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Joyas en vez de balas

Yofer Angulo, que creció en uno de los pueblos más abandonados por el Estado, ayudó a crear una empresa de joyas que hoy le vende hasta al gigante europeo Bulgari.

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Redacción Judicial
11 de enero de 2016 - 02:00 a. m.
Una de las joyas elaboradas por Mambí, la empresa de Yofer Angulo.
Una de las joyas elaboradas por Mambí, la empresa de Yofer Angulo.
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Podría decirse que una mezcla de suerte y convicción llevó a Yofer Angulo a una exposición de los mejores joyeros del país y no a las filas de algún grupo armado. Angulo relata su vida con parquedad, como si no tuviera tintes de extraordinaria, como si no estuviera marcada por decisiones valientes que ha tomado desde niño y que lo sacaron de un panorama de no futuro y violencia para ponerlo a cargo de su propia empresa de joyería, que cuenta entre sus clientes a Bulgari, un gigante europeo, una de las firmas más reconocidas del mundo en este negocio.

Yofer Angulo ha moldeado su porvenir en medio de las dificultades que representa haber nacido en Barbacoas (Nariño), un territorio de viudas y huérfanos del conflicto. Cumainde El Alto, la vereda donde creció, queda al norte de ese municipio. Para llegar allí desde el casco urbano hay que recorrer trocha y cruzar un río; un camino que solía derrotar la voluntad de la única profesora de la escuela de la vereda. La ausencia de quien podía enseñarle a leer y las jornadas de trabajo en una mina junto a su padre hicieron que Yofer Angulo cumpliera 10 años sin saber escribir su nombre.

Por su cuenta se puso a repasar las letras, a hacer planas; pronto supo firmar. Por esos días, un tío que subía desde Barbacoas hasta Cumainde El Alto era su única esperanza. Yofer Angulo se acostumbró a acompañarlo en la recolecta de plátano en las tierras de su finca. En una de esas caminatas, el tío le dijo que iba a llevárselo para el pueblo. Él aceptó. Quería salir de la vereda, quería aprender. En la siguiente visita cogió camino junto a su tío. Atrás, y con pesar, quedaron sus padres y sus once hermanos menores.

Corrían los últimos años de la década del 2000. Barbacoas estaba en medio del fuego cruzado. La disputa de esa región, que por sus ríos y ubicación funciona como corredor de armas y droga hacia el Pacífico, era entre dos temibles bandos. Por un lado, las Farc y el Eln, con una presencia de décadas; del otro, las nuevas bandas criminales, los Rastrojos y las Águilas Negras, que se constituyeron en la zona con los cientos de paramilitares desmovilizados del frente Libertadores del Sur de las Auc. El saldo, según la Unidad de Víctimas: al menos la tercera parte de los 40.000 barbacoanos resultaron afectados por esta guerra entre 2005 y 2008, como reseñó el portal Verdad Abierta.

Ya instalado en Barbacoas, a Yofer Angulo se le iban las mañanas atendiendo mesas en el restaurante de la esposa de su tío. Después del mediodía podía asistir a clases por tres horas en la escuela del pueblo. Así terminó de aprender a leer, y al año siguiente, cuando cumplió 11 años, empezó la primaria. En cada izada de bandera, Yofer pasaba al frente de la escuela a recibir honores. Pero la esposa de su tío decidió que debía volver a la vereda.

Por ese entonces, Yofer Angulo se había hecho amigo de Elvia Quijano, su profesora de la escuela, a quien, cuando se la cruzaba en el barrio, le ayudaba a subir el mercado por una loma hasta su casa. Con la confianza que se formó a punta de mandados, se atrevió a contarle que tenía que irse del pueblo. La profesora se opuso y le ofreció su casa.

De alguna manera, el niño se volvió un hijo de la profe, como aún le dice a la mujer con la que ha vivido por más de una década. Por aquellos días, Quijano acababa de perder a su único hijo varón, desaparecido en una de las carreteras del municipio. En esos años “llegaban los paramilitares y decían que cualquiera era un guerrillero y se llevaban a la gente”, recuerda Yofer Angulo.

Barbacoas no se ha librado de la violencia, que se mezcla con la ausencia del Estado y el desempleo para conjurar un panorama hostil para la vida de su gente. En 2014 hubo un aumento de los homicidios, que casi se duplicaron frente a 2013 y alcanzaron los 35 casos. Además sigue siendo, según Naciones Unidas, uno de los focos principales de plantaciones de hoja de coca en Colombia.

Precisamente en ese contexto apareció la organización Save the Children, que en asociación con otros entes, como Artesanías de Colombia, llegó a Barbacoas a enseñar la filigrana como una forma de recuperar la tradición del pueblo en esa técnica de joyería, y también para ofrecer alternativas a los jóvenes. Al menos 100 estudiantes del colegio estuvieron junto a Yofer Angulo en las primeras clases. Pero la motivación fue menguando. Angulo casi renuncia.

Cuando su decisión tambaleaba, una noche en la que se quiso quedar en el taller barriendo y organizando las herramientas, uno de sus profesores, al ver su esfuerzo, le dijo que ansiaba el día en que se convirtiera en un gran joyero. Yofer Angulo asumió esas palabras como un compromiso. Meses después, sólo él y una compañera, del centenar inicial de aspirantes, seguían en el taller.

Con otros cinco jóvenes que habían participado antes en el proyecto montó su propio taller y su firma de joyas, Mambí, con la que planean contratar a más jóvenes de Barbacoas. En diciembre pasado, Yofer Angulo estuvo en Expoartesanías, en Bogotá, exhibiendo su trabajo junto a los mejores joyeros del país. Su vida tomó otro rumbo cuando aprendió a leer y, luego, al hacerse joyero. El cambio no sólo fue en lo evidente, sino hasta en su forma de caminar. Ya no anda desprevenido por las calles de Barbacoas. Ahora lo hace despacio, atento a las hojas de los árboles y las formas de las ventanas, pues cualquier figura, dice, puede inspirarle el diseño de una nueva joya.

Por Redacción Judicial

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