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10 Jan 2021 - 2:00 a. m.

“Faltan muchos nombres en el cartel de la toga”: exfiscal Gustavo Moreno

En entrevista con El Espectador, el exfiscal Anticorrupción extraditado a los Estados Unidos dice que el mensaje que se está enviando con su caso es que aquí no vale la pena colaborar con la justicia. “No tengo garantías para seguir delatando a los que fueron mis amigos y hoy son mis enemigos”.
Exfiscal Gustavo Moreno, deberá pagar una pena de 58 meses y 15 días de prisión fijada en sentencia del 7 de marzo de 2018.
Exfiscal Gustavo Moreno, deberá pagar una pena de 58 meses y 15 días de prisión fijada en sentencia del 7 de marzo de 2018.
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Gustavo Moreno Rivera es el gran testigo contra el cartel de la toga. Sus confesiones han sido determinantes para enjuiciar a poderosos excongresistas y exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia que se confabularon para torcer expedientes y favorecer la impunidad de varios intocables. Hace tres años y medio, cuando era fiscal jefe de la Unidad Anticorrupción de la Fiscalía, fue capturado con fines de extradición a los Estados Unidos tras aceptar que recibió un soborno de US$10.000 de Alejandro Lyons, exgobernador de Córdoba. Desde que se descubrió su rol en este sofisticado esquema de corrupción, Gustavo Moreno tomó la decisión de contarle todo al país y fue así como terminaron detenidos los exsenadores Musa Besaile y Álvaro Ashton y los exmagistrados Francisco Ricaurte y Gustavo Malo.

Mientras se surtía el juicio político en el Congreso contra el exmagistrado Leonidas Bustos, este salió del país con destino a Canadá y nunca regresó. Y luego se fueron sumando a la lista otros nombres de implicados, algunos de los cuales negociaron acuerdos con la justicia. Nadie duda, pues, de la colaboración de Gustavo Moreno para aclarar el peor escándalo de corrupción en la cúpula de la justicia colombiana. Sin embargo, tras su regreso al país, el pasado 4 de diciembre, ha denunciado que le cambiaron las reglas de juego, que le prometieron una guarnición militar o de policía para purgar su condena y no una cárcel común, como La Modelo. Con voz angustiada, Moreno se comunicó con El Espectador para dejar constancia de que aún falta mucho por saberse de este caso y está convencido de que lo pueden matar pronto. Su última respuesta quedó en punta.

¿Por qué lo trasladaron a la cárcel Modelo el 31 de diciembre si un juez de la República había determinado que su sitio de reclusión era CESPO?

Aquí hay un acto de sevicia y unas decisiones arbitrarias que no solo ponen en riesgo mi vida, sino que además buscan que yo no salga a declarar en las diligencias que tengo. Me trasladaron a un patio de personas que han sido juzgadas por la justicia ordinaria. Yo, como exfuncionario, corro riesgos en este tipo de cárceles y de patios, porque por mi actividad como fiscal es normal que aquí haya personas que tengan animadversiones contra cualquier exfiscal. Y más en mi caso, donde soy testigo o, como dicen acá, un sapo.

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¿En qué patio está y con qué internos comparte reclusión en La Modelo?

Estoy en el patio tres y totalmente aislado por condiciones de la cuarentena. Y vea: un exfuncionario como yo, que está cooperando, que tuvo como fiscal investigaciones que seguramente estarán vigentes, incluso contra el INPEC... La norma prevé que los exfiscales, los exfuncionarios, deben ir a los patios conocidos como ERE y esta decisión en mi contra es arbitraria y desconoce un acuerdo de cooperación que exigió como requisito, para tener la tranquilidad de hablar contra las personas poderosas de las cuales estoy hablando en los procesos y en los juicios, que se me garantizara mi vida en una guarnición militar o de policía y eso ya lo había ordenado un juez de la República. Me están cambiando las reglas de juego.

¿Cómo es su celda y su día a día en La Modelo?

No estoy recibiendo alimentos de ningún tipo porque en La Picota, como lo recuerda el país, se presentó un episodio de envenenamiento y no estoy recibiendo los alimentos porque para mí es muy sospechosa la forma como me trasladaron y el día que me trasladaron. Así que me estoy alimentando con las cosas que venden en el expendio de la cárcel: cocacolas, papas, cosas de paquete muy mínimas, esperando que los jueces de tutela se pronuncien porque yo estoy pidiendo que me garanticen la vida y la seguridad. ¿Usted cree que yo puedo salir con tranquilidad a hablar en un juicio sin saber qué pueda pasar en un centro de reclusión como este? Yo no conozco la población interna, no tengo trato con ella, estoy aislado. Esta es una celda normal, en un pasillo que desocuparon para que hiciera la cuarentena. Pero mis preocupaciones son fundadas. Cualquier testigo al que le cambien las reglas de juego así estaría preocupado. En el búnker de la Fiscalía había varias personas en las celdas esperando traslado para La Modelo y no les habían dado cupo, y llego yo, deportado, y me encuentro con un traslado sacado debajo de la manga.

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¿Y quién está detrás de toda esta estrategia contra usted?

Todas las personas que hicieron parte del cartel de la toga. Y veo como testigos y cómplices al ministro de Justicia, que es el jefe del INPEC, y además a la jueza de ejecución de penas que ordenó mi traslado, a pesar de que tan solo días antes había ordenado que se cumpliera la orden del juez de control de garantías que me había enviado a CESPO. Sin duda, hay lazos oscuros y personas interesadas en que yo esté en riesgo o que atenten contra mi vida para callarme.

¿Usted cree que sin su testimonio los procesos del cartel de la toga se caerían?

Yo creo que hay prueba suficiente sin mi testimonio, pero es necesario que el país conozca qué es lo que está pasando: hay juicios en los que falta que yo declare y no ha salido avante aún el juicio del exmagistrado Leonidas Bustos; faltan varios congresistas, hay investigaciones que no han avanzado y, desde luego, el hecho de que mi vida sea segada favorece a todas estas personas. Y esos casos y actos de corrupción podrían quedar en la impunidad.

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¿Usted cree que lo van a matar en la cárcel?

Yo tengo temor y un riesgo fundado porque soy testigo y un exfuncionario de la Fiscalía. Me equivoqué, pero estoy tratando de hacer las cosas bien.

¿Cree que esas personas con las que usted se confabuló para ejecutar esos actos de corrupción en el pasado son capaces de mandarlo a matar?

¡Pero claro, si hay senadores que tuvieron vínculos con los grupos paramilitares! No me queda la menor duda. Y esas alianzas las han admitido. Aquí en un país donde la vida no vale nada, no me queda la menor duda. Hay personas a las que han asesinado con una botella de agua porque los han envenenado recientemente; por eso he tratado de que la opinión pública conozca lo que están haciendo. El mensaje que están enviando aquí es que no vale la pena colaborar con la justicia, no vale la pena delatar ni declarar contra los corruptos porque nos pueden asesinar.

¿Por qué dice usted que ese es el mensaje?

Porque a mí me dieron como garantía para poder hablar y pararme en los escenarios judiciales que iba a tener la tranquilidad de que no iban a atentar contra mi vida y que tendría un centro de reclusión donde no estuvieran personas que yo investigué ni personas que tuvieran una animadversión contra gente de la Fiscalía. Y esas reglas de juego me las cambiaron el 31 de diciembre para que el país no se entere. Sin duda algo está pasando. Hay juicios y procesos donde yo debo ir a declarar y mi ausencia favorecería a esas personas que están siendo juzgadas.

¿Qué porcentaje se sabe hoy del cartel de la toga?

Falta mucho todavía. Esas personas todavía tienen muchos secretos; esos secretos han hecho que esos hilos de poder se muevan para que este tipo de decisiones en mi contra se tomaran. No me queda la menor duda.

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¿Pero, de todo lo que ha sabido el país, cuánto se sabe del cartel?

Muy poco, muy poco, realmente lo que fue objeto de colaboración fue lo que apareció en los audios de la DEA y eso fue lo que llamó la atención en su momento de los órganos de control, pero hay mucho más y por eso temo por mi vida y por eso le pido al procurador y al señor presidente, que se han comprometido a librar una lucha contra la corrupción, que hagan algo, porque no tiene sentido que las personas que decidimos arriesgar nuestras vidas y cooperar como testigos seamos tratados de esta forma. Esto es una tortura psicológica.

Perdóneme le insisto: ¿se conoce un 10, un 20 un 30 % apenas del cartel de la toga?

Hay más personas que se beneficiaron y hay otras tantas que estuvieron al servicio de la judicatura de esta organización que se ha conocido como el cartel de la toga. Yo en este momento no me siento con garantías para hacer ese tipo de afirmaciones. Mire dónde estoy y si sigo hablando no sé dónde voy a estar.

¿Faltan muchos nombres de implicados en conocerse?

Sin duda, sin duda. Estuvimos mucho tiempo y ellos estuvieron mucho tiempo en el poder y la gente sabía qué hacíamos y la forma en que se podía beneficiar y lo que tenían que pagar, sin duda.

¿Qué tipo de personajes le falta a usted mencionar? ¿Exfiscales, exmagistrados, excongresistas, políticos?

Claro que sí, le ruego que me entienda, pero en estas condiciones no me siento con la seguridad ni la tranquilidad. No sé qué me pueda pasar, no sé a dónde me puedan sacar, no sé a dónde me puedan llevar, no tengo garantías para seguir hablando, cooperando y delatando a los que fueron mis amigos y compañeros y hoy son mis enemigos. Que el país sepa, si me llega a pasar algo, quiénes son los responsables y quiénes están detrás de esto. Resulta absurdo que el principal testigo del cartel de la toga esté en La Modelo y sea tratado así, mientras que algunos implicados por mis confesiones están libres o en detención domiciliaria.

¿Usted se ha asegurado de que si le pasa algo la información que usted tiene sea divulgada y conocida?

Mis abogados conocen parte de la información. Y yo he tratado… (Justo ahí se cortó la llamada de Gustavo Moreno desde la cárcel La Modelo).

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