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Guerra de la mafia más allá de las fronteras

La muerte, esta semana,  de Juan Sebastián Galvis en Argentina prendió las alarmas. Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, y Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, los promotores de la violencia. Entrega de ‘Rogelio’ en Argentina puede ser el origen de la muerte de colombianos.

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Redacción Judicial
28 de febrero de 2009 - 10:00 p. m.
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La guerra de los carteles de la droga colombianos no conoce fronteras ni perdona venganzas. La evidencia tiene en ascuas a las autoridades judiciales en Buenos Aires. A balazos, cuando esperaba a su padre a la salida de un almacén de náutica en el exclusivo sector de San Fernando, fue asesinado el joven de 29 años Juan Sebastián Galvis Ramírez. A pocos metros estaba su cuñado Jorge Iván González Ramírez. Hoy, paradójicamente, las pesquisas en Colombia y Argentina están más interesadas en el sobreviviente que en el difunto.

De Juan Sebastián Galvis Ramírez se sabe que llegó por primera vez a Buenos Aires en julio de 2008, que al momento de su muerte tenía 34 años y que, según el juez federal, Federico Faggionato Márquez, desde 2008 era investigado por tráfico de metanfetaminas. En cambio de su cuñado González Ramírez, de quien se dice en Argentina que era el verdadero objetivo del ataque y que los sicarios se equivocaron, empiezan a salir a flote diversas historias. Él testificó que vivía en Buenos Aires huyendo de la guerrilla porque lo había secuestrado. La justicia dice otra cosa.

Aún no es claro si se trata de un homónimo, pero en los registros judiciales aparece un tal Jorge Iván González Ramírez involucrado en un escándalo de marca mayor en Colombia en abril de 2004. El personaje fue vinculado a un singular expediente: presuntos negocios entre las Farc en el departamento de Arauca y narcotraficantes y paramilitares en Antioquia y Cundinamarca con un propósito común: el tráfico de cocaína. La famosa operación ‘Gato Negro’, eje de las primeras evidencias internacionales contra las Farc por el ilícito negocio de los narcóticos.

Y mientras las autoridades de Colombia y Argentina se devanan los sesos buscando los antecedentes de González Ramírez, dos fuentes de El Espectador vinculadas a estratégicos sectores de la inteligencia nacional aportaron un explosivo dato por comprobarse: Jorge Iván González es, ni más ni menos, uno de los hijos del coronel (r) Danilo González, “El Pepe Mayor”, el ex oficial de la Policía que de ser el avezado unifomado que combatió a Pablo Escobar en sus tiempos de terrorista, pasó a convertirse en aliado del cartel del norte del Valle y criminal de turno en los secretos del ‘Cartel de los sapos’.


Cierto o no, la realidad es que por Argentina está pasando el posconflicto de la segunda guerra del narcotráfico en Colombia, o la tercera de la lucha contra la esclavitud de la droga. La primera la libró Pablo Escobar Gaviria a punta de terrorismo, hasta 1993 cuando cayó abatido por la Policía y ‘Los Pepes’ en Medellín. La segunda terminó con la extradición de los jefes del paramilitarismo, quienes en realidad eran jefes mafiosos. La tercera empieza y la comunidad internacional está detectando a los promotores. Seguramente en México, Colombia o Argentina se desarrolla la ofensiva.

Y esa violencia pasa por una guerra inusual entre dos jefes narcoparamiltiares extraditados: Carlos Mario Jiménez, alias Macaco y Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna. Curiosamente, dos colosos de la barbarie que pasaron de enemigos o amigos a aliados o cómplices. En los tiempos de Pablo Escobar estaban en el mismo frente de la droga y el terrorismo. Después se dividieron entre capos. Macaco apoyó a Wílber Varela, alias Jabón  y Don Berna a Diego León Montoya, alias Don Diego, recientemente extraditado a Estados Unidos. Las víctimas de ambos frentes se cuentan por miles.

En 2002, cuando surgió la opción de saldar su violencia por la vía política, Macaco y Don Berna volvieron a unirse, e incluso saldaron por el propósito común de la vía expedita un saldo aparte. A Macaco y su socio Jabón se sumó el coronel (r) de la Policía Danilo González. A las filas de Don Diego se agregó otro ex oficial de la Policía corrupto, Jaime Hernán Pineda Camargo, alias Pispis. El segundo mató al primero. Esa venganza nunca se saldó. De repente es una vendetta que apenas cobra sus dividendos.

De todas maneras, por la vía ligera de la Ley de Justicia y Paz, Macaco y Don Berna, sin salirse del narcotráfico, pretendían volverse políticos, o al menos quitarse de encima miles de muertos de su violencia paramilitar y narcotraficante. Sin embargo, de la noche a la mañana, en medio de las confrontaciones con el Estado, las revelaciones de la prensa, la fortaleza de las organizaciones de derechos humanos o las pesquisas de la Fiscalía volvieron a la guerra en un escenario violento: la Oficina de Envigado y su Talión de venganzas y ajusticiamientos a diestra y siniestra.

Una guerra entre mercenarios que ahora empieza a trasladarse al exterior y, en particular, a Buenos Aires. El primer aviso se dio en julio de 2008, cuando en el estacionamiento de Shopping Unicenter de Martínez fueron asesinados con pistola  Héctor Edilson Duque Ceballos, alias Monoteto y Jorge Alexánder Quintero Gartner. En Argentina se dijo que fueron cuentas del narcotráfico. En Colombia se concluyó que ambos eran gente de Macaco y que los sicarios de Don Berna, colombianos o argentinos o de otra nacionalidad, cumplieron la misión.

Ahora se repite la escena. Sicarios motorizados asesinaron a Juan Sebastián Galvis, su padre declaró ser un industrial maderero y el otro acompañante, su cuñado Jorge Iván González Ramírez, ser un ganadero que salió de Colombia porque lo habían secuestrado las Farc y necesitaba refugio. De paso, explicó que su padre era un ex policía, que nunca había tenido problemas con la justicia y que el yate Preveza 46, equipado con dos motores 480 HP y avaluado en US$400.000, lo estaban pagando a cuotas. La justicia argentina duda y la colombiana también.

Lo cierto es que en Argentina se entregó a la DEA Carlos Mario Aguilar Echeverri, alias Rogelio, el heredero de la oficina de cobro de Envigado, después de la muerte de Gustavo Upegui en 2006 y Danielito en 2007. Los tres, sucesivamente, intentaron manejar los macabros hilos de la cadena de ajusticiamientos de Don Berna. Hoy están en vía de extinción por la acción de las autoridades de Policía. Y están huyendo al exterior. Entre otros destinos Argentina. Igual que la gente de Macaco. Todos buscan espacios para sobrevivir. La mafia apremia. Entre ellos se matan. La justicia cuenta los muertos.


Carlos Mario Aguilar, alias ‘Rogelio’

Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio, quien formó parte de la banda criminal antioqueña ‘La Unión Calatrava’, una vez se desmovilizó Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, lo sucedió, y en compañía de Daniel Alberto Mejía, alias Danielito, asumió la dirección de la temida oficina criminal de Envigado.

Alias Rogelio fue acusado de haber sido el responsable de la muerte del socio con quien manejaba el grupo de asesinos de Envigado, Danielito. Según las autoridades, dicho asesinato se produjo por retaliaciones, debido a que éste último le había matado a un amigo, el dirigente futbolístico Gustavo Upegui.

De acuerdo con el director de la Policía, el general Óscar Naranjo, Carlos Mario Aguilar, luego de haberse desmovilizado del bloque Héroes de Granada, que operaba en el oriente antioqueño, se entregó de manera voluntaria a las autoridades de los Estados Unidos para responder por el delito de narcotráfico en Estados Unidos.

Diego Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’

El 13 de mayo de 2008 Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna, fue extraditado junto con 13 paramilitares más a los Estados Unidos. Este tenebroso hombre nacido en Cartago (Valle del Cauca) en sus inicios estuvo al servicio del Epl y posteriormente se hizo jefe de seguridad del narcotraficante Fernando Galeano.

Luego de la muerte de su jefe a manos del capo de capos Pablo Escobar, formó parte de la organización ‘Los Pepes’, donde se hizo socio del extinto jefe paramilitar Carlos Castaño, con quien consolidó la expansión de las Auc en el territorio nacional.

Pero su extradición a los Estados Unidos se dio tres años después de que la DEA lo tuviera fichado como uno de los narcoparamilitares que desde 2005 enviaba drogas a ese país. Se estima que Murillo Bejarano puso en territorio norteamericano más de 5.000 kilos de cocaína.

Por Redacción Judicial

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