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En los últimos seis años, el incremento del pie de fuerza pública ha sido una de las características más notorias del mandato del presidente Álvaro Uribe: según reporta el Ministerio de Defensa, mientras en 2002 los integrantes de las Fuerzas Armadas eran 307.703, en julio de 2008, la cifra fue de 424.873. Un aumento del 28% cuyo objetivo principal, como estaba consignado desde el programa de gobierno de Uribe Vélez, era conseguir la derrota de las guerrillas. El crecimiento implicó también la profesionalización de las tropas, mejoras en las comunicaciones y fortalecimiento de la aviación.
No obstante, las Farc, aunque con grandes limitaciones, se adaptaron rápidamente a las nuevas condiciones de combate. Al menos esa es una de las conclusiones de ‘¿El fin del fin? Crecimiento militar y re-acomodamiento subversivo’, el más reciente informe de la Corporación Nuevo Arco Iris, conocido por El Espectador, en el que se afirma que si bien las Farc, desde el inicio de la política de seguridad democrática han perdido hombres, mandos medios, comunicaciones, vías de abastecimiento y han sido desplazadas a sus zonas de retaguardia; éstas han hecho modificaciones en su interior para lograr hacer frente a la arremetida militar que afrontan.
Prueba de ello, sostiene el documento, es que las Farc poseen 74 frentes, muchos de ellos con muchos hombres y un alto nivel de operatividad. Algunos ejemplos son el frente 27, que opera en la Serranía de la Macarena con cerca de ocho grupos de combate, cada uno con 54 hombres; el frente 1, conocido por haber tenido a su cargo secuestrados políticos y militares, opera en las selvas del Guaviare y tiene por lo menos 1.000 hombres; el 16 (Guainía y Guaviare), que era comandado por el Negro Acacio; el 39 (Meta y Vichada), que tiene una gran capacidad de ofensiva militar, al igual que el 21 (Tolima) y el frente 10 (Arauca).
Según Ariel Ávila, coordinador del Observatorio de Conflicto Armado de la Corporación Arco Iris, cada frente cuenta, en promedio, con 130 integrantes. Un número de fuerza con grandes posibilidades de hacer daño, si a éste se les suman la existencia de 26 columnas móviles como la Jacobo Arenas, Teófilo Forero, Jacobo Prias Alape, Mariscal Sucre y Daniel Aldana; 23 compañías móviles y el bloque móvil Arturo Ruiz. Sin embargo, resultados como la neutralización del 40% de las estructuras urbanas de la Farc demuestran que la Fuerza Pública también ha contrarrestado estas cifras.
Camilo Gómez Alzate, ex comisionado de paz durante el gobierno de Andrés Pastrana, considera que las Farc están en un proceso decreciente desde el año 2000, cuando el fortalecimiento de las Fuerzas Militares empezó a notarse y trajo consigo un retroceso de esta organización guerrillera.
Lo que no implica, dice Gómez Alzate, que estén acabadas. “Yo sería cauteloso en afirmar que las Farc están próximas al fin, porque pocos hombres con armas pueden hacer mucho daño. Siguen teniendo una fuerza importante, la cual el mismo Gobierno calcula en por lo menos 10.000 hombres que pueden causar muchos estragos”, sostuvo.
Indica el informe de la Corporación Arco Iris que, de establecerse una conclusión, ésta no sería la victoria militar para una de las partes. Los acelerados cambios de las condiciones y la capacidad de adaptación de los grupos en este conflicto irregular no lo permitiría. Un ejemplo de ello es cómo el progreso en la aviación de las Fuerzas Armadas obligó a las guerrillas a movilizarse en grupos muy pequeños y evitar concentración de tropas. Además, que las Farc tengan bajo su poder a secuestrados les ha dado impacto y relevancia internacional, con lo que el aspecto militar se convirtió en una guerra de legitimidades y visibilidad política.
El director del Semanario Voz, Carlos Lozano, considera que las Farc tienen su estructura completa y que así lo ratifican los mismos militares y el propio ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, cada vez que le atribuyen un atentando o golpe terrorista al grupo subversivo, como la bomba al Palacio de Justicia de Cali del pasado primero de septiembre. “Las Farc han mostrado su capacidad para recomponer al Secretariado, para reaccionar. No es bueno subestimarlas, en eso se equivoca el Gobierno. Más que mirar una línea militar para enfrentarlas, hay que insistir en la línea política”, expresó Lozano.
Concluye el informe que la dinámica del conflicto ha cambiado en los últimos años. Por ejemplo, se ha incrementando el uso de minas antipersonal y los afectados, en su mayoría, son militares. De hecho, en 2006, Colombia registró la mayor cantidad de víctimas de estos explosivos en el mundo.
De igual forma, las muertes en combate han disminuido, mientras que las bajas por disparos de tiradores de precisión han crecido. Aunque casi siempre los operativos militares culminan en mantener a las guerrillas en sus retaguardias estratégicas, alejadas de los centros urbanos, esto puede implicar una prolongación del conflicto y un número superior de víctimas en el futuro.