11 Aug 2018 - 2:22 p. m.

“Ha sido una revictimización sin pies y sin cabeza”: esposa del magistrado Carlos Urán

Ana María Bidegain, esposa del magistrado auxiliar Carlos Horacio Urán, asesinado en la toma y retoma del Palacio de Justicia, habló sobre el hecho de que es la tercera vez que tiene que enterrar a su ser querido y señala que se trata de una decisión de la Fiscalía que no tiene explicación.

Redacción Judicial

Ana María Bidegaín perdió a su esposa, el magistrado Carlos Horacio Urán, en la toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. / Gustavo Torrijos - El Espectador
Ana María Bidegaín perdió a su esposa, el magistrado Carlos Horacio Urán, en la toma y retoma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Por tercera vez en 33 años, la familia Urán Bidegaín recibirá los restos del exmagistrado del Consejo de Estado, Carlos Horacio Urán, víctima de la toma y retoma del Palacio de Justicia en 1985. En una ceremonia en la capilla del Colegio San Bartolomé de la Merced, la Fiscalía y Medicina Legal les entregarán los restos de quien, según la Corte Interamericana de Derechos Humanos, fue torturado, desaparecido y ejecutado extrajudicialmente por miembros de la Fuerza Pública. Su esposa, Ana María Bidegaín, habló con El Espectador sobre el hecho de que esta sea la tercera vez que su familia, sin razón alguna, tenga que pasar por el drama de enterrar a un familiar.

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¿Quién era Carlos Horacio Urán?

La característica más importante era su gran capacidad intelectual y de liderazgo. Él había participado de muchos movimientos estudiantiles en Colombia, había hecho un curso de líderes universitarios en Suecia, que le permitieron tener una capacidad analítica impresionante. Ahora que vemos tantas noticias de líderes sociales asesinados, Colombia debe saber que Carlos Horacio es también uno de ellos. Es un drama que enfrenta el país. Además, tenía unos valores éticos muy claros. Para él, el centro era el ser humano y la vida había que construirla a partir de allí. Fue una pérdida muy grande para el país. 

¿Cómo llegó a trabajar en el Consejo de Estado?

Porqué habíamos estudiado en Europa. Él hizo una maestría en Filosofía del Derecho y en Derecho Administrativo y había comenzado a trabajar en su doctorado en Ciencias Políticas. Sus estudios los intercaló con una pasantía en el Consejo de Estado de Francia y ahí fue donde conoció el presidente del Consejo de Estado en Colombia, en una visita a París. Ahí se hizo la conexión y cuando regresamos en 1979, empezó a trabajar. Duró más o menos cinco años hasta noviembre de 1985

Usted le contó a la Comisión de la Verdad que el 6 de noviembre de 1985, cuando fue a dejarlo en la oficina, notó que no había seguridad para entrar al parqueadero como siempre solía haber. ¿No le pareció extraño?

Más que eso. Todavía tengo muy presente ese momento porque me acuerdo que entramos y quedamos sorprendidos porque eso no se podía hacer desde hacía ya un buen tiempo. Justo nos cruzamos con Carlos Betancur Jaramillo, que era el presidente del Consejo de Estado, y Carlos Horacio le preguntó: "¿Por qué sacaron la guardia? ¿Tu decidiste quitarla?". Y contestó que no tenía ni idea de qué había pasado y que la decisión tampoco había sido de ellos. Y soltó esta frase: "Ahora van a venir y nos van a matar a todos". 

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¿Alguna vez le recordó eso al magistrado Carlos Betancur?

Posiblemente. Pero creo que fue como una premonición. En esos tiempos había mucha preocupación por muchas circunstancias de la posibilidad de un ataque al Palacio. Pero él nunca me comentó nada. Quizás porque en Uruguay veníamos de vivir una situación conflictiva y de depresión política muy grande. Creo que Carlos Horacio pudo haber pensado que si me comentaba lo de las amenazas me hubiera asustado. Pero tampoco estábamos tan preocupados porque los temas que podían ocasionar un atentado, los del narcotráfico, estaban era en la Corte Suprema de Justicia no en el Consejo de Estado. 

¿Qué es diferente en esta entrega con respecto a las anteriores?

Que este año mis hijas Anahí y Xiomara se han hecho de cargo de todas las conversaciones con las autoridades. Ellas han asumido ahora la tragedia. Al comienzo fue tan dramático lo que nos tocó vivir, que no pudieron aceptarlo. No querían ni siquiera que avanzara. Ahora la iniciativa es al revés y es muy importante para el proceso de duelo de la familia. Por lo que ellas me han contado, me parece que han sido mucho más cuidadosos con lo que nos han dicho. 

¿A qué se refiere?

Desde que sacaron a la fiscal Ángela María Buitrago, el trato de la Fiscalía con nosotros ha sido bastante vergonzosa. Yo misma pedí una entrevista con la exfiscal Viviane Morales que nunca quiso darme. Con frecuencia pedíamos entrevistarnos con el fiscal del caso y nunca mostró ningún interés en esa investigación. Una vez nos dijo que no podía demorarse mucho en su trabajo porque tenía que solucionarle el problema a la contraparte, o sea a los militares. 

¿Qué espera de Medicina Legal y de la Fiscalía en esta tercera entrega?

Que nos digan toda la verdad. El drama de esto, de estar en una tercera inhumación, es porque desde el comienzo no se dijo la verdad. Se quiso decir que habían hecho la gran batalla por la defensa de la democracia. Eso es un absurdo total. Eso fue un desastre desde todo punto de vista. Ocultarle al país la verdad de lo que sucedió, y la forma tan poco profesional con la que actuaron, es lo que nos ha tenido a todos en esta circunstancia. Ningún militar ni funcionario ha reconocido lo que hicieron. Es algo muy macabro lo que sucedió pues entregaron restos de cualquier manera. Ha sido un manejo inhumano. 

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Por eso mismo es que hasta hace poco se supo que varios de los desaparecidos estaban enterrados en tumbas de magistrados auxiliares...

Es que es una situación absurda. Los que están apareciendo son los desaparecidos de la cafetería, de quienes nunca se supo nada en ese momento y nadie les paró atención en medio de ese caos, porque pensaron que los pobres no iban a reclamar. Porque aquí siempre se ha maltratado al pobre. Pero resulta que la fuerza de la solución a este problema y a todos los demás que vive Colombia, va a venir de ellos. Nadie diferente a ellos va a cambiar al país. 

Según el expediente de su caso, cuando a Medicina Legal llegaron todos los restos de las víctimas para ser identificado, una amiga de su familia que era médica, pudo identificar al magistrado Urán...

Pero no fue tan fácil. Ella tuvo un presentimiento de que, si no se actuaba rápido, lo iban a desaparecer. Entonces empezó a buscarlo desesperadamente hasta que logró que la dejaran entrar. Gracias a ella tuvimos la certeza desde ese momento de que habíamos recibido a Carlos Horacio. Pero además porque yo también lo pude identificar porque su cara, a pesar del incendio y de los golpes, era la de él sin duda.

Si tenían certeza, ¿cómo explica el hecho de que esta sea la tercera vez que lo tienen que enterrar, dos de ellas por dudas de su verdadera identidad?

Ha sido una revictimización sin pies y sin cabeza. De hecho, nuestro abogado se opuso porque ya teníamos un informe y el caso ya había llegado hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Cuando el caso llegó a ese tribunal internacional, fue cuando me sentí que de alguna manera había llegado a un punto clave pues se reconoció por primera vez lo que le sucedió a Carlos (La Corte aclaró que al magistrado lo desaparecieron, lo torturaron y lo ejecutaron extrajudicialmente). En esta vez, lo que adujo la Fiscalía es que no estaban seguros de que los restos que nos entregaron la segunda vez eran de él. Esto es darle vuelta al rizo. Esto no es en favor de las víctimas.

Medicina Legal ya les confirmó que no hay duda alguna: ustedes enterraron al magistrado Urán en 1985. ¿Qué sigue ahora?

Seguir pidiendo la verdad. En el fondo el país tiene que ser más exigente con eso. Los militares deben decir por qué hicieron lo que hicieron y explicar si lo hicieron solos o con un grupo de civiles. ¿Cómo se les ocurrió y cómo planearon esa barbaridad? Desde 2014 no se ha movido la investigación. Pero hacen este tipo de cosas que no van a nada porque nosotros sabemos perfectamente a quién enterramos la primera vez. No había ninguna necesidad de hacer esto.  

A usted que le ha tocado vivir este drama desde 1985, todos los días sin descanso, ¿cree que el caso va a avanzar y se va a saber qué pasó?

Creo que, con las condiciones históricas y de contexto, el caso ya llegó a donde tenía que llegar y esto es a la Corte IDH. Fue lamentable la pedida de perdón que hizo expresidente Juan Manuel Santos hace dos años por orden del tribunal internacional. Fue dolorosa. Ni siquiera aceptó que había desaparecidos ni torturados. Eso no me ayudó. Lo que pienso es que estamos frente a una crisis en la justicia tan profunda que, si no la refundamos, es muy difícil avanzar. Aquí no va a pasar nada si una persona de las que participó en los hechos no dice lo que pasó. Ellos son los que saben. 

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