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Las pruebas contra Rito Alejo

Aunque el general (r) nunca ha sido señalado directamente en el caso del asesinato de Marino López Mena, la Fiscalía encontró en los testimonios de ex jefes paramilitares como Mancuso y ‘H.H.’ razones suficientes para detenerlo.

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El Espectador
18 de septiembre de 2008 - 08:19 p. m.
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El 26 de febrero de 1997, hombres del bloque Élmer Cárdenas arribaron a Bijao, una de las 23 comunidades ubicadas en Cacarica (Riosucio, Chocó). Según lo han relatado ex integrantes del grupo como Luis Muentes Mendoza, los paramilitares caminaron unos diez días por la selva chocoana hasta llegar a Cacarica. Una vez en el lugar, reunieron a los pobladores en la escuela y les advirtieron que los ‘mochacabezas’ habían llegado, que era su hora de partir. Muchos les obedecieron. Algunos huyeron hacia la frontera con Panamá, otros corrieron a regar la voz en las localidades vecinas. En la mañana siguiente, los ‘paras’ buscaron a un campesino de la zona, llamado Marino López Mena. Lo encontraron, lo degollaron y lo descuartizaron.

Dos días antes, el general (r) Rito Alejo del Río, entonces comandante de la Brigada XVII del Ejército, había ordenado el comienzo de la ‘Operación Génesis’ en el Urabá chocoano. El objetivo era atacar y destruir campamentos del bloque José María Córdoba y el frente 57 de las Farc. Para ello, el ex oficial planeó una serie de ataques aéreos en las regiones de Salaquí y Truandó, aledañas a Cacarica. Según manifestaron los  pobladores, a lo lejos escuchaban los estruendos de los bombardeos. Y aunque en su momento varios de ellos aseveraron nunca haber visto a hombres del Ejército en la incursión ‘para’, la relación entre ésta y la ‘Operación Génesis’ es la que hoy tiene al general (r) Del Río recluido en una guarnición militar.

De acuerdo con la medida de aseguramiento proferida por la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía en contra de Del Río, conocida por El Espectador, hay indicios suficientes para investigar al ex oficial, no como autor material del asesinato del campesino de Bijao, pero sí como coautor. Para el ente investigativo, resulta sospechoso que los paramilitares hayan podido transitar durante diez días por esta región chocoana sin que las autoridades los hubieran detectado; que la operación militar y paramilitar fuera simultánea y que en esos días no se hubieran presentado enfrentamientos entre ambas partes. Además, para el organismo, versiones libres como las de Salvatore Mancuso y H.H. resultan muy comprometedoras.

El primero aseguró haber visto al general (r) Del Río, al menos en dos ocasiones, reunido con Carlos Castaño y Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán —líder del bloque Élmer Cárdenas— entre 1996 y 1997, en unos sitios conocidos como El Diamante y El 21. Por su parte, H.H. le dijo a un fiscal de Justicia y Paz que Del Río mantenía una amistad personal con Castaño y con Doble Cero y que los hombres de la Brigada XVII recibían instrucciones tanto de no atacar a los ‘paras’ como de patrullar con ellos normalmente. Para la Fiscalía, estas declaraciones comprometen al general (r) con los jefes paramilitares de la región y prueban que sí se acordaban procedimientos militares con las autodefensas.

A pesar de los aparentes indicios que relacionan al general (r) con las autodefensas, ninguno de los testimonios tomados en cuenta por la Fiscalía para dictar la medida de aseguramiento en su contra menciona alguna complicidad entre la ‘Operación Génesis’ y la incursión ‘para’ en Cacarica. Así como tampoco que haya ordenado la ejecución de Marino López Mena o de cualquier otro habitante de la zona. El organismo asegura que si el Ejército actuó en conjunto con los paramilitares, se puede inferir que los militares estén implicados con todas las acciones ilícitas de los segundos. No obstante, delegados de la defensoría militar creen que esta no es una razón de peso.

Consideran que el general no puede ser responsabilizado de cuanto crimen haya ocurrido en su jurisdicción mientras comandó la Brigada XVII, que es ilógico. “¿Por qué no han sido investigados  los comandantes de la Policía de Apartadó, de Carepa, de San Pedro de Urabá? ¿Por qué sólo el general?”, se cuestiona un abogado militar. En su indagatoria, cuando Del Río fue interrogado sobre la incursión ‘para’, éste respondió que la selva, la falta de medios de comunicación, la insuficiencia de las tropas y la falta de información hicieron imposible que él conociera de la presencia ‘para’ a tiempo. Sin embargo, la Fiscalía insiste en los  nexos entre la ‘Operación Génesis’, la llegada de las autodefensas a Cacarica y el homicidio de Marino López Mena, cuya investigación fue admitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2006.

En los próximos días, el ente recibirá los testimonios de reconocidos opositores del general (r), como el padre Javier Giraldo y la ex alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas. Hablarán también Gustavo Petro, los tenientes coroneles  Gaitán Quiroga  y Plazas Acevedo (tercero de la brigada XVII y de inteligencia, respectivamente), ex oficiales que pertenecieron a la brigada  y Elkin Casarrubia, ex integrante del bloque Calima de las AUC. Personas allegadas al ex oficial aseguran que él está tranquilo y que poco a poco está construyendo una defensa sólida para demostrar que sus detractores se equivocan, que sus decisiones no tuvieron más base que la castrense. Así las cosas, parece que el debate a Rito Alejo del Río seguirá en la palestra por un buen rato.

Por El Espectador

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