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La historia del presidente de Colombia que no quiso entregar el poder a su sucesor

La ausencia de Gustavo Petro en la posesión presidencial del 7 de agosto revive un episodio poco conocido de la historia colombiana: en 1898, Miguel Antonio Caro se resistió a ceder la Presidencia a su sucesor y provocó un inédito interregno que convirtió a Rafael Pinto Valderrama en el mandatario más breve del país.

Redacción Judicial

07 de agosto de 2026 - 12:59 p. m.
El expresidente conservador Miguel Antonio Caro.
Foto: Internet
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La decisión del presidente Gustavo Petro de regir hasta el 6 de agosto y que otro entregue el mando a su sucesor Abelardo de La Espriella trae a la memoria nacional la singular historia del presidente más breve de la accidentada cronología de Colombia: Rafael Pinto Valderrama. Nueve horas de gobierno entre la medianoche del 6 de agosto de 1898 y las nueve de la mañana del día 7. Todo por cuenta de la pataleta del presidente conservador Miguel Antonio Caro, quien se negó a entregar el poder a su copartidario pero antagonista político, José Manuel Marroquín.

La versión es de Héctor Echeverri Correa y quedó plasmada en su texto de 970 páginas, “Pinceladas y brochazos presidenciales”. Al tiempo con una larga vida en la que fue campeón nacional de automovilismo y motociclismo, productor de documentales, concejal de Bogotá, representante a la Cámara, senador, embajador y miembro de múltiples juntas directivas del sector privado, el ingenioso abogado Echeverri Correa escribió una amena secuencia de perfiles impensados de los gobernantes de Colombia. El de Rafael Pinto Valderrama es insólito pero sucedió y eso es lo que lo exalta.

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Miguel Antonio Caro fue el redactor principal de la Constitución de 1886 y llegó a la Presidencia como fórmula vicepresidencial del reelecto Rafael Núñez, quien luego de cambiar la carta política acuñó un peculiar esquema para gobernar. Se fue a vivir a Cartagena y entregó los gajes de la administración al vicepresidente. Lo hizo durante el sexenio 1886-1892 y regentó el país el vicepresidente Carlos Holguín. Repitió con Caro hasta septiembre de 1894 que murió de causas naturales. Confirmado en la primera magistratura del Estado, Caro regentó hasta 1898 bajo la sombra larga de las guerras civiles.

A la hora de entregar el mandato, la constitución permitía a Miguel Antonio Caro postularse a la reelección, previa separación del poder seis meses antes de los comicios, así que encargó al general ocañero Guillermo Quintero Calderón como Presidente en calidad de primer designado. Pero apenas se enteró de la composición del gabinete Quintero con la inclusión de algunos antagonistas del conservatismo, concluyó que “la armonía de los elementos cristianos no se obtiene nombrando cardenales protestantes” y al quinto día se inhabilitó para la reelección pero recobró el poder.

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En adelante se dedicó a buscar reemplazo con el objetivo de seguir gobernando detrás del trono. Creyó encontrarlo en el benemérito copartidario, ex juez y ex magistrado vallecaucano Manuel Antonio Sanclemente, con un dilema en su contra. Sanclemente ya tenía 85 años y, a la hora de la posesión, quedó claro que debía permanecer en Anapoima, Tena o Villeta para acompasar su corazón y tuvo que declinar el honor de la posesión al vicepresidente elegido José Manuel Marroquín, alejado de la política y dedicado a la enseñanza desde su hacienda Yerbabuena, al lado de Chía y el puente del común.

José Manuel Marroquín, de 71 años, no había gobernado ni en sus extensas tierras ni en las aulas de los estudiantes, pero en materia política hizo parte del grupo de conservadores históricos que acompañó con reparos a La Regeneración de Nuñez. Así que Caro, tan inflexible como autócrata, apenas se enteró que debía entregar el poder a Marroquín, se inventó un sainete para cerrar sus funciones de gobierno a la medianoche del 6 de agosto. Como no existía designado desde los días fallidos de Quintero en el poder, por decreto Caro decidió nombrar a Rafael Pinto Valderrama.

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Boyacense, ex rector del colegio Boyacá de Tunja, ex tesorero de la república y ex diplomático, Pinto Valderrama oficiaba en ese momento como gobernador de Cundinamarca y no iba a despreciar el honor de oficiar algunas horas como primer mandatario de los colombianos. Asumió a la medianoche en Palacio y entregó la Presidencia a las nueve de la mañana del 7 de agosto de 1898. “En estas pocas horas del interregno presidencial que acaban de pasar, tengo la alta honra de recibiros en este recinto”, expresó orgulloso ante los asistentes y como constancia para la historia.

Rafael Pinto Valderrama no suele aparecer en la lista de los gobernantes de Colombia, mientras en contraste, sobre el vicepresidente Marroquín se continúa escribiendo. Asumió el mandato por enfermedad de Sanclemente, pero a partir del 31 de julio de 1900 se quedó con el cargo vía golpe de Estado, nueve meses después del comienzo de la guerra de los mil días. La violencia cesó con los tratados de Wisconsin, Neerlandia y Chinácota. En 1903 se perdió a Panamá. Al año siguiente, Marroquín entregó el poder y su hijo Lorenzo edificó en los umbrales de Chía el vistoso castillo que recuerda su nombre.

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