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“La camiseta de Colombia no puede ser un escudo contra la justicia”. Con estas palabras, la defensora del Pueblo, Iris Marín, rechazó la inclusión de Sebastián Villa en la prelista para jugar con la selección Colombia en el Mundial. En 2023, Villa fue condenado a dos años y medio de prisión por amenazas y lesiones contra su expareja y enfrentó, además, una acusación por abuso sexual.
“Más allá de las discusiones jurídicas”, señaló la defensora en una carta abierta a la Federación Colombiana de Fútbol, dijo que existe un “límite ético” que “vuelve a ponerse a prueba con la convocatoria de Sebastián Villa para representar al país en el Mundial que se aproxima”.
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La defensora manifestó que “la discusión no es solamente deportiva: Villa fue condenado judicialmente por hechos de violencia basada en género y enfrentó, además, una acusación por abuso sexual. Estos antecedentes no pueden reducirse a ‘problemas personales’ ni separarse por completo de la responsabilidad pública que implica representar a Colombia ante el mundo”.
En esa línea, la defensora Marín señaló que los jugadores, “cuando un jugador viste la camiseta de la selección, inevitablemente se convierte en referente para niños, niñas y jóvenes. Por eso, las decisiones sobre quiénes nos representan también transmiten mensajes culturales y sociales”. Y agregó que “el mensaje que enviamos cuando relativizamos la violencia contra las mujeres por talento, popularidad o rendimiento deportivo es desolador, nos aleja del espíritu que construimos detrás del fútbol”.
La funcionaria aclaró que “no se trata de negar el derecho de nadie a trabajar, competir o rehacer su vida”, sino que es importante reconocer que ser un jugador que representa a Colombia “implica una responsabilidad ética adicional. Hay diferencias entre ser futbolista profesional y convertirse en símbolo nacional”.
Finalmente, la Defensoría del Pueblo remarcó que “la violencia contra las mujeres no es un asunto privado ni secundario”, y, por el contrario, es “una realidad que atraviesa diariamente la vida de miles de mujeres en Colombia y que durante años ha sido minimizada, justificada o silenciada, también en el mundo del fútbol. Cada vez que la sociedad resta importancia a estos hechos, las víctimas reciben un mensaje devastador: que su dolor vale menos que un resultado deportivo”.
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