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Un fiscal de la Dirección de Análisis y Contexto ordenó la exhumación de los restos del exministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado el 30 de abril de 1984 en el norte de Bogotá cuando el vehículo en el que se movilizaba fue interceptado por sicarios motorizados que le dispararon en repetidas oportunidades causándole la muerte de inmediato.
La decisión se tomó por las dudas que presentó en un informe el exdirector del Instituto de Medicina Legal, Máximo Duque. En el mismo planteó diferentes cuestionamientos sobre la trayectoria de los proyectiles que acabaron con la vida de Lara Bonilla. Duque asegura que en los primeros estudios de necropsia practicados en la época dejan entrever que se presentaron dos puntos de ataque.
Se indica que las primeras versiones establecieron que los sicarios, que se movilizaban en una motocicleta a 80 kilómetros por hora, abordaron el vehículo del ministro por la derecha, sin embargo existen registros que uno de los disparos se efectuó por el lado izquierdo del carro.
Al revisar otros documentos y fotografías de la época se puede verificar que pese a que los asientos en los que se encontraban el conductor y el escolta de Lara Bonilla fueron alcanzados por las balas. Sin embargo, ellos resultaron ilesos, esto ha generado una duda frente al hecho si el vehículo fue detenido y ellos salieron del mismo.
La investigación busca establecer si existió participación de agentes del Estado en el crimen de Lara Bonilla, cuyo asesinato fue planeado por el jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar y otros narcotraficantes.
Pese a que los autores materiales fueron capturados y condenados la investigación se dirige a identificar a todas las personas ordenaron o estuvieron tras la planeación de este asesinato que enlutó a todo el país.