Publicidad
8 Jan 2022 - 2:00 a. m.

Lo que puede venir para el Clan del Golfo en 2022

Después de la captura de su máximo líder, aún no es muy claro qué rumbo tomará el grupo criminal sucesor del paramilitarismo. Algunas hipótesis apuntan a que la estructura criminal mutará de nombre o se dividirá en pequeños carteles de narcotráfico.
Lo que puede venir para el Clan del Golfo en 2022
Lo que puede venir para el Clan del Golfo en 2022
Foto: AFP - -

Con la reciente captura de Otoniel, máximo líder del Clan del Golfo, se han tejido varias hipótesis de cómo será su reorganización en el futuro cercano. Aunque el propio presidente Iván Duque dijo que con la captura de la cabeza del grupo criminal este llegaría a su fin, fuentes de la propia Policía argumentan que se trataría es de que la organización cambiaría de nombre, ya que no existiría nadie del clan familiar de Otoniel que lo sucediera en el poder. El último que había sido acercado al estado mayor del grupo narcotraficante y sucesor del paramilitarismo fue Darío Úsuga Torres, alias Pueblo, primo de Otoniel, que murió en agosto de 2020 durante un enfrentamiento con la Policía en Muta.

Lo que creen investigadores antinarcóticos de la Policía es que lo más probable es que el grupo se divida en grupos narcotraficantes y bajo nombres distintos. Pero que, principalmente, serán dos personas las que tomarán mayor preponderancia, y que eran los llamados a ocupar el vacío de poder que dejó Otoniel. El primero de ellos sería Jobanis Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, un hombre que lleva más de 20 años junto a Otoniel y es de su entera confianza. Además, fue miembro del bloque Bananero de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), grupo paramilitar que se desmovilizó en 2004, aunque muchos de sus hombres luego terminaron conformando el Clan del Golfo.

De acuerdo con las investigaciones de la Policía, Ávila Villadiego era quien se encargaba de gran parte de la logística para el envío de cocaína a Europa y Estados Unidos, y que tiene su principal centro de operaciones en el municipio de Turbo, en el Urabá antioqueño. Además, fue la persona que se encargó de proteger a Otoniel durante sus últimos meses como prófugo de la justicia. El segundo es Wílmer Antonio Quiroz, alias Siopas, de quien se sabe muy poco y hasta hace algunos meses no tenía un perfil tan alto como el de Chiquito Malo. Según la Policía, inició su vida en el crimen organizado en el frente 5 de las extintas Farc, el cual estaba al mando de alias Efraín Guzmán. En 2003, cuando murió Efraín y alias Iván Márquez terminó siendo su heredero.

En ese momento la zona de influencia de este frente eran los municipios antioqueños de San José de Apartado, Turbo, Carepa, Chigorodó, Mutatá, Peque, Ituango y los límites entre Córdoba y Chocó. Entre 2008 y 2009 Siopas se desmovilizó, pero debido a su conocimiento en explosivos ingresó al Clan del Golfo. En 2016 asumió como líder de la subestructura Zuley Guerra, que hace presencia en Montería, San Pelayo, Canalete, Los Córdobas, Puerto Escondido, San Bernardo del Viento, Lorica, Moñitos y San Antero (Córdoba). Por su experiencia criminal, Otoniel lo designó en 2019 al mando de la estructura Jairo de Jesús Durango Restrepo, que hace presencia en el suroeste de Antioquia y Chocó.

El otro criminal del Clan del Golfo, que podría tener un auge en el bajo mundo, es José Gonzalo Sánchez Sánchez, alias Gonzalito. La Policía asegura que inició su carrera criminal en 1996 en grupos locales al margen de la ley y estuvo seis años preso en la cárcel de Bellavista, en Medellín. Tras salir de prisión en 2002 ingresó al bloque Catatumbo de las Auc, que operó en Norte de Santander y era comandado por Salvatore Mancuso, hoy detenido en Estados Unidos. “Dentro de esta estructura criminal se destacó por su frialdad y sagacidad al cometer los actos criminales encomendados por los cabecillas principales, en su mayoría homicidios perpetrados, según ellos, a colaboradores de las guerrillas de las Farc”, indica el informe policial.

En 2004, Gonzalito se desmovilizó en Tibú (Norte de Santander) junto con otros 1.425 integrantes de grupos paramilitares. Según información recolectada por investigadores de la Policía, este importante miembro del Clan del Golfo perteneció a un grupo especial en las Auc conformado para ubicar, asesinar y posteriormente incinerar los cadáveres en hornos crematorios, para no dejar evidencias de los homicidios. “Poco después de demostrar su frialdad para cometer actos criminales, sería enviado a la casa Castaño (líderes de las Auc) en límites del Urabá antioqueño y Córdoba, territorio neurálgico para la consolidación y conformación de los bloques paramilitares”, describe el documento de inteligencia.

De allí saltó al Clan del Golfo, en donde ha tenido un destacado papel por su entrenamiento militar y manejo financiero en las antiguas Auc. Además, dice la Policía, por su grado de compromiso y fidelidad con Otoniel, fue designado como líder principal de la estructura Roberto Vargas Gutiérrez, al mando de unos 1.220 hombres distribuidos en cinco subestructuras y que tienen injerencia en los departamentos de Córdoba, Antioquia y Sucre. Para la Policía, se trata de “zonas estratégicas para actividades como la minería ilegal, cultivos de hoja de coca, la producción de cocaína, homicidios selectivos, extorsiones y cobro de impuestos a los transportadores”.

Sin embargo, fuentes cercanas a la estructura criminal y que los han asesorado en temas penales señalan que: “Dado que el Clan del Golfo es una estructura piramidal, no habrá lucha interna de poder. Quedará el siguiente en línea de mando, que para mí es Chiquito Malo. La división territorial de las estructuras es muy marcada, por eso no hay posibilidad de una lucha interna”, dice una de las personas que conoce las entrañas del grupo criminal que, según cifras de la fuerza pública, tiene más de 3.500 hombres. Otra de las fuentes que ha estado de cerca del clan familiar Úsuga dice que este confía más en Chiquito Malo que en otro de los posibles sucesores de Otoniel tras su reciente captura.

La relación con la Oficina

Un alto oficial de la Policía, que les sigue la pista a las bandas criminales en el Valle de Aburrá y que conforman el cuerpo colegiado de la Oficina, señala que los próximos meses serán claves para determinar cuál será la relación de esta estructura criminal creada por Pablo Escobar en los años 80 con los sucesores de Otoniel. “En el futuro cercano veremos si aumenta la tasa de homicidios en el Valle de Aburrá, lo que podría ser un indicativo de que el pacto de no agresión entre la Oficina y el Clan del Golfo no se mantuvo, una alianza que está vigente desde 2013 y que tenía como fin que el negocio de la droga no tuviera violentas disputas”, explicó un coronel de la Policía que pidió reserva de su nombre.

El alto oficial dijo también que, de romperse el pacto, puede presentarse la llegada de información anónima que dé con la incautación de grandes cargamentos o de miembros de alguna red criminal asociada al Clan del Golfo. “En estos momentos, en los que no hay definido un jefe claro en el narcotráfico, se puede dar un escenario de entrega de información a las autoridades para debilitar a otros competidores en el narcotráfico. Se rompen esos códigos entre los grupos criminales, y eso puede terminar en un aumento de la violencia”, aseguró el alto oficial. Por ahora, está todo por decir sobre qué rumbo tomará la organización que hasta hace poco lideró Otoniel, el hombre más buscado por las autoridades y que será extraditado a Estados Unidos.

Read more!
Síguenos en Google Noticias

 

Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.