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El camino roto de los hijos de un secuestrado

Emilio Ayala fue secuestrado el 21 de febrero de este año y sus captores pedían 500 millones de pesos para liberarlo. Su cadáver fue identificado por Medicina Legal con dos impactos de bala en la espalda.

María José Medellín Cano

10 de diciembre de 2015 - 09:18 p. m.
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Con tal de recuperar a su papá, los hijos de Emilio Ayala, exalcalde de Salazar de Las Palmas (Norte de Santander), estaban dispuestos a todo. En cuanto supieron que la exigencia a cambio de que sus captores lo regresaran con vida era de $500 millones, comenzaron una colecta para conseguir la astronómica cifra. Aunque los delincuentes nunca volvieron a contactar a la familia, los esfuerzos por recoger el dinero no cesaron. Pero ante la angustia de no saber nada más, José Ricardo y José María Ayala decidieron caminar desde Cúcuta hasta Bogotá como un acto de rechazo hacia el secuestro, pero también como una medida desesperada para recuperar a su papá.

Dispuestos a caminar los aproximadamente 600 kilómetros que separan las dos ciudades, la marcha arrancó el 1º de diciembre. “Pasaron por lugares muy complicados. El Páramo de Berlín (Santurbán), por ejemplo, está a 3.200 metros de altitud y les tocó aguantar una temperatura de 2 grados centígrados”, manifestó César Emilio Ayala, uno de sus primos, que desde Bogotá apoyó la caminata. Acompañados de su primo sacerdote, Óscar Ardila, los tres familiares de Ayala llegaron el 5 de este mes hasta el Parque del Agua (Bucaramanga), donde recibieron una llamada que los desvió de su camino.

“Era mi mamá, Ruth Soraya Gómez. Nos dijo que las autoridades habían encontrado un cuerpo con las mismas características de mi papá, pero que todavía no estaban seguros de su identidad”, explicó José Ricardo Ayala, uno de los caminantes. Si la ilusión de recuperar a su papá no la perdieron cuando llegaron deshidratados a Mutiscua (Santander) o cuando el aire en sus pulmones no era suficiente en el Páramo de Santurbán, la llamada no los detuvo. “Desde el viernes, por redes sociales, supimos del hallazgo de un cuerpo, pero como la autoridades no se comunicaron con nosotros, decidimos seguir con la marcha hasta que la ciencia confirmara que era mi papá”, añadió José Ricardo Ayala.

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Mientras los tres caminantes seguían su recorrido por la carretera que comunica a Bucaramanga con el municipio de Piedecuesta (Santander), el cuerpo que el Gaula y la Dijín habían encontrado en la vereda Pan de Azúcar, en el municipio El Zulia (Norte de Santander), ya estaba en los laboratorios de Medicina Legal. Según lo explicaron las autoridades, Eduard Orellanos Lizcano, alias Chorro, fue quien dirigió al cuerpo técnico de la Policía hasta el lugar donde él y otras dos personas enterraron al exalcalde 20 días después de su secuestro.

El informante, que está retenido en la penitenciaría de Cúcuta, hace parte de la estructura delincuencial conocida como Los Chorros, quienes además de estar involucrados en la investigación por el secuestro de Ayala, también son los principales sospechosos de su asesinato. Aunque las autoridades han señalado a esta banda como responsable del crimen, la familia Ayala no ha conocido evidencias contundentes que le permita entender quiénes fueron los que se llevaron a su papá.

Las pruebas de ADN estuvieron listas en la mañana de este martes. Para esa hora, los tres caminantes ya estaban de regreso a Cúcuta por petición de sus familiares, que angustiados esperaban respuestas en la puerta de la oficina de Medicina Legal. Según el dictamen forense, el cuerpo que hallaron con las manos atadas y una bolsa negra de tela en la cabeza correspondía a Emilio Ayala, quien murió por dos disparos en la espalda 20 días después de ser raptado de su finca en Salazar (Norte de Santander).

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“Aunque mi hermano y mis primos no cumplieron con el objetivo de la caminata, que era recuperar con vida a mi tío, creo que sí lograron llamar la atención de las autoridades y rechazar el fenómeno del secuestro, que en Colombia sigue vigente”, expuso César Ayala. Las más recientes cifras del Gaula muestran que en el país, en lo que va corrido del año, una persona ha sido secuestrada cada dos días, en comparación con la veintena que hace quince años eran plagiadas cada 48 horas.

Las cifras muestran que el secuestro está en uno de sus puntos más bajos en la historia reciente de este país. Sin embargo, el dolor de familias como los Ayala y de otras tantas, cuyos seres queridos murieron en cautiverio, o de quienes aún no se conoce su destino, recuerdan la tragedia que este flagelo ha significado para miles de colombianos.

 

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Por María José Medellín Cano

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