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El perfilador criminal surcoreano que quiere ser Sherlock Holmes

El Espectador habló el surcoreano Pyo Chang-won, invitado al Primer Encuentro de Perfilación Criminal que organizó la Dijín en Bogotá la semana pasada. Su trabajo consiste en encontrar criminales a partir de detalles que nadie más ve.

El Espectador

06 de octubre de 2015 - 02:39 p. m.
Pyo Chang-won participó en el Primer Encuentro de Perfilación Criminal organizado por la Dijín. / Óscar Pérez
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Aunque no use sombrero, ni gabardina, y tampoco fume pipa, Pyo Chang-won quiere ser el Sherlock Holmes moderno. Lo ha querido desde que era niño, después de que leyó la historia del investigador inglés en un libro infantil, y en donde además aprendió que su comportamiento violento, producto de las constantes peleas de sus papás, podía ser diferente. Se obsesionó con la idea de ser como él y al terminar el colegio, entró a la Universidad de la Policía donde comenzó su formación como investigador forense.

Pero los resultados no fueron los que esperaba. Fue entonces cuando decidió viajar al país de Holmes con la idea de que allí podía aprender a ser como él. Estudió en la Universidad de Exeter donde consiguió un master y un doctorado en estudios policiacos, criminológicos y forenses, y fue allí donde se interesó en la perfilación criminal. Regresó a Corea del Sur con el objetivo de implementar los métodos de esa investigación criminal en su país y fue así como se convirtió en un personaje de la vida pública.

Su nombre aparece como autor de más de 10 libros, y en programas de televisión que él mismo ha dirigido. Además, su fama aumentó todavía más cuando en 2013 fue demandado por la Agencia de Inteligencia de su país por calumnia después de que publicara en su blog personal una nota sobre un caso de corrupción dentro de la campaña presidencial de 2012. La Fiscalía no encontró las pruebas para seguir con el caso y a Pyo Chang-won se le retiraron todos los cargos. El Espectador habló con el perfilador, considerado por sus colegas como el ‘rockstar’ de la perfilación criminal.

En Colombia no es común escuchar sobre perfiladores criminales. ¿Podría explicar de qué se trata esta profesión?

Lo que hacemos es básicamente pintar un dibujo de las principales características de la persona que ha cometido un crimen. Estudiamos e investigamos primero a las víctimas: quiénes son, a qué clase de riesgos estaban expuestos y qué tipo de relaciones sostenía. Después analizamos la escena del crimen: de qué está compuesta, si muestra señales de que hubo un conflicto o se trata de un lugar ordenado y sin ninguna alteración. También en los casos de asesinato, analizamos el estado del cuerpo: dónde están las heridas, cuántas hay, y qué características tienen; esto nos ayuda a establecer si hay heridas producidas después de la muerte. Después tratamos de encontrar evidencias conductuales como: cuánto tiempo ha estado el cuerpo en la escena del crimen, de dónde vino el criminal y por dónde escapó.

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¿Y esté análisis para qué sirve?

Con esto tratamos de construir el método que utilizó el criminalbpara cometer el crimen. Pero, además, ese análisis nos permite centrarnos en encontrar su firma, pues ella nos puede decir mucho sobre el victimario. Es una expresión de sus emociones e sus impulsos, que en la mayoría de los casos, no se da cuenta que está dejando en la escena del crimen. De esta manera, apoyamos a los detectives que están en terreno y para que reducir la lista de sospechosos.

¿Y esas firmas en dónde aparecen?

En los cortes o heridas, por ejemplo, que se producen después de la muerte de una víctima pues estas ya no son necesarias. Eso demuestra que el victimario, por alguna razón, se quiso quedar en la escena del crimen, aun sabiendo que eso aumentaba la posibilidad de ser detenido. Pero no pudo resistirse a irse y eso es una firma. A partir de ahí, analizamos sus causas, qué hizo que la persona se quedara, qué tipo de problemas psicológicos o mentales tenía el victimario.

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¿Podría decirnos un ejemplo concreto?

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En Corea tuvimos uno muy claro. Un caso de un asesino en serie que mató a una niña de 12 años, a otra de 18 y a un niño de 12. En cada uno de los casos, las manos de las víctimas fueron amarradas de una manera muy especial. Era un nudo atado con mucho cuidado y esa era la firma del atacante. Establecimos que se trataba de una persona que tenía una ocupación o vocación relacionada con los lazos y los nudos. Finalmente lo atrapamos y pudimos comprobar nuestra teoría, pues se trataba de un marinero que trabajaba en un barco en altamar.

Aunque es la primera vez que visita Colombia, usted ha podido acercarse al trabajo de la Policía en perfilación criminal. ¿Qué opina de este trabajo?

Tuve la oportunidad de analizar el caso de un asesinato brutal en el que murió un niño de ocho años en un lugar muy remoto a las afueras de Bogotá. Encontré que la Policía colombiana, especialmente en el trabajo de los agentes en terreno y los perfiladores, está muy bien entrenada y es muy profesional. Estaban guiando la investigación por el camino que era pero les hacían falta las evidencias contundentes. La falta de esas pruebas hizo que el fiscal detuviera la orden de captura, una decisión que muestra el alto nivel de profesionalismo que se está trabajando.

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¿Cuál es la importancia de su trabajo?

Creo que lo más importante de lo que hacemos está en la reducción los sospechosos y en que podemos señalar el camino para empezar una investigación. Nosotros no trabajamos en todos los crímenes, en realidad solo lo hacemos en mas o menos el 1% de los casos. Pero en los que sí entramos son casos muy complejos en donde no hay evidencias sólidas, como huellas dactilares, imágenes de seguridad, o muestras de ADN, y tampoco hay sospechosos. Sin embargo, la manera en que se cometió el crimen permite perfilar de manera psicológica a qué tipo de persona responde el victimario, y así reducir la lista de sospechosos que, en esos casos, podría ser la mitad de la población.

A comienzos de este año publicó su primera novela de ficción para niños, en donde cuenta la historia de un perfilador como una manera de inspirar a nuevas generaciones. ¿Qué se necesita para ser uno?

Lo esencial es entender a la gente. Lo más importante de perfilar es comprender los comportamientos, motivaciones y emociones de una persona que ha cometido un crimen violento. Es importante entender que esa persona es diferente a uno, pero que de todas maneras, hay que entenderla sin ninguna clase de prejuicios. Para lograr esto, siempre recomiendo leer pues en los libros es en donde más personajes podemos conocer.

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Con el mismo objetivo con el que escribió su libro, hay muchas películas y series de televisión que muestran su oficio como el de un héroe que resuelve misterios y salva personas. ¿Qué tan real son estas historias?

Primero que todo, debo admitir que a mí me gustan ese tipo de series. Pero no son más que solo un programa que no muestra la realidad sino que la dramatiza y magnifica ciertas problemáticas, e ignora muchas otras para hacer la historia interesante. Por ejemplo, los investigadores no tenemos relaciones sentimentales con nuestros compañeros de trabajo o con las víctimas durante las investigaciones; y los perfiladores no cargamos armas en nuestro cinturón. Nosotros somos personas que trabajamos detrás de las cámaras y en escritorios llenos de papeles. Nuestro trabajo es muy difícil y agotador, y nunca es tan emocionante como las series.

Usted menciona que su trabajo no es tan glamuroso como el de la televisión, y su trayectoria en su país no siempre ha estado muy bien evaluada. Sin embargo, sigue trabajando en ello. ¿Por qué?

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Por las víctimas. Tanto a las que les quitaron la vida como quienes perdieron a sus seres queridos. Ellos tienen la esperanza de que la verdad se va a conocer y que la justicia hará su trabajo. Si yo paro porque me canso o es muy difícil, eso significa que eché a perder esas esperanzas y expectativas.

¿Y alguna vez ha llegado a ese momento?

Por supuesto. He tenido muchos momentos así. Por ejemplo, me pasó en 1992 cuando estaba investigando como detective un caso que involucraba el robo del examen de admisión en una universidad de Corea que era el requisito para entrar a la institución. Pues alguien robó los papeles la noche anterior del examen y yo estaba a cargo de ese caso. Fue muy grande porque hubo una disputa entre los profesores y directivos de la universidad, y teníamos muchos sospechosos pues se trataba de un negocio de mucha plata por el monto que podían ponerle al examen para venderlo. Analizamos muchas pruebas y llegamos a tener una lista muy corta de sospechosos. Pedí una orden de captura para comenzar con los arrestos pero uno de ellos se suicidó y rompió los vínculos y pruebas que tenía. Tuve que comenzar de nuevo y ahí dije que no podía seguir más. Fueron dos meses en los que no dormí nunca en mi casa porque era un tema de interés para toda Corea. Estaba exhausto. Finalmente logró resolver el caso.

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¿Y en ese caso también fueron las víctimas las que lo hicieron seguir?

Sí, eran los que habían entrado honestamente a la universidad y quienes habían estudiado. Pero además, a mí no me gusta darle espacio a la injusticia. Yo solo trato de ser una persona correcta y hago todo lo posible para hacerlo. Pero soy humano y a veces equivoco. Pero hago lo posible para ser bueno.

Uno de sus libros se llama Quiero tener una vida como la de Sherlock Holmes. ¿Cuál es la relación de este investigador inglés con usted, un perfilador, escritor y presentador de televisión de Corea del Sur?

Cuando era niño era muy violento porque mis papás peleaban mucho y eso no me gustaba. Buscaba peleas por las cosas más insignificantes. Y en ese tiempo leí el libro para niño de Sherlock Holmes y me llamó la atención que a pesar de sus problemas, él no se ocultaba detrás de la violencia sino que recurría a su cerebro, su inteligencia y lógica. Me fascinó. Pero además, me ayudó a darme cuenta que esa no era la forma de actuar. Leí muchas historias y me propuse ser como él. Por eso el título del libro.

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¿Y ya logró convertirse en él?

No. Quiero serlo, pero todavía estoy en eso. Él es un genio y yo no lo soy.

Por El Espectador

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