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La feliz pasarela del Ministerio de Defensa

La historia de moda en los pasillos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Una hermosa mujer ofrece sofisticados equipos de comunicación italianos.

María del Rosario Arrázola

17 de abril de 2010 - 04:00 p. m.
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Desde hace un mes, en los pasillos del Ministerio de Defensa ya no se habla tanto del relevo en la Casa de Nariño o las elecciones presidenciales. Entre uniformados y civiles acostumbrados a la distinción de sus charreteras y el verde oliva o el blanco impecable de sus trajes, la historia anda de boca en boca. Todo por una mujer de 1,85 de estatura, deslumbrante sonrisa y vestuario a la moda que ya pasó por el Comando del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea descrestando con sus encantos como en un cuento de hadas.

Se llama Debbie Castañeda Rodríguez, tiene 32 años, siempre llega acompañada por dos hombres; por donde pasa sólo deja miradas de asombro y hace catorce años era reina de belleza. Los oficiales no tienen por qué acordarse de sus tiempos de pasarela. A ellos sólo les seduce escucharla hablar con un acento entre cachaco y romano y, sin prometerle nada, están encantados oyéndola resaltar los detalles de sofisticados aparatos de comunicaciones que ha llegado a ofrecerles como exitosa relacionista.

Cuentan los más informados que el general Jorge Ballesteros, comandante de la Fuerza Aérea, le dedicó una mañana. Y que otro tanto sucedió en la comandancia de la Armada. Por el Comando del Ejército también pasó y más de uno sigue hablando de sus virtudes, aunque pocos se acuerdan del nombre de la empresa que llegó representando. El despacho que le falta es el del Ministro, pero hasta ahora no hay cita para los representantes de una empresa italiana que todos conocen como la firma de Debbie, la beldad.

¿Pero qué ofrece Debbie Castañeda Rodríguez? Algunos oficiales consultados por El Espectador dicen que los aparatos son tan sofisticados que es mejor no explicarlos. En todo caso, que “son buenísimos”. Otro oficial lo resumió de una manera más coloquial: “Debbie ha sido la puerta de entrada de los italianos al Ministerio de Defensa”. Con un atributo adicional, ella siempre acredita entre sus fortalezas su entrañable amistad con el primer ministro Silvio Berlusconi.

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Es más, de acuerdo con las fuentes consultadas, la hermosa Debbie dice que el propio Berlusconi sabe de su presencia en Colombia y el propósito de su viaje. Además, les agrega a sus allegados el nombre del actual embajador de Colombia en Roma, Sabas Pretelt de la Vega, de quien dice ser muy cercana. La verdad es que a sus contertulios no les importa mucho el nombre de sus recomendados. Su belleza es su propia carta de presentación y la prueba es que sus propuestas están en los escritorios.

Pero no es la primera vez que Debbie Castañeda paraliza en su nuevo oficio de relacionista pública en Colombia. Hace cinco años, en abril de 2005, cuando Telecom buscaba un socio para proteger las grandes inversiones del Estado en el sector de las telecomunicaciones, también causó conmoción cuando llegó representando a la firma Telecom Italia (TIM), aunque los negocios no se dieron. Eso sí, su figura quedó grabada en la mente de algunos de los contertulios del 11 de abril de 2005.

“Yo no recuerdo muy bien los términos de su propuesta, pero sí me acuerdo muy bien de ella. La vi en reuniones oficiales y en un encuentro informal en la Embajada de Italia. Su italiano parecía cantado, traducía a las mil maravillas, su porte era imponente, hermosa, elegante, muy alta”, comenta hoy uno de los asistentes a estas reuniones. La oferta italiana no prosperó, pero Debbie Castañeda Rodríguez sí demostró su dominio en escenarios de alto turmequé, como lo hace hoy tratando de convencer a los generales de la República.

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Su historia es realmente sorprendente. A los 18 años, con sus 1,85 a bordo y un cuerpo de sirena, se inscribió como señorita Bogotá y pasó derecho. Su sola estatura, con un rostro bello y una silueta envidiable, le dieron el favoritismo en el Concurso Nacional de Belleza de 1996. Sin embargo, ese año la corona fue para la antioqueña Claudia Elena Vásquez, hoy esposa del cantante Carlos Vives. Debbie siguió participando en reinados de belleza y se trasladó a Miami, donde no le faltaron campañas publicitarias.

Finalmente, con mucho tino, se matriculó en la Universidad de Miami para estudiar mercadeo y relaciones públicas y en esa capacitación conoció a Riccardo Gay, un reconocido agente de modelos en Italia que sin pensarlo le propuso trasladarse a Milán y firmar un contrato por un año, con la seguridad del éxito en las pasarelas europeas. Debbie aceptó la propuesta y fue apenas el comienzo de una deslumbrante carrera hacia la fama que rápidamente la hizo conocida en la televisión y el espectáculo de Italia.

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Empezó presentando algunos programas de televisión sin mayor raiting, pero su salto al estrellato vino cuando entró a compartir set con Paolo Bonolis en el programa sabatino Italioni, del canal Mediaset, propiedad del magnate y actual primer ministro Silvio Berlusconi. Después el turno fue en Buono domenico, con ocho horas en directo, y después Ponoriello de la RAI. Lejos de su patria, sin mucho bombo en Colombia, pero más exitosa que la mayoría de las divas criollas.

En esas vueltas le llegó el amor. Y no cualquiera. Después de cinco años de noviazgo, contrajo matrimonio con el banquero Marcos Squatriti. Entonces el tiempo mediático fue quedando atrás y regresó a su presente su pasión de siempre: las relaciones públicas. Como era de esperarse, su primer escalón estuvo en el universo de la moda y, ni más ni menos, la hermosa Debbie debutó como relacionista de Roberto Cavalli, un destacado diseñador italiano que se mueve como pez en el agua en las pasarelas de Europa.


Pero Debbie, exitosa en el exterior, nunca ha perdido su afecto por Colombia. La evidencia es que sin mucho protagonismo se convirtió en una de las promotoras más entusiastas de la pasarela Identidad Colombia, que se ha presentado en Milán con positivos comentarios. Y dicen quienes la conocen que en este oficio de doble relacionista, de su empresa y de su país, conoció al embajador Sabas Pretelt y, por intermedio suyo, en un recepción en la Em bajada, al mismísimo primer ministro Silvio Berlusconi.

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Desde entonces, la ex reina Debbie Castañeda Rodríguez sabe que así como ayer caminaba con paso firme sobre las pasarelas de los reinados y los desfiles de moda, hoy lo hace con propiedad en el mundo de las relaciones públicas internacionales. Y no con cualquier empresa, con Telecom Italia, acreditando el prestigio y la tecnología de una nación que tiene negocios en todo el mundo, y en un sector donde hoy se mueven los grandes capitales internacionales en pugna por el más apetecido de los negocios: el poder mediático.

Con estas cualidades a cuestas, es apenas comprensible lo que sucede desde hace un mes en el Ministerio de Defensa. Más allá de su presencia, rodeada de buenos contactos y cartas de acreditación, sus equipos de comunicación y dicen que radares y hasta material de intendencia, tienen un sello de garantía insospechada: los defiende una exitosa mujer colombiana que no ganó en Cartagena hace 14 años, pero está triunfando en el mundo, con un talento descrestador y convincente.

Su relación con los generales es directa, no necesita intermediarios, tampoco carga encima guardaespaldas. Es amable, cálida, no tiene ínfulas de vedette, saluda a propios y extraños. En un país donde las reinas de belleza suelen volverse actrices, presentadoras de televisión, políticas o modelos interminables, el caso de Debbie Castañeda Rodríguez es realmente notable. Ahora busca que los militares le autoricen una multimillonaria compra de equipos de comunicación italianos. Al menos sus contertulios ya tienen un tema distinto que pensar que la próxima cúpula militar.

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Los tiempos de reina bogotana

No logró la corona en 1996, pero sí estuvo entre las favoritas. Los jurados le dieron el título de Segunda Princesa. Su mejor momento en el certamen fue cuando con su escultural cuerpo apareció en el escenario portando un traje elaborado en malla metalizada color oro.

En los brazos llevaba brazaletes bordados en perlas, rubíes y otras piedras. En el tocado, frutas tropicales. Descrestó además por ser una de las mejores vestidas. Con sus 1,85 de estatura y 62 kilos, todos llegaron a pensar que iba a ser la reina de belleza para representar a Colombia. Ganó Claudia Elena Vásquez de Antioquia, y el título de virreina nacional se lo llevó la chocoana Zolima Bechara. La primera princesa fue Ana María Neira, de Sucre. En el cuadro de las cinco finalistas, Debbie Castañeda Rodríguez impactó por su porte y su elegancia, los mismos que hoy la distinguen.

En las pasarelas de Milán

Desde hace siete años, en Milán (Italia) tiene lugar un evento que ha resaltado el nombre de Colombia a nivel internacional. Se llama Identidad Colombia, es apoyado por Proexport, Inexmoda, la Primera Dama y, en los últimos tiempos, el apoyo decisivo de la ‘vedette’ Debbie Castañeda.

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El propósito de este evento es promover el trabajo artesanal de las comunidades colombianas, de tal manera que se puedan exhibir materiales autóctonos a través del talento de los diseñadores nacionales. El éxito de la propuesta ha sido reconocido en Europa.

En medio de su apoyo a la Semana de la Moda en Milán y al propio Identidad Colombia, la ex reina Debbie Castañeda Rodríguez ha dejado conocer su gusto político: es uribista declarada y ella misma se define como embajadora del país ante el mundo.

Por María del Rosario Arrázola

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