La reciente ampliación de denuncia que le dio a la Fiscalía el ex revisor fiscal del Deportivo Independiente Medellín, Juan Bautista Avalos, y un informe contable de 65 páginas elaborado por la teniente Claudia Marcela Martínez y el mayor César Augusto Mujica sobre los dineros que han ingresado al club en los últimos 20 años, se han convertido en las piezas angulares de la investigación del ente acusador que pretende develar si varios directivos de la corporación deportiva habrían lavado dinero de la mafia.
El Espectador tuvo acceso al estudio patrimonial del club deportivo, consolidado por la Dirección de Investigación Criminal de la Policía el pasado 25 de marzo. Sus conclusiones siembran más sospechas que certezas sobre el manejo aparentemente irregular de la nómina de jugadores, la compra de uniformes, los pagos de transportes, alojamientos y viajes internacionales, la suscripción de contratos, el manejo de las cuentas bancarias, el recaudo de las taquillas y las obligaciones financieras contraídas por los dirigentes del DIM.
Según la denuncia de Avalos, quien fungió como revisor fiscal del Deportivo Independiente Medellín desde marzo de 2000 a febrero de 2005, el ex presidente del club, Rodrigo Tamayo Gallego, quien incluso antes de figurar como directivo oficial manejaba y financiaba desde la sombra al DIM, ha sido el genio de una compleja operación ilegal —maquillada con las transacciones naturales del club— de lavado de activos, testaferrato, corrupción, evasión de impuestos, ingreso ilegal de divisas, uso indebido de nombres y contabilidad fraudulenta.
Para sustentar su denuncia, Avalos aportó documentos, soportes contables, actas del club con nombres y número de acciones de los socios —muchos de los cuales fueron durante largo tiempo miembros del grupo familiar de Tamayo—, pagarés ficticios y cheques cobrados por personas inexistentes, números de cuentas bancarias y, según él, transacciones ilegales financieras. El principal acusador del ex presidente del equipo tetracampeón del fútbol colombiano le aseguró a la Fiscalía que Tamayo “pudo hacerse, entre 2000 y 2005, a $25 mil millones irregularmente”.
El seis de mayo último, un fiscal se desplazó a Medellín para tomarle una nueva declaración a Juan Bautista Avalos. En principio, contó que cuando llegó como revisor fiscal se encontró con una ciénaga de anomalías: el equipo tenía pocas cuentas bancarias para facilitar la operación de lavado y, en cambio, era común ver la entrega de costales repletos de efectivo que eran repartidos entre los socios. “El caos era tal que durante años los bancos le cerraron las puertas al equipo”, dijo, y añadió que aunque se percató de todas estas maniobras, presuntamente fraudulentas, sólo las denunció cuando recopiló las evidencias porque temía las represalias de Tamayo, un poderoso negociante que, de acuerdo al relato de Avalos, “era un mafioso de la escuela de Pablo Escobar”.
“Si no tuviera rabo de paja y esos retiros no hubieran sido una operación de lavado de activos, los cheques o el efectivo habrían salido a nombre de él y no de terceros absolutamente desconocidos para la entidad, como sacados de un directorio telefónico. Siempre el concepto de los cheques era ‘devolución del dinero recibido para terceros’, lo cual era falso porque esa gente nunca le dio plata al Deportivo Independiente Medellín”, le manifestó Avalos a la Fiscalía. Y se explayó en una serie de hechos que, a su juicio, confirman el origen mafioso del patrimonio de Tamayo.
Por ejemplo, contó que un ex trabajador de las divisiones inferiores del equipo le confesó que años atrás había trabajado con Tamayo cuidando bodegas con cocaína en Estados Unidos; que un mensajero jubilado del club le dijo que fue testigo del las tulas con plata que les enviaba Tamayo a los directivos; y que conoció el original de una carta firmada por el capo Pablo Escobar en la que instaba a Tamayo a que le pagara 400 mil dólares. Incluso, le aseguró Avalos a la Fiscalía, el vicepresidente Francisco Santos le dijo que tenía conocimiento de las andanzas supuestamente ilegales de Rodrigo Tamayo.
El informe contable
El documento elaborado por la Policía hace un barrido contable del equipo desde 1989 hasta hoy. En esencia, enumera anomalías tan protuberantes como la detectada en el año 1996, en donde aparecían registrados 2.450 socios del club, 462 de los cuales no figuraban con documento de identidad. Es decir, eran registros fantasmas. Así mismo, se revisó año por año los contratos del club y se hallaron inconsistencias. Entre 1989 y 1997, por ejemplo, no se registraron en los soportes contables las compras y ventas de los jugadores Víctor González Scott, Álex Comas, Gabriel Jaime Gómez, Francisco Casiany, Diego León Osorio, Gildardo Gómez, Luis Carlos Perea, entre otros.
En los contratos publicitarios, dice el estudio contable, “se encuentran inconsistencias como la falta de firmas, fecha y consecutivo de los mismos”. Entre 1993 y 2001, el club invirtió más de $9.000 millones en este rubro. El análisis de la contabilidad revela que muchos de los dineros de las taquillas se abonaban a cuentas de Rodrigo Tamayo; también se encuentran pagarés por un valor de $1.112 millones en favor de particulares, en los cuales no se estipuló ni las formas de pago ni los intereses pactados. Igualmente, los investigadores descubrieron millonarias transacciones fraccionadas en valores menores a $10 millones, muchas realizadas el mismo día.
El club, entre 1990 y 1993, obtuvo un incremento injustificado de más de $1.000 millones. De acuerdo con informes oficiales del DIM, Rodrigo Tamayo ha venido apareciendo en las cuentas por pagar del club desde hace 15 años. Incluso, en un documento del DAS la contadora del equipo, Soraya del Pino, manifestó que Tamayo “era el encargado de buscar recursos para solventar el club”. Concluye el documento que al efectuar una comparación entre los ingresos y egresos relacionados en el expediente con los estados financieros “se encuentran diferencias en los valores”.
Y agrega que “en cuanto a los contratos realizados con los jugadores o los equipos existe mucha diferencia entre lo registrado y lo encontrado físicamente”. En últimas, el informe que analiza la Fiscalía da luces sobre los aparentemente irregulares manejos financieros de un club histórico y querido por los colombianos, que, al parecer, no ha sido ajeno a los dineros calientes que desde hace dos décadas ha invertido la mafia en el lucrativo negocio del fútbol profesional.
“Todo ha sido transparente”: Rodrigo Tamayo
El empresario Rodrigo Tamayo Gallego siempre ha sostenido que sus actuaciones en el Club Deportivo Independiente Medellín han sido transparentes. “Todo lo que hicimos fue limpio y está listo para ser revisado por quien sea”, ha dicho a distintos medios de comunicación. Y también ha recordado que desde hace siete años es pastor de la Iglesia Cristiana Adventista y que, por lo tanto, “sé que Dios está conmigo y no tengo nada que esconder”.
De igual manera, ha refutado con vehemencia las denuncias del ex revisor fiscal Juan Bautista Ávalos. Según él, es un empresario de bien que nunca ha tenido relaciones con el mundo de la mafia, que tampoco ha utilizado testaferros para lavar dinero y que sus aportes al equipo se han dado porque profesa un amor entrañable por el club, como así lo pueden atestiguar sus amigos.
El empresario, además, ha sido enfático en que las denuncias de Ávalos carecen de todo sustento y que son una retaliación porque el entonces revisor fiscal no recibió unos dineros que reclamaban y que, según Tamayo, no le correspondían.