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Entre el barro y las minas: un día con los soldados de desminado humanitario en Risaralda

A la fecha, el Batallón de Desminado Humanitario N° 6 ha realizado cinco destrucciones controladas de minas antipersonal, garantizando la vida de los campesinos en Pueblo Rico, Risaralda.

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02 de enero de 2026 - 11:36 p. m.
Entre el barro y las minas: un día con los soldados de desminado humanitario en Risaralda
Entre el barro y las minas: un día con los soldados de desminado humanitario en Risaralda
Foto: Ejército Nacional
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Con las botas lustradas y cubiertas de neblina, un grupo de soldados del Ejército Nacional se prepara para emprender un camino de miedo y satisfacción. Hacen parte del Batallón de Desminado Humanitario Número Seis, y mientras marchan, sus pasos se hunden entre el barro y el riesgo de no fallar en el cálculo milimétrico para no encontrar un artefacto explosivo en los caminos de Pueblo Rico, Risaralda.

Para llegar a las zonas de alto riesgo, los soldados caminan durante poco más de dos horas por trochas improvisadas, caminos abiertos a machete, rutas al borde de abismos y filos de montaña. La resistencia física, la concentración y la disciplina son sus herramientas, mientras, paso a paso, se acercan al peligro de una posible mina bajo sus pies.

Pero el miedo pasa a un segundo plano cuando piensan en los campesinos que día a día atraviesan esos mismos caminos para buscar su sustento diario, pero muchos de ellos no han regresado, el miedo de perder la vida los encierra cada vez más. La comunidad ha sido un factor clave en la tarea de los soldados.

Su labor comienza mucho antes de pisar esas tierras contaminadas por la violencia. Son los campesinos los que ayudan a reportar las zonas con sospecha de minas antipersonal. “En conjunto con la comunidad y las autoridades locales definimos dónde instalar nuestra área administrativa y recopilamos toda la información posible sobre afectaciones por artefactos explosivos”, explica el sargento primero Fabio Parra, encargado del acercamiento con la población.

Después de un mapeo con información de la comunidad, los soldados se ponen las botas y ponen a prueba tanto su entrenamiento físico como mental. “Es un terreno muy montañoso, sin descanso. Se necesita un muy buen estado físico. Caminamos cerca de dos horas hasta la poligonal, trabajamos y luego regresamos con el mismo cuidado para evitar una caída o una lesión”, cuenta el sargento segundo Walther Pardo, quien señala que a veces el trabajo duro no está solo en la tierra.

Para los soldados desminadores, cada jornada es un acto de fe, disciplina y vocación. “Aquí no existen los errores. El primero sería el último, pero cuando destruimos una mina, sabemos que estamos salvando más de una vida”, señala el soldado profesional Iban López, especialista encargado de las destrucciones controladas.

A la fecha, el Batallón de Desminado Humanitario N.° 6 ha realizado cinco destrucciones controladas de minas antipersonal, garantizando la movilidad segura de los habitantes del sector, bajo estrictos protocolos y lineamientos nacionales e internacionales.

Esos resultados operacionales se traducen en experiencias reales para las comunidades. Un campesino, nacido y criado en la vereda, hoy puede volver a trabajar la tierra que durante años fue sinónimo de miedo. “El desminado humanitario significa tranquilidad y seguridad. Nosotros andamos mucho estas montañas. Saber que la tierra está libre de minas nos devuelve la vida”.

Actualmente, la Brigada de Ingenieros de Desminado Humanitario del Ejército Nacional, integrada por más de 2500 hombres y mujeres, mantiene operaciones activas en 78 municipios de 18 departamentos del país. Su labor silenciosa, pero poderosa, transforma el miedo en esperanza, devuelve la seguridad a miles de familias.

Con las botas llenas de barro y el sudor apenas secándose tras ocho horas de trabajo buscando artefactos explosivos bajo tierra, los solados caminan otras dos horas de regreso. El reto es el mismo, cuidarse de no caer, después de asegurarse de que los campesinos de las veredas de Pueblo Rico, Risaralda ya no tendrán miedo de caer en una mina antipersonal.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

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