20 Jun 2020 - 7:00 p. m.

El barrio Ciudad de Bogotá: otra historia del cartel de la contratación (parte II)

El 12 de enero de 2010, a las 4:53 de la tarde, un terremoto destruyó las principales poblaciones de Haití. En Bogotá, a los pocos días de la devastación, el alcalde Samuel Moreno Rojas expresó públicamente su solidaridad con las víctimas y con un entusiasta discurso oficializó su intención de ayudar a reconstruir Haití con la edificación de un nuevo barrio, acudiendo a los bogotanos de buen corazón, para recolectar el dinero que financiara las obras. No todo ocurrió como se anunció.

Felipe Romero

Sede de la alcaldía de Bogotá, 20 de enero de 2010

El salón del primer piso del edificio antiguo del Palacio Liévano, habitualmente utilizado como sala de prensa por la oficina de comunicaciones de la alcaldía, está atestado de periodistas y cámaras de televisión, que aguardan la llegada del alcalde Samuel Moreno Rojas. A primera hora, los reporteros fueron informados de la rueda de prensa en la que se haría un importante anuncio sobre la tragedia de Haití.

(Encuentre aquí la primera parte de esta historia: El barrio Ciudad de Bogotá: otra historia del cartel de la contratación (parte I))

La prensa está a la expectativa y ansiosa de escuchar de boca del propio alcalde alguna reacción sobre la noticia del día que no es otra que el heroico rescate de la bebé Elizabeth, gracias a la reacción oportuna de los Bomberos de Bogotá, en la ciudad de Jacmel. A la sede de la alcaldía también llegan los hermanos Álvaro y Julián Galeano. Expectantes de ver tantos periodistas reunidos en un solo lugar, se sientes emocionados, porque van a ser el centro de atención de la prensa en pocos minutos.

Media hora después de la hora programada, ingresa Moreno Rojas en compañía del embajador de República Dominicana, Ángel Lockward, y el secretario general de la alcaldía, Yuri Chillán. Luego de recibir al oído instrucciones de uno de los asesores de la oficina de comunicaciones, el alcalde inicia su intervención exaltando la labor de los Bomberos de Bogotá en el rescate de la bebé. Luego da paso a su primer anuncio, en el que oficializa los rumores que se venían escuchando en los pasillos de las entidades del distrito capital, acerca de la donación de dinero para ayudar a los haitianos, víctimas del terremoto.

-Esta semana tomamos la iniciativa y hemos solicitado a todos los funcionarios del Distrito que donemos un día de nuestro sueldo para apoyar todo el tema de la reconstrucción de Haití.- Sentencia animado Samuel Moreno frente a los micrófonos y el estallido simultáneo de los flashes de las cámaras fotográficas. El embajador Lockward, por su parte, celebra la decisión con una sonrisa espontánea, siempre dirigida a las cámaras de los noticieros.

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El mandatario le reitera a la prensa que el rescate de los supervivientes, la atención a los heridos y la disposición final de las víctimas mortales del terremoto ya son cosa del pasado y que ahora viene una tarea difícil que consiste en trabajar por la reconstrucción de las ciudades que fueron afectadas por el sismo. Acto seguido, dirige su mirada al embajador Lockward y suelta su segundo anuncio del día a los periodistas.

-Hemos acogido la iniciativa del señor embajador de República Dominicana, que tiene plenos poderes por parte del gobierno de Haití, de hacer un gran concierto en Bogotá, con artistas nacionales y extranjeros, que se llamará “Cantamos por ti Haití”.

Antes de que comiencen a llover las preguntas de los periodistas, que esperaban el momento justo para interrumpirlo, Samuel Moreno se despacha, asegurando que el concierto se realizará el jueves 28 de enero, en la emblemática Plaza de Bolívar, con entrada gratis. Además, puntualiza que el recital, que incluye 34 artistas y orquestas, irá hasta las 10:00 de la noche.

Luego, invita a los ciudadanos para que aporten, de manera voluntaria, cualquier suma de dinero, que deberá ser consignada en la cuenta, del Banco de Occidente, número 291-000085-9, a nombre de la embajada de República Dominicana y reitera que esos dineros van a ser auditados y tienen como único fin la reconstrucción de Haití.

-La gente se va a vincular de una manera voluntaria con donaciones de dinero e igualmente a través de algunas urnas que se van a colocar en las entradas de la Plaza de Bolívar-

Concluye enérgico el alcalde Moreno, al tiempo que uno de los periodistas le pregunta si tenían un cálculo aproximado de la suma a recaudar.

-Estamos seguros que la generosidad, la solidaridad y todo el entusiasmo que se ha generado con la tragedia nos indica que van a ser muchos millones de pesos- responde Moreno, quien una vez más señala al embajador Lockward y se despacha con el último y más importante de los anuncios de ese día, en el que se compromete a que el dinero recaudado se destinará para construir un barrio a las afueras de la ciudad de Puerto Príncipe.

-Que la solidaridad de la gente nos permita la construcción del barrio Ciudad de Bogotá.

El alcalde finaliza su intervención respondiendo una última inquietud de otro periodista, que le cuestiona que si en caso de que no se lograra reunir el dinero suficiente que aspiraban a recaudar, se podría hacer uso del presupuesto de la capital para dicha obra.

-No, no, no podemos hacer eso. La invitación que hicimos a todos los funcionarios es para que de manera voluntaria donemos un día de nuestro sueldo para ayudar a la reconstrucción de Haití-. Reitera Samuel Moreno Rojas.

El alcalde finalmente le da la palabra al embajador Lockward quien le insiste a la prensa que no tiene la menor duda de que esta iniciativa va a ser imitada en otras ciudades de Colombia. Luego le responde a otro periodista sobre cómo se van a canalizar los dineros recaudados.

-Suponiendo, como ha dicho el honorable alcalde, que dispongamos de los fondos para hacer el barrio Ciudad de Bogotá, inmediatamente yo he invitado al honorable alcalde para que visitemos la ciudad de Puerto Príncipe para coordinar eso con el alcalde de Puerto Príncipe.- concluyó el embajador Lockward.

En ese momento otra de las asesoras de la oficina de prensa de la alcaldía avisa a los periodistas y demás asistentes que ha terminado la rueda de prensa y no hay posibilidades de hacer más preguntas.

Al fondo del salón, en una esquina, olvidados y lejos de la mesa donde el embajador Lockward, el alcalde de Bogotá y su secretario general, se acaban de robar el protagonismo con el anuncio de realizar un concierto por las víctimas de Haití, están los hermanos Galeano, confundidos y consumidos por la indignación y el malestar de haber sido utilizados. Se sienten asaltados en su buena fe y borrados totalmente del proyecto que habían ideado tan solo hace unos días.

En sus propias narices, la máxima autoridad de la ciudad y el supuesto aliado y amigo, Ángel Lockward, les habían robado su idea y oficialmente, teniendo como testigos a toda la prensa capitalina, los habían hecho a un lado sin una sola explicación.

A fuera del salón, Irma Bocanegra y sus compañeras de servicios generales continúan atentas de que no faltara ni agua ni café para la prensa y demás invitados. Discuten sobre la donación que ellas, como funcionarias de la alcaldía, van a hacer para ayudar a los haitianos.

Se sienten satisfechas con el anuncio del alcalde, porque a pesar de que sus sueldos son de los más bajos de todo el distrito capital y consciente de que perder un día de salario impacta fuertemente sus bolsillos, creen que es válido contribuir porque se trata de una buena causa.

La noticia de la construcción de un barrio en Haití que llevará el nombre de Ciudad de Bogotá y el concierto para ayudar a los haitianos ocupa los titulares de la prensa nacional y despierta rápidamente la solidaridad de la gente, tal y como lo había calculado Samuel Moreno Rojas y el embajador Lockward.

Ahora los ojos de la opinión pública están puestos en la altruista iniciativa del alcalde y del embajador de República Dominicana. Resignados, y aún fastidiados por lo que consideran es una traición, los hermanos Galeano ven en los noticieros como se les escapa la oportunidad de ganar protagonismo con una noble causa que al mismo tiempo les iba a representar un buen negocio.

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Bogotá, 21 de enero de 2010

Aunque la circular 001 de 2010, en la que se oficializaba que funcionarios y contratistas donaran un día de sus salarios, fue firmada por el alcalde Samuel Moreno el 19 de enero, solo hasta que el anuncio se hizo público, a través de la prensa, comenzaron a materializarse los aportes.

En el asunto de la comunicación, enviado a todas las dependencias del distrito capital, cada servidor público leía: “aporte solidario con el hermano pueblo de Haití”. Luego, con un mensaje cargado de palabras amables, el alcalde de Bogotá los invitaba a que se mostraran solidarios con las víctimas del terremoto y les dio como fecha máxima el 03 de febrero para notificarse de sus respectivos aportes, los cuales serían descontados de las nóminas de cada entidad.

Al final de la misiva, el alcalde insistió que era tiempo de que se hicieran presentes, con acciones claras, los valores y las convicciones que animaban el trabajo de su alcaldía. En el último reglón de la comunicación cada uno de los empleados de la alcaldía pudo leer cómo Samuel Moreno les agradecía de manera especial la contribución para ayudar a los hermanos haitianos.

Las notificaciones no se hicieron esperar y desde la Tesorería Distrital se oficializaron los descuentos de nómina bajo el concepto de “recaudo de terceros”. El tesorero de la época, Iván Fernando Flórez Espinosa, autorizó habilitar la cuenta de ahorros número 00200423-2 en el Royal Bank of Scotland a donde deberían ser trasladados los descuentos efectuados y sus respectivos rendimientos.

Al tiempo que avanzaban las donaciones de un día de salario de los servidores públicos de la alcaldía de Samuel Moreno, también se ponía en marcha la logística para el concierto. Exactamente, la alcaldía tenía una semana para gestionar el traslado de los artistas tanto del extranjero como de otras ciudades del país a la capital, así como realizar todo el montaje del recital en la Plaza de Bolívar.

La oficina de relaciones exteriores de la alcaldía junto con la secretaría general iniciaron las gestiones para garantizar el traslado y hospedaje de los músicos.

Los primeros en tener asegurados tiquetes aéreos y hotel en Bogotá fueron los artistas internacionales encabezados por Sergio Vargas, Eddy Herrera, Wilfrido Vargas, las Chicas del Can, Kinito Méndez y las agrupaciones Rikarena, Sin Fronteras y la banda Tulile. Todos tenían confirmada como fecha de arribo a Bogotá, el miércoles 27 de enero.

Se emitieron tiquetes aéreos internacionales ida y regreso desde las ciudades de Santo Domingo, San Juan, Miami y Houston. Mientras que a nivel local la alcaldía gestionó boletos desde las ciudades de Cali, Bucaramanga y Manizales. Varios de estos tiquetes corrieron por cuenta del presupuesto de los bogotanos. Se compraron a la agencia World Tours autorizados por Sandra Isabel Cárdenas, funcionaria de la Dirección de Relaciones Internacionales de la alcaldía. Lo mismo sucedió con algunos alojamientos en el Hotel Tequendama.

24 horas antes del concierto, la alcaldía tenía el 100% de la logística activada en la Plaza de Bolívar, al tiempo que otros funcionarios adelantaban la maratónica labor de reconfirmar la asistencia de los invitados especiales, entre ellos las 48 delegaciones diplomáticas con sede en la capital.

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Bogotá, 28 de enero de 2010

A las seis de la mañana, recién el sol comenzaba a asomarse, fue activado el protocolo de los organismos de emergencia del distrito para eventos masivos en la Plaza de Bolívar, que ese día amaneció acordonada por vallas metálicas. Una hora después el staff de ingenieros de sonido, luminotécnicos y demás funcionarios involucrados en la logística del evento ultimaban detalles para dejar el escenario listo para los diferentes artistas que cantarían durante todo el día por las víctimas del terremoto de Haití.

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Al interior del despacho de la alcaldía, ubicada a escasos metros de la Plaza de Bolívar, un funcionario le daba un último vistazo al discurso que alcalde Samuel Moreno leería para oficializar la apertura del evento. Las primeras palabras de la retahíla de la máxima autoridad de los bogotanos estaban dirigidas a hacer un llamado a la solidaridad mundial con los damnificados de Haití y a reiterar que Bogotá no era una ciudad ajena a un terremoto de las magnitudes que habían padecido los haitianos. Al final, les recordaría a todos los asistentes al concierto que el objetivo era ayudar a las víctimas del terremoto con aportes que debían consignarse en una cuenta bancaria a nombre de la Embajada de República Dominicana.

Desde la oficina de protocolo de la alcaldía se verificó por última vez el cronograma del evento y se realizó un último “checklist” del personal de logística, artistas y músicos. Finalmente, 31 cantantes nacionales e internacionales confirmaron su participación de manera gratuita para contribuir con la campaña que la alcaldía de Bogotá y la embajada de República Dominicana habían emprendido en tiempo record para recolectar fondos que sirvieran para construir el barrio “Ciudad de Bogotá” en Haití y de esta manera solidarizarse con algunas de las víctimas del terremoto, quienes no solo habían perdido a sus seres queridos sino sus viviendas.

El evento comenzó, según el cronograma establecido, a las 7:30 de la mañana con la intervención del alcalde Samuel Moreno y del embajador Ángel Lockward, quienes llamaron al escenario a los integrantes de la orquesta de la Policía Nacional, encargada de abrir el concierto. Como era de esperarse, el público fue llegando tímidamente a la Plaza de Bolívar que lucía atiborrada de cables, luces y consolas de sonido.

Los primeros visitantes fueron los mismos funcionarios de la alcaldía, entre ellos Irma Bocanegra y sus compañeras de oficina que arribaron muy temprano realizando sus respectivos aportes en las urnas ubicadas en las entradas que la logística de la alcaldía había dispuesto, como único requisito, para acceder a la plaza.

No había un valor exacto ni boletería para ingresar al evento. El único requisito era donar la cantidad de dinero que cada persona considerara. Del bolsillo de Irma salieron cinco mil pesos que se sumaron al día de salario que había donado para ayudar a construir el barrio Ciudad de Bogotá en Haití, tal y como se lo había pedido su jefe días atrás. “Cantamos por ti Haití” estaba en las agendas de toda la prensa que durante el transcurso del día registró, con cubrimientos esporádicos en vivo y en directo, los artistas que iban apareciendo en escena

A varios kilómetros de distancia, en sus casas en el municipio de Cajicá, los hermanos Álvaro y Julián Galeano veían resignados y aún indignados, a través de los reportes que daban los noticieros, el éxito de ese espectáculo que habían ideado en tiempo record; pero que se les había escapado de las manos. Esa noche los miles de asistentes a la plaza de Bolívar regresaron a sus casas satisfechos, luego de disfrutar de un show musical jamás visto en el centro de la capital, entre ellos Irma Bocanegra quien además de bailar y cantar se sintió feliz por haber aportado su granito de arena para ayudar a los haitianos.

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Alcaldía de Bogotá, agosto de 2010

Siete meses después del concierto en la Plaza de Bolívar, el ambiente en la sede de la alcaldía de Bogotá, era tenso. Los rumores sobre varios hechos de corrupción, que señalaban al alcalde Samuel Moreno y a algunos de sus funcionarios, comenzaban a tener nombre propio.

Las noticias en algunos medios de comunicación hablaban con propiedad de un cartel de la contratación en el que también figuraban el entonces contralor de Bogotá, Miguel Ángel Morales Russi, encargado de vigilar los dineros de la ciudad; algunos congresistas, incluido el senador Iván Moreno, hermano del alcalde; concejales y varios contratistas a los que señalaban de haberse ganado ilegalmente multimillonarios contratos en la capital a cambio de pagar coimas a los hermano Moreno Rojas.

La crisis institucional que vivía la alcaldía de Samuel Moreno se agudizó cuando se hizo pública una grabación entre un ex congresista y un reconocido contratista del país que destapó oficialmente el escándalo y de paso animó a los organismos judiciales y de control, como la Fiscalía y Procuraduría, respectivamente, a iniciar las investigaciones de rigor.

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Desde ese día, trabajar en la alcaldía y en otras entidades de la ciudad, se convirtió en un infierno para cientos de funcionarios y contratistas que eran señalados de ser corruptos. La tensión crecía con forme aparecían nuevas publicaciones de la prensa que no le perdía el rastro ni al alcalde y ni a los contratistas involucrados, en lo que ya empezaba a configurarse como uno de los peores hechos de corrupción en la historia de Bogotá.

Quizás por esta razón nadie en la alcaldía, ni mucho menos en la ciudad, se volvió a interesar por los dineros recaudados a finales de enero de ese año 2010 para cumplir la promesa del alcalde Samuel Moreno de construir el barrio Ciudad de Bogotá en Haití y así devolverle a algunas víctimas del terremoto la oportunidad de tener una vivienda nueva después de haberlo perdido todo por cuenta del sismo que destruyó más de la mitad del país.

A los trabajadores de la alcaldía y a los ciudadanos que asistieron al concierto y realizaron donaciones de dinero, se les quedó, en la memoria, aquellas noticias que había registrado la prensa sobre la exitosa jornada de recaudo y donaciones. La cadena radial Caracol Radio había titulado al día siguiente del concierto: “Cerca de 500 millones de pesos recaudó concierto en Bogotá para Haití”.

Con el paso de los días nadie más volvió a interesarse por el tema, porque de lo único que se hablaba en los pasillos de la alcaldía y de las demás entidades distritales era del momento en que Samuel Moreno iría a renunciar, sería destituido o finalmente las autoridades vendrían por él para capturarlo.

El 13 de agosto, ocho meses después del concierto, la cuenta del Banco de Occidente # 291-00085-9 a nombre de la Embajada de República Dominicana, que se habilitó para que cualquier persona donaran dinero con el fin de ayudar a los damnificados de Haití, registraba un saldo de $77, 561,000 pesos.

Diecisiete días después, el 30 de agosto, en la cuenta de la tesorería de la alcaldía de Bogotá, # 002-00423-2 del Scotianbank, antes llamado The Royal Bank of Scotland, había un saldo de $323,462,423 pesos. Esta cantidad de dinero era el resultado de los aportes recaudados a funcionarios y contratistas de la alcaldía luego de donar un día de salario de sus sueldos, el cual fue descontado posteriormente de las respectivas nóminas, según los registros oficiales de la alcaldía de Samuel Moreno. (Más de 67 personas serán investigadas por el carrusel de la contratación)

De acuerdo con otra comunicación de la alcaldía, el 23 de diciembre de 2010 la tesorería distrital realizó la compra de $167,427 dólares americanos con 94 centavos; y tres días después, el 27 de diciembre de 2010, este valor fue girado a la cuenta # 190005306 del banco Sogebank, ubicado en la ciudad de Puerto Príncipe. Los extractos bancarios del Sogebank reportan una segunda consignación realizada por la alcaldía de Bogotá a la misma cuenta por un valor de $101.78 dólares americanos, que equivalen, en ese momento, a $190,270 pesos colombianos.

El último registro que existe en los archivos del banco Sogebank en Haití es del 6 de mayo de 2011, fecha en la que la tesorería de la alcaldía de Bogotá giró a la misma cuenta $110,000 pesos que equivalen, en ese año, a $62,50 dólares americanos. Este dinero era el último saldo reportado producto de las donaciones recaudadas para la construcción del barrio Ciudad de Bogotá que había prometido el alcalde Samuel Moreno. Tres días antes del último giro, la Procuraduría General de la Nación había suspendido del cargo a Samuel Moreno y le había formuló pliego de cargos por irregularidades en la contratación de obras públicas en la capital.

Así comenzaba la debacle de un alcalde, que fue pensado como un proyecto presidencial, al tiempo que iba durmiendo en los archivos bancarios y en la memoria de los bogotanos, funcionarios y contratistas de la alcaldía, el recuerdo de los dineros recaudados para las víctimas de Haití.

Los registros oficiales dan cuenta que fueron girados a Sogebank de Puerto Príncipe $323,762,693 pesos colombianos producto de la bondad de miles de ciudadanos que se solidarizaron con la tragedia de los haitianos.

Con el paso de los años el tema fue olvidado. Samuel Moreno terminó en la cárcel, condenado a 24 años como responsable de uno de los mayores desfalcos a las finanzas de Bogotá. Luego, vinieron dos nuevas administraciones con sus respectivos alcaldes y nadie volvió a interesarse por los dineros recaudados para la construcción del barrio Ciudad de Bogotá en Haití.

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Bogotá, en la actualidad.

Los sargentos Cadena y Cano continúan como miembros activos del cuerpo de bomberos de Bogotá. En sus tiempo libres echan un vistazo a las noticias sobre aquel país, que en el año 2010, les permitió salvar la vida de una bebé y de paso convertirse en héroes. Ha pasado una década y la información que aún encuentran en los diferentes portales de noticias les sigue siendo familiar, como si la tragedia hubiera ocurrido tan solo hace unos días y el caos y la desesperanza al igual que las ruinas estuvieran intactas.

Se preguntan por la suerte de la pequeña Elizabeth que lograron arrebatarle a la muerte y resucitar de entre los escombros. Hacen cuentas y calculan que debe tener algo más de diez años, seguramente sobreviviendo en medio de la miseria y expuesta a toda clase de peligros. Los niños de Haití son la población más vulnerable de toda América y no hace falta una tragedia natural para matarlos.

Al contrastar lo que hoy ven en los medios digitales sobre Haití con los recuerdos de ese fatídico año 2010 coinciden en que en ese país lo único que ha pasado es el tiempo, un testigo silencioso de la inoperancia de una política de ayuda internacional que solo se mostró activa, ante los ojos del mundo, las primeras semanas después de la tragedia, con promesas de miles de millones de dólares para reconstruir el país más pobre de América; que además ostenta uno de los últimos puestos en índice de desarrollo humano a nivel mundial.

Los reportes oficiales dan cuenta que, al menos en el papel, Haití recibió 13 mil millones de dólares en donaciones para que ciudades como Puerto Príncipe y Jacmel, entre otras, resurgieran de las ruinas y sus miles de supervivientes volvieran a tener una vivienda digna. Sin embargo, en la actualidad la mayoría de las víctimas del terremoto continúan viviendo en situación de pobreza extrema.

Unas 100 mil personas aún viven en campamentos, hacinados en improvisadas carpas construidas con palos y techos de plásticos, sin acceso a agua potable ni servicios de saneamiento básico. Los más pequeños están expuestos a enfermedades y epidemias como el cólera en que 2016 mató a más de 900 personas.

Por las calles de Puerto Príncipe o de Jacmel o de cualquier localidad o rincón de Haití si alguien pregunta dónde está ubicado el barrio Ciudad de Bogotá, que debió construirse, en parte con los dineros recaudados de las donaciones de buena fe de miles de bogotanos, girados por la alcaldía de Samuel Moreno Rojas a Haití, cualquier haitiano coincidirá en responder que no sabe de qué le están hablando o que no tiene la más remota idea de la existencia de un barrio con ese nombre.

Una década después del terremoto y de que el ex alcalde de Bogotá solicitara que todos los funcionarios de la alcaldía donaran un día de su salario para ayudar a los haitianos; además de las donaciones que hizo la ciudadanía gracias al concierto “cantamos por ti Haití” hoy no existen ni un solo ladrillo puesto del barrio Ciudad de Bogotá que por todo lo alto anunciaron Samuel Moreno y el entonces embajador de República Dominicana en Colombia Ángel Lockward.

El barrio jamás se construyó y los dineros recaudados y consignados en una cuenta del banco Sogebank de Puerto Príncipe jamás fueron invertidos en la construcción de viviendas para ayudar a algunas de las víctimas del terremoto. Las donaciones, en dinero, de miles de bogotanos, incluidas las de los funcionarios de la alcaldía, terminaron en la localidad de Dilaire, una pequeña población ubicada en una zona rural al noreste de Puerto Príncipe, que para fortuna de sus pobladores fue de los pocos lugares que no sufrió la devastación del terremoto de 2010.

Es viernes por la tarde, Irma Bocanegra alista sus cosas luego de una extenuante jornada de trabajo en la alcaldía de Bogotá. Por hoy ha terminado sus labores, asegurando un día más de sueldo ganado honradamente, como lo ha hecho toda su vida. Chequea su billetera y cuenta algunas monedas para asegurarse que tiene el dinero suficiente para comprar el pasaje en autobús que la llevará de regreso a su casa.

Irma abandona la alcaldía y en su mente retumban los recuerdos de su ex jefe Samuel Moreno por alguna noticia que escuchó sobre la suerte judicial de ex alcalde. También, a su memoria regresa aquel día en que donó un día de su sueldo para ayudar a las víctimas del terremoto de Haití.

Se aleja de su lugar de trabajo, recuerda que su ex jefe está preso y condenado por corrupción y se cuestiona si el dinero que donó hace unos años habrá llegado a su destino como se lo habían prometido mientras recuerda aquellas palabras que de niña le decía, con algarabía, uno de sus tíos: “Mija el ladrón come y algo deja”. El rostro de Irma suelta una sonrisa espontánea al tiempo que acelera su marcha rumbo a la estación de autobuses.

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