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El émulo de Londoño White

Extrañeza en Medellín al conocerse las andanzas de Juan Felipe Sierra, quien pasó de exitoso empresario a sindicado.

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Redacción Judicial
26 de agosto de 2008 - 08:49 p. m.
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El nombre de Juan Felipe Sierra no significaba nada para los fiscales encargados de investigar al poderoso capo del narcotráfico Daniel Rendón Herrera, más conocido como Don Mario. Pero una comunicación interceptada en junio les advirtió que se trataba de un enlace importante. En esa conversación, Sierra le reclamaba al ex director de fiscalías de Antioquia, Guillermo León Valencia Cossio, por qué John Freddy Manco, alias El Indio, aún aparecía en el organigrama de Don Mario.

La Fiscalía se concentró en Sierra y muy pronto se estableció que se trataba de uno de los empresarios más exitosos de Medellín y socio mayoritario de la compañía Control Total, especializada en seguridad y con 2.520 empleados. Ésta fue creada en 1993 por el propio Sierra, quien se ufanaba de haber empezado con cinco guardias y un gerente. Además, los investigadores ratificaron que era socio de los clubes Campestre y Llanogrande, a los que acceden los más altos círculos del poder empresarial.

En pocas palabras, Sierra ostentaba las credenciales para ser un hombre exitoso y no tenía necesidad de recurrir a la delincuencia para lograr fama y reconocimiento. Por eso hoy se comenta que su caso es como revivir la historia de Guillermo Londoño White, otro notable de la sociedad de Medellín, socio de clubes, empresario, caballista y jugador de golf, quien en los finales de los años 80 resultó ser uno de los enlaces claves del capo Pablo Escobar Gaviria.

“Es como si estuviéramos repitiendo esa lamentable historia”, le dijo a El Espectador uno sus amigos. “Juan Felipe resultó ser la copia de Londoño White”. Un hombre que se ganó el respeto de sus amigos porque muchos fueron testigos de cómo empezó vendiendo alarmas de casa en casa y al poco tiempo tenía una de las empresas más grandes de la ciudad. No obstante, a pesar del éxito que rondaba su negocio, algunos de sus allegados empezaron a sospechar de su inmensa fortuna.

Era incomprensible que con apenas 37 años hubiera comprado tantas propiedades y que sólo el trabajo con su empresa fuera la causa de su emporio económico. “Nos causaba admiración y un poco de suspicacia que Juan Felipe o El Primo, como le decíamos, tuviera una finca en Urabá y un apartamento en Cartagena. Él siempre nos decía que sus negocios eran muy prósperos”, dijo uno de sus amigos.

Pero sin duda, lo más sorprendente de Sierra es que su padre, Ricardo Sierra Caro, actual director de Comfenalco en Antioquia, siempre ha tenido una buena amistad con el presidente Álvaro Uribe. En agosto de 2007, durante la celebración de los 50 años de Comfenalco, el Presidente exaltó a Sierra Caro con elogiosas palabras: “Él es un líder excepcional: parco pero realizador”.

Y agregó el Primer Mandatario: “Doctor Ricardo, siempre que usted me ha invitado, he venido con la ponchera, desde que era senador de la República. Y hoy no podía ser la excepción, siempre he venido a pedirle alguna cosita... Doctor Ricardo: muchas felicitaciones, usted es un líder social pragmático, metedor de goles”. Ahora el propio jefe de Estado está sorprendido de que el hijo de tan prestante señor sea uno de los protagonistas del escándalo por la filtración del narcotráfico en la Fiscalía de Medellín.

Lo cierto es que ese particular personaje, que se movía como pez en el agua en los círculos políticos y sociales de Medellín, y que demostraba lazos de extrema confianza con el director de Fiscalías de Antioquia y hermano del ministro del Interior, Guillermo León Valencia Cossio, hoy es el centro de atracción del escándalo judicial del momento. Por ahora, sigue preso en alta seguridad de la penitenciaría de La Picota.

Por Redacción Judicial

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