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El caso de Yormai Contreras y el rastro del reclutamiento que persiste en el Catatumbo

El menor fue retenido por el Eln en un control armado en Tibú. Su familia lidera un plantón para exigir su liberación, mientras organizaciones humanitarias alertan sobre el aumento del reclutamiento infantil en la región. El caso refleja cómo la guerra sigue marcando la vida de niños en el Catatumbo.

Valentina Gutiérrez Restrepo

16 de abril de 2026 - 09:37 p. m.
Yormai Sebastián Contreras fue secuestrado desde el pasado 7 de abril en un retén ilegal en el Catatumbo.
Foto: Jonathan Bejarano
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El caso de Yormai Sebastián Contreras, un menor de 16 años secuestrado por la guerrilla del Eln en zona rural de Tibú (Norte de Santander), es hoy el retrato de una tragedia que persiste: el reclutamiento y control armado sobre niños en el Catatumbo. La tarde del pasado 7 de abril, en un retén ilegal en el kilómetro 25, hombres armados lo obligaron a bajar de una moto, revisaron su celular y, tras leer un mensaje, se lo llevaron. Su madre, Blancanieves Castillo, llegó lo más rápido posible al lugar, pero los hombres armados solo le dieron respuesta hasta el otro día y le dejaron claro que lo entregarían dentro “de uno a dos meses y que ellos lo iban a educar”.

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Eso lo dice Carmen García, tía de Yormai Contreras y presidenta de la Asociación de Madres del Catatumbo por la Paz, quien desde el pasado 8 de abril, tras salir en una caravana desde Cúcuta, lidera un plantón en el mismo punto donde hombres armados se llevaron a su sobrino. “Hasta el día de hoy, lo único que nos dice el Eln es que el niño ya lo tienen los propios mandos en la frontera. Nosotros de aquí no nos moveremos hasta que lo entreguen. No importa si nos toca cerrar las vías”, aseguró Carmen García a El Espectador. Su exigencia es también al Estado, “que nos ha dejado solas, y al presidente Gustavo Petro para que se pronuncie sobre la vida de un menor que está en juego”.

Ella misma pudo establecer que el mensaje que los hombres del Eln encontraron en el celular de Yormai Contreras era una conversación con un chico de su misma edad en la que este le decía que había estado trabajando “en una cocina (laboratorios de coca) de la disidencia de las Farc”, precisamente del frente 33 de alias “Calarcá”, grupo que se mantiene en guerra con el Eln por los corredores estratégicos para la producción y el tráfico de droga en el Catatumbo. Carmen García relató que “Yormai solo le respondió ‘cuídese’, porque son chicos que se conocen desde el colegio, pero por ese mensaje los grupos decidieron ponerlo bajo investigación”.

La líderesa ha tenido que mediar directamente con hombres del Eln, pidiendo, por lo menos, una prueba de supervivencia de su sobrino. Ella sabe muy bien al drama que se enfrenta, no solo porque este año ha medidado en la liberación de siete menores reclutados en la región, sino porque las cifras son aterradoras. Según el último reporte de la ONU del pasado 16 de febrero, en los últimos cinco años el reclutamiento de menores aumentó en un 300 % en Colombia. “Nosotros ya rescatamos a seis, pero sabemos que son muchos más los que se quedan en las filas”, puntualizó Carmen García, quien de paso recordó que el caso de su sobrino fue una dolorosa coincidencia para su familia.

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Su hermana, Blancanieves Castillo, se desplazó hace unos años a Cúcuta para evitar, precisamente, que alguno de sus hijos terminara a la fuerza en la guerra. Pero, cuando estaban de vacaciones visitando a sus familiares en Tibú el pasado 8 de abril, su hijo menor fue secuestrado. La última foto conocida de Yormai fue tomada y enviada por el Eln el día que se lo llevaron, hace ya 10 días. Desde ese momento, Carmen García, que ya lleva más de 30 años de lucha por los derechos humanos en el Catatumbo, llamó a los voceros de la mesa de diálogo del Eln pidiendo hablar con el comando central, “pero ellos no nos quisieron dar respuesta. Dijeron que necesitaban una comisión diplomática para hablar conmigo”.

Aunque la lideresa reconoce que personal de la Defensoría del Pueblo, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Cruz Roja ha llegado al plantón, pide que el acompañamiento sea permanente por la amenaza de la presencia de los grupos armados. “Esta situación ha sido terrible. Mientras nos ha tocado estar aquí, vemos pasar a los hombres con misiles en la mano. Los niños pasan camino a la escuela en medio de hombres armados. Hemos escuchado bombazos y vemos pasar drones”, relató Carmen García sobre el escenario. La situación, asegura, también se agrava por el temor de que “alguien me haga algo, para echarles la culpa a ellos (Eln), o que le hagan algo a los campesinos que nos acompañan en el plantón”.

Cada día, alrededor de 200 campesinos bajan desde las siete de la mañana de la vereda Vetas de Oriente para acompañar a esta líder y a su hermana, arriesgándose en el camino a los retenes del Eln y las disidencias de las Farc. Ante el silencio del alto Gobierno, el único pronunciamiento institucional ha llegado por parte de la Defensoría, en cabeza de Iris Marín: “Es inaceptable que continúen los actos de violencia contra las y los menores de edad en el Catatumbo. Su vida, libertad e integridad personal (de Yormai) deben respetarse en cualquier contexto”, y resaltó que el secuestro de este menor de edad es una “grave vulneración del Derecho Internacional Humanitario” y exigió su liberación inmediata e incondicional.

El llamado fue respaldado por la ONU, que reconoció la misión humanitaria de “mujeres defensoras que se encuentran en el territorio movilizadas en busca del niño” y pidieron respeto por su integridad. Hoy, desde el plantón del kilómetro 25, el llamado de Carmen García es firme: “Por favor, no nos dejen solas. Esperamos una respuesta del presidente”. A su lado, en una silla, su hermana Blancanieves Castillo envía un mensaje a Yormai: “Hijo, quiero verte en casa, que estés con tus hermanos, tu papá. Quiero que regreses pronto con las tías, con los abuelos, que estés de nuevo en el colegio estudiando. Por favor, devuélvanlo a su hogar, de donde nunca debieron arrancarlo. Eso es lo único que pido”.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Valentina Gutiérrez Restrepo

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