoto de Armenia sólo para ver —como cientos de cuyabros— cómo los vándalos acababan con su negocio familiar. Y, como tantos, murió esperando justicia.

 

jjimenez@elespectador.com

@juansjimenezh

Por Juan Sebastián Jiménez Herrera

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