No hay enemigo de Colombia que Óscar Adolfo Naranjo Trujillo no haya declarado también su enemigo personal. Cuando Pablo Escobar quiso arrodillar al Estado con bombas y sicarios, Naranjo puso su cuota para frenarlo. Cuando los Rodríguez Orejuela quisieron entronizarse como los reyes del narcotráfico, Naranjo hizo lo que mejor sabía hacer y los capos terminaron arrinconados. Cuando el secretariado de las Farc parecía realmente intocable, los hombres de Naranjo se infiltraron, rastrearon, ubicaron y derrumbaron el mito. Cuando las bacrim salieron a la superficie, empezaron asimismo a conocer la determinación de Naranjo para acabar con ellas.
Cada acción la emprendió siempre desde la inteligencia, esa trinchera que escogió desde el principio para atacar todos los rostros de la ilegalidad. En los años 80, cuando su padre el general Francisco Naranjo ocupaba la misma silla en la que él se posesionó en mayo de 2007, entendió que el narcotráfico sería la pesadilla que nunca lo dejaría dormir en paz. A la vez entendió que la única manera de someter a su adversario sería dejando atrás la recolección de información a la usanza militar basada en soplones. De su mano, la inteligencia se volvió una labor sofisticada, llena de tecnología avanzada, tareas encubiertas y agentes secretos.
Se retira luciendo cuatro soles sobre sus solapas. No hay otro oficial en la Policía que ostente tal distinción. Ese fue el gesto que el presidente Juan Manuel Santos encontró para decirles a ciertos sectores del país que Óscar Adolfo Naranjo Trujillo contaba con el respaldo de su gabinete; un día antes de la ceremonia, un cable de wikileaks había revelado que el general sospechaba de la posible relación entre Bernardo Moreno y José Obdulio Gaviria con las ‘chuzadas’. Gaviria pidió de inmediato su cabeza pero Santos, en cambio, lo atornilló en su cargo. Incluso Myles Frechette, exembajador de Colombia en Estados Unidos, salió en su defensa: “el general Naranjo es una persona honorable, un gran patriota”.
Son varios los dirigentes que han rodeado al alto oficial ante el asomo de escándalos. El año pasado, por ejemplo, mientras la opinión pública lo quería ver en el banquillo de los acusados por el declive de la seguridad en Bogotá, el ministro de Defensa Rodrigo Rivera rechazó las críticas: “Es curioso que en otros países resalten su labor y aquí no resalten su gestión con la seguridad ciudadana. Por algo dicen que nadie es profeta en su tierra”. En 2007, cuando la revista Semana reveló que desde la Dipol se había ‘chuzado’ a periodistas y miembros de la oposición, el entonces presidente Álvaro Uribe no sólo lo retuvo en la institución, sino que se saltó a 11 generales y lo nombró a él como director.
Paradójicamente la Dipol, central de inteligencia de la Policía, fue fundada por Naranjo. Bajo su mando, desde mucho antes de que alcanzara el generalato, generaciones de oficiales comenzaron a formarse para realizar delicadas labores de inteligencia y contrainteligencia. Los datos recopilados por esos oficiales fueron piedra angular de operaciones como ‘Fénix’ (en la que murió Raúl Reyes), ‘Camaleón’ (en la que fueron rescatados cuatro militares) o ‘Sodoma’ (en la que murió el Mono Jojoy). En mayo de 2011 el general Naranjo sentenció el destino del máximo jefe de las Farc: “Alfonso Cano tiene las semanas contadas”. Y así fue. Luego de 26 semanas Cano, de nuevo con apoyo de inteligencia policial, cayó en Cauca.
Nadie dudaría en afirmar, sin embargo, que el mejor defensor de Naranjo es él mismo. Durante su dirección fueron capturados peces gordos del narcotráfico como Diego León Montoya, alias Don Diego; Miguel Ángel Mejía Múnera, alias El Mellizo, y Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Este último, luego de asegurar que Naranjo tenía nexos con la mafia, terminó pidiéndole perdón ante una fiscal y una procuradora. En diciembre pasado el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo también salió lanza en ristre contra el general, llamándolo un “sepulcro blanqueado”. “Yo no voy a entrar en ese juego”, le respondió el oficial.
El propio Naranjo ha admitido que hasta capos como Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño, han dicho “cualquier cantidad de cosas” sobre él. Pero son afirmaciones, aclara, “trastocadas y tergiversadas”. El nombre de Óscar Adolfo Naranjo Trujillo se convirtió en el ‘coco’ de los narcotraficantes, al punto que la mafia buscó desprestigiarlo de todas las formas imaginables. El tiempo vino a comprobar que dichas estrategias no lograron ni despeinarlo. Después de un lustro de desgaste al frente de la Policía, se retira con una imagen que ronda el 80% de aceptación. Cualquier presidente envidiaría semejante respaldo.
Un oficial reconocido internacionalmente
La labor del saliente comandante de la Policía, general Óscar Naranjo, le ha merecido no sólo el reconocimiento nacional, sino también el internacional. Varios países del hemisferio lo han condecorado, demostrando que el general es un uniformado de talla mundial. Son más de 150 condecoraciones y 110 felicitaciones las que ha recibido.
El oficial, el de mayor rango en el país, es miembro honorario del Departamento Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) y ha recibido, entre otros, la Cruz al Mérito de los Carabineros de Chile, la Condecoración al Mérito de Ecuador, la Orden del Mérito Categoría A de Perú, la Cruz de la Guardia Nacional venezolana, una mención de reconocimiento del gobierno de Estados Unidos y el Medallón Barkley que otorga la Central de Inteligencia (CIA). A esto hay que agregar que desde el 14 de noviembre de 2011 el general Naranjo es secretario ejecutivo de la Comunidad de Policías de América (Ameripol).