8 Mar 2019 - 4:55 p. m.

“La paz es un reto económico y político”: profesor Muna B. Ndulo

El abogado de Zambia, quien enseña derecho en una de las universidades más prestigiosas de EE. UU., habló con este diario sobre el legado que países como Sudáfrica representan para Colombia en materia de construcción de paz.

Alejandra Bonilla Mora / @AlejaBonilla

El profesor Muna B. Ndulo estuvo en Colombia hace un mes, en el Encuentro Anual de la Jurisdicción Constitucional. / Óscar Pérez - El Espectador
El profesor Muna B. Ndulo estuvo en Colombia hace un mes, en el Encuentro Anual de la Jurisdicción Constitucional. / Óscar Pérez - El Espectador

El profesor Muna B. Ndulo es autoridad mundial en procesos de paz y derechos humanos. Catedrático de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), fue consultor de la misión de las Naciones Unidas en Sudáfrica y apoyó procesos de constitucionalización de Zimbabue, Somalia y Sudán. Su experiencia en transiciones como la que atraviesa Colombia se remite a asuntos claves para una sociedad que busca dejar atrás la guerra: creación de instituciones, fortalecimiento del Estado de Derecho y construcción de paz, entre otros. En entrevista con El Espectador, el profesor Ndulo habló de la importancia de defender la paz, el reto de reintegrar a los desmovilizados y por qué mecanismos como la JEP deben ser transparentes.

¿Cómo se puede pensar en justicia transicional en un país que enfrenta serias amenazas por parte de grupos armados como el Eln?

La justicia transicional asume que se está del otro lado, que se está dejando atrás el pasado. Nunca es fácil, siempre se afrontan dificultades. Esperemos que Colombia pueda abordar este tema, que mantenga el proceso de paz y que mantenga los canales de comunicación, porque solo se pueden resolver estas preguntas hablando. Hay que temer es a un completo quiebre, que puede llevar a una escalada de la violencia. Es un reto difícil, pero es un proceso que, al final, se debe dirigir para avanzar como país. Espero que ambas partes se den cuenta, especialmente el Gobierno y aquellos en posiciones de liderazgo, que al menos abran las puertas y sigan hablando con las guerrillas para mostrarles que (la violencia) no es la vía correcta.

Pero, después del atentado a la Escuela General Santander, el presidente Iván Duque canceló los diálogos de paz con el Eln y solicitó a Cuba que extradite a sus negociadores...

Desde mi experiencia en procesos de paz puedo decir que siempre habrá altos y bajos. Lo importante es tratar de preservar el proceso de paz, porque se ha puesto mucho trabajo en él. Hay contratiempos, lo que pasó requiere atención, sí, pero sería un error romper completamente el proceso de paz. El problema con eso es que toca empezar de nuevo y todos sabemos que el conflicto no es bueno, no ayuda a la sociedad a avanzar. Esta es una situación seria y, claro, hay expectativas en términos de los acuerdos, pero deberían mantener el canal de comunicación abierto, porque cerrar esos canales sería un terrible error.

Desde su punto de vista, ¿cuáles son las dificultades más notorias para el proceso de justicia transicional en Colombia?

De las experiencias en conflictos en los que he trabajado, como Timor o Sudáfrica, uno de los problemas es el de integrar a los excombatientes: encontrarles trabajo, hacerlos aceptables para la sociedad de nuevo para que puedan vivir vidas significativas; pero eso incluye un reto económico, no solo político, de proveer trabajos para los desmovilizados. Ellos han vivido como guerrillas, que era una especie de trabajo para ellos, y ahora deben mostrarles que hay otro camino. Los combatientes también son colombianos y deben vivir en esta sociedad. Entonces, de alguna manera, se deben hacer caminos. Por supuesto, es muy difícil pedirle a la gente que ha sufrido tanto que perdone, pero al mismo tiempo, se trata no solo de perdonar sino de dar un paso hacia adelante.

¿Tomando qué medidas?

Necesitarán escolarización, por ejemplo. Muchos de ellos no tienen habilidades, así que deben aprender (al menos) una. No es solo una lucha del Gobierno, del sector privado también. La paz es por el bien de todos, hasta de los negocios. Los negocios florecen cuando hay paz, entonces ellos también deberían tener un rol y tratar de proveer oportunidades de entrenamiento, por ejemplo, fondos, aprendizajes.

¿Cree que el rompimiento del proceso de paz con el Eln puede afectar lo avanzado con las Farc?

Espero que no, porque eso sería trágico. Mi esperanza es que la ruptura con el Eln pueda ser enmendada. Será difícil, pero creo que vale la pena el proceso, y asegurarse de salvar lo que pueda ser salvado.

¿Qué errores debe evitar la Jurisdicción Especial para la Paz?

No conozco este sistema, pero creo que cualquiera sea el tribunal para resolver problemas, debe ser transparente para que la gente pueda saber qué está pasando. Las personas deben tener la sensación de que son respetadas. Actuar en secreto solo produce problemas.

¿Este proceso debería ser televisado, como se hizo con la Comisión de la Verdad en Sudáfrica?

Sí. Las cosas claves en Sudáfrica con la Comisión de la Verdad fueron el liderazgo, en términos de quién la lideró. Miremos quién lo hizo: personas como Desmond Tutu, que era muy respetado, no había sospecha alguna de que pudiera estar haciendo algo (irregular). Luego, transparencia. Los procesos eran abiertos, la gente podía ver los procedimientos.

En su trabajo ha destacado que las guerras y los conflictos debilitan la autoridad del Estado, generan inseguridad y socavan el desarrollo. Colombia es un ejemplo perfecto de ese análisis. ¿Cómo puede mejorar el país en todos estos factores?

Este es el reto mayor. Una de las cosas que hace el conflicto es destruir a la sociedad, destruir la familia y las instituciones. Cuando hay paz, es el reto mayor. Se necesita el Estado de derecho. Uno de los efectos colaterales del conflicto es que tiende a socavar las instituciones, incluso en el ámbito familiar, y se debe reconstruir todo eso. Por eso creo que es muy importante ser muy claro. Para mí, el centro de atención deben ser la paz y el perdón.

¿Pareciera que estamos haciendo exactamente lo opuesto?

El conflicto no paga. Devasta la economía, es costoso en vidas humanas, en desestabilizar la sociedad y socavar el desarrollo.

¿Cómo enviar el mensaje a la gente en las ciudades y pueblos de que es necesario seguir intentándolo?

Aquí es donde un liderazgo juega un rol clave. Claro, cuando pasan estas cosas la gente se enoja. Una de las cosas positivas de Sudáfrica fue que personas como Mandela, por ejemplo, iluminaban el panorama. Aun cuando había una crisis, él seguía enfocándose en el panorama general y no en el obstáculo específico. Enojarnos no va a resolver nuestros problemas. Recuerdo a Mandela hablando una vez con un opositor y su propia gente le decía que no debía hacerlo porque era un hombre malo. Mandela dijo: “Tengo que hablar con el enemigo para ver si podemos atravesar el puente, aunque sea hasta la mitad. Esa es la única manera en que vamos a tener paz”.

En los conflictos nosotros hablamos con gente que es realmente mala, que han hecho cosas horribles, pero el problema es que tienen control de ciertas cosas. Colombia debe darse cuenta de que reconstruir el Estado es un proyecto a largo plazo, va a tomar tiempo, porque el conflicto ha sido largo y ha devastado comunidades. Nosotros celebramos su éxito.

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