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“Me matan cada que me hacen sentir una extraña en mi casa”. Gloria Gaitán llevaba cinco años sin ingresar a la que fue su residencia, el lugar donde nació, vivió su infancia y donde, durante siete días de 1948, fue embalsamado su padre, el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, asesinado el 9 de abril de ese año.
“Cómo están de sucias las cortinas. ¿A esto llaman mantenimiento? ¿Y la sala? La sala no estaba así”. Ante la mirada atónita de los funcionarios del museo en el que se convirtió la residencia Gaitán, Gloria se puso a organizar la sala como la recordaba. Luego se fijó en un cuadro de su padre. “Cualquiera que entre y vea eso creerá que mi papá era un ególatra que ponía imágenes suyas por toda la casa”. Sin preguntar, bajó el cuadro y lo puso detrás de un mueble.
Pero Gaitán no volvió a la casa donde creció para ordenarla. Lo hizo por orden del fiscal 200 que hace parte del proceso en el que ella pretende que la Universidad Nacional, administradora del museo de su padre, le devuelva unos bienes que se le quitaron en el año 2004, después de la liquidación de Colparticipar, el instituto que creó en memoria del caudillo y que anteriormente administraba el museo.
En 2004, el entonces presidente Álvaro Uribe, a través del decreto 271, ordenó la supresión de Colparticipar, que había sido creado 28 años atrás por Gloria Gaitán con el fin de “continuar la labor de mi padre”. Según ella, la decisión se debió a presiones del excomisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, que “quería acabar con la memoria del caudillo”. El Gobierno dijo que el decreto respondía al plan de reestructuración del presidente y que no había nada de irregular en ello.
Pero durante la liquidación del instituto a Gloria Gaitán le quitaron unos bienes, muebles, floreros, entre otros, que fueron trasladados a la Universidad Nacional, que desde ese entonces administra el museo, y que le deben ser devueltos. En ocho años, la devolución no ha tenido lugar y, en cambio, el litigio entre la Universidad Nacional y la hija del caudillo liberal se ha agravado. Según el centro educativo, los bienes están en cajas y “estamos haciendo todo lo posible para regresarlos”. Gloria dice que la universidad, sin permiso alguno, sacó los bienes de las cajas para ubicarlos en el museo. La controversia continúa.
Mientras tanto y en otros procesos, Gaitán ha reiterado su solicitud de que el Gobierno le devuelva la propiedad de la Casa Museo Gaitán. “Yo soy una desplazada por el Estado”, aseveró. “Cuando mi padre murió, mi mamá dijo que no lo enterraría hasta que Mariano Ospina Pérez renunciara. El Gobierno no iba a acceder a ello. Además, temía que la casa se convirtiera en un epicentro para la revolución”.
Y agregó: “Entonces constituyeron la casa como un bien de interés público para sacarnos, intentaron expropiarnos, pero mi mamá lo impidió. Hasta que un día, el 17 de abril, uniformados entraron a la casa, nos llevaron a mi mamá y a mí al segundo piso, cavaron en la sala una tumba y enterraron a mi papá como les dio la gana. Aún recuerdo el sonido de las picas. Nunca me permitieron hacer el duelo como se debe y llevo 10 años sin visitar la tumba de mi padre”.
Ayer, cuando entró al museo y le preguntaron su nombre, cédula y cargo, ella respondió: “Gloria Gaitán, propietaria de la casa y, por ello, considero que no debo dar mi cédula”. El museo está abierto a todo el público. Pero ella es de las pocas visitantes a las que miran con recelo, quizás porque su condición es particular: es una visitante eterna en la que fue su casa.