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A las 10:57 de la mañana del pasado 26 de noviembre, el fiscal tuvo que suspender por 10 minutos la declaración del exministro de Justicia Enrique Parejo González. A sus 86 años, justo en el instante en que recordó cómo se había enterado de la muerte del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, no aguantó las lágrimas. Antes de llorar, Parejo se quejaba con la Fiscalía de que esos 6 y 7 de noviembre aciagos de 1985 los ministros no fueron informados completamente de la barbarie acontecida en el Palacio de Justicia. Este audio lo resume todo.
El Espectador conoció las cinco horas de declaración que Parejo González le dio a la Fiscalía a finales de noviembre pasado. En varios apartes es constante su tristeza por la carnicería que vivió Colombia en plena Plaza de Bolívar de Bogotá y a escasas dos cuadras de la Casa de Nariño. “Yo he lamentado que a los ministros no se nos informó de manera completa, no teníamos la información disponible que nos permitiera tener alguna participación al menos con opiniones de lo que estaba pasando dentro del Palacio de Justicia. Esa ha sido mi constante manifestación (llora). ¡Posiblemente el presidente tampoco!”, declaró.
Una versión que contraría la posición que durante los últimos 30 años ha defendido Belisario Betancur, quien siempre ha dicho que tuvo el control del Gobierno. En su relato sostuvo que abanderó en ese momento la necesidad de adelantar un diálogo con fines humanitarios con la guerrilla del M-19, porque sentía que debía hacer todo lo posible por salvar las vidas de los magistrados y civiles que habían sido tomados como rehenes. Parejo recordó vívidamente la corta conversación que sostuvieron el jefe insurgente Luis Otero y el director de la Policía, general Víctor Delgado Mallarino, por el altavoz del Palacio. En la trasescena retumbaba la guerra.
El oficial le dijo a Otero que se rindiera, que no tenía posibilidad alguna de salir del Palacio, que el M-19 estaba rodeado y que estaban dispuestos a garantizarles la vida y un juicio justo. Otero rechazó la propuesta, responsabilizó al gobierno Betancur de lo que pasara de ahí en adelante y le pasó el teléfono al angustiado presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía, quien estaba a su lado. “(Reyes Echandía) Prácticamente derrumbado por la inexistencia de la posibilidad de buscar un entendimiento entre la Fuerza Pública y la guerrilla, le dijo al general con voz de súplica que diera la orden del cese al fuego para evitar una tragedia. ‘Nos van a matar Víctor Alberto’”.
Fue uno de los momentos más tensos de esas 30 horas fratricidas. Ahí Parejo propuso, previa consulta con otros miembros del gabinete, que lo dejaran hablar con uno de los comandantes del M-19, Andrés Almarales. Lo conocía porque habían ido juntos a la misma escuela primaria y al mismo colegio de bachillerato en Ciénaga (Magdalena). No fue posible el contacto y minutos después el presidente Betancur “dijo que ya el Gobierno le había hecho una propuesta a la guerrilla con plenas garantías y que esa propuesta no fue aceptada por el grupo guerrillero”.
El testigo insistió, no obstante, que se había dispuesto que mientras él hablaba con Almarales a través del teléfono se parara el operativo que tenía preparado la Policía para derribar una puerta metálica del cuarto piso con el fin de rescatar a los rehenes. “Los ministros aceptaron, no se sometió a votación ni nada, pero hubo consenso en que convenía que se buscara un contacto. El mismo presidente se mostró partidario de que yo hablara con Almarales”. La conversación jamás tuvo lugar, la Fuerza Pública entró al cuarto piso después de dinamitar la puerta metálica, a partir de ahí se cortó toda comunicación entre la Casa de Nariño y el Palacio de Justicia, y empezó el incendio.
Enrique Parejo lo contó sin rodeos: “Cuando llegó Delgado Mallarino yo me exalté porque me pareció que eso (tomarse el cuarto piso) era una especie de desacato. Yo utilicé esa expresión porque solicité que se parara el operativo por el peligro que esa operación presentaba sobre la vida de los rehenes que estaban en el cuarto piso”. A renglón seguido, el exministro de Justicia planteó serios interrogantes sobre por qué el día anterior a la toma el Palacio de Justicia no tenía un solo guardia, muy a pesar de un asalto más que anunciado.
El exfuncionario contó que las amenazas a los magistrados por parte de los Extraditables eran tan fuertes, que dos meses antes de la toma el Consejo de Seguridad del Gobierno, presidido por el presidente, ordenó redoblar la seguridad en el Palacio de Justicia. Sin embargo, cuando él y otro ministros le exigieron explicaciones al ministro de Defensa, general Miguel Vega Uribe, su respuesta los desconcertó. Según Vega Uribe, se retiró la escolta por petición de Reyes Echandía. De hecho, el ministro de Defensa presentó un informe firmado por dos coroneles de la Policía que así lo reportaban. Este es el audio.
Una tesis que jamás le cuadró a Parejo porque esos oficiales “no tenían competencia para suspender una medida tomada por el Consejo de Seguridad, integrado por varios ministros, el director de la Policía y el director del DAS”. En palabras castizas, Parejo señaló que dos coroneles no podían sin ton ni son derogar una orden presidencial así no más. “Eso fue una arbitrariedad. Yo creo que los coroneles o recibieron una orden superior o se les pidió que elaboraran un informe sobre eso. Esa decisión ni siquiera la podía tomar el presidente de la Corte, Alfonso Reyes”.
Asimismo, el declarante no dudo en afirmar que hubo una clara obstrucción de la Fuerza Pública a los jueces de instrucción criminal que intentaron reconstruir lo ocurrido en el holocausto. “La Fuerza Pública dificultó el rescate de los magistrados y los cuerpos, movieron cadáveres quemados y les pidieron a los bomberos que los lavaran. ¡Yo los vi lavados, limpios, en la planta baja del Palacio de Justicia! ¿Cómo hacen eso con un suceso de semejante magnitud? ¡Querían lavar las huellas de las barbaridades!”. Este es el audio.
Muy molesto Enrique Parejo le reclamó al ministro de Defensa por la pésima custodia de sus hombres a una escena del crimen, en el que se contaban cerca de un centenar de muertos. Así le reclamó el entonces ministro de Justicia. El testigo también relato que la Fuerza Pública impidió que la Cruz Roja pudiera mediar para la liberación de los rehenes ese 6 de noviembre de 1985. Incluso contó que el magistrado Reynaldo Arciniegas, que fue liberado, y al parecer tenía un mensaje para el presidente Betancur, “la tropa no lo dejó pasar. Él me contó en mi despacho que no lo habían dejado entrar (a la Casa de Nariño)”.
Al final, Parejo fue más gráfico. Dijo que el 8 de noviembre se dio cuenta del escenario en el que habían muerto Andrés Almarales y los rehenes. “Eran esos baños con tabique metálicos que estaban perforados con balas de misiles y sangre por todas partes. Hasta huellas de los heridos que dejaron al caer. Esa fue una masacre. No permitieron que saliera con vida ni un guerrillero (...) Yo sé cómo murió Almarales: estaba sentado sobre una taza de baño, desde el orinal daba las órdenes. Lo encontraron con un tiro en la sien y otro en el pecho. Él se suicidó”.
Por un segundo Parejo reflexionó y se atrevió a decir: “O la Fuerza Pública lo vio ahí y como tenían jurada una venganza con la guerrilla por lo que le habían hecho con el robo de las armas (del Cantón Norte), tenían una rabia tremenda, incompatible con una sana administración de justicia. ¡Aquí la rabia se vio como arma para disparar contra los guerrilleros!”. Su dramática versión revela que lleva 30 años con una angustia que no cesa, esa herida abierta que jamás cicatrizó llamada el Palacio de Justicia.