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Los herederos de ‘Cuchillo’

Oficiales de la Policía que lideraron la investigación contra alias ‘Cuchillo’ señalan que la guerrilla heredará el poderío militar que tenía el abatido 'narco' ex jefe paramilitar.

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Redacción Judicial
17 de enero de 2011 - 11:11 p. m.
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Con la muerte de Pedro Oliveiro Guerrero, alias Cuchillo, a finales del año pasado, es posible que, después de 15 años, la guerrilla de las Farc recupere los territorios que alguna vez controló y que desde la década de los noventa se han disputado vorazmente todos los grupos armados ilegales, desde que se recrudeció la guerra en los Llanos con la entrada de los hombres de los hermanos Carlos y Vicente Castaño.

Uno de los oficiales de la Policía que manejaron la investigación que terminó con la muerte de Cuchillo le contó a El Espectador que desde el pasado mes de diciembre algunos ex integrantes de la organización que lideraba Cuchillo han sostenido reuniones para continuar con el negocio del narcotráfico, pero no han encontrado un líder que los aglutine. Esa sería la oportunidad que aprovecharían las Farc.

De los cerca de mil hombres que tenía bajo su mando Cuchillo, fuentes de la Policía estiman que unos 600 pasarían a integrar las filas del frente primero de las Farc, en Guaviare, que actualmente está a órdenes de alias Reynaldo. “Estamos en alerta máxima porque si esto llega a ocurrir, estaríamos frente a una situación delicada por cuanto este frente pasaría de 200 ó 300 hombres a tener casi 1.000 y esto sería un retroceso grandísimo”. Esa es la conclusión de un alto oficial de la Policía que participó en el operativo contra Cuchillo.

Nada extraño sería que esta alianza se diera, pues si bien hombres de Cuchillo tuvieron enfrentamientos con las Farc por el control de la zona y la coca, también es cierto que desde hace varios años la organización de Cuchillo y el frente primero de esa guerrilla pactaron alianzas y trabaron negocios de narcotráfico. “Cuando Cuchillo llegó a la zona les declaró abiertamente la guerra a las Farc, que no soportaron el poderío económico, militar y numérico de su organización, pero después terminaron compartiendo rutas y dividiendo el territorio. El jefe de la zona era Cuchillo y los ejércitos privados de ambos se fusionaron”, relató un oficial.

Cómo infiltraron a ‘Cuchillo’

Su obsesión por las gorras, las 20 casas campesinas que tenía para esconderse de las autoridades y las relaciones que tenía con menores de edad que le ofrecían los pobladores a cambio de dinero, son algunos de los nuevos detalles que conoció este diario, aportados por oficiales de inteligencia, sobre el abatido Pedro Oliveiro Guerrero, el hombre que impuso su ley de sangre en el Meta y Guaviare.

A Cuchillo no sólo lo protegían sus hombres, que conformaban dos anillos de seguridad, de unos 20 pistoleros, sino guerrilleros y hasta campesinos cuyo sustento dependía del capo. El Espectador tuvo acceso a un voluminoso expediente que da cuenta de cómo los oficiales de inteligencia lograron infiltrarse en el esquema de seguridad de Cuchillo.

Lo primero que hicieron fue montar oficinas y negocios fachadas que les ayudaron a acercarse a la gente que lo cuidaba de día y de noche. Se infiltraron y se hicieron pasar por ganaderos, vendedores de insumos químicos, veterinarios o desplazados, y así lograron detectar que el primer anillo de seguridad de Cuchillo estaba conformado por ocho hombres que no lo desamparaban ni un minuto. El segundo anillo, a unos 10 kilómetros del primero, estaba conformado por 12 hombres armados que reportaban cada carro, lancha o avión que pasara o hiciera presencia entre Calamar (Guaviare) y Mapiripán (Meta).

“Les ofrecimos educación a sus hijos y hasta vivienda y después de varios intentos convencimos a tres integrantes del esquema de seguridad para que trabajaran con nosotros. Fue así como pudimos llegar a él. Además, por supuesto, por la información que recibimos de ex paramilitares de la zona que lo conocían, y que no en vano fueron amigos en el pasado y también se enfrentaron a muerte con Cuchillo”, afirma un oficial de inteligencia que estuvo en el operativo.

La Dijín y la Policía Antinarcóticos supieron, por ejemplo, detalles como la afición de Cuchillo por las gorras, la obsesión que tenía porque el color de éstas coincidiera con el de su camisa, así como la impaciencia que le causaba si una de sus gorras se perdía. También se enteraron de que Cuchillo no tenía una pareja estable y que tenía varios hijos con distintas mujeres. “Lo que más nos impresionó era que los propios padres de la región llevaban a sus hijas de 14 o de 15 años ante Cuchillo y él, a cambio, les daba una suma de dinero que les permitía sobrevivir por un tiempo”, dijo a El Espectador otro de los oficiales que manejaron la investigación.

Estaban al tanto a la vez de que tenía cerca de 20 casas, aparentemente ocupadas por campesinos, y que todas tenían una particularidad: el mismo televisor, de idéntico tamaño y marca, la misa nevera y una cama de similares proporciones, hechas a la medida. También tenía una despensa llena de comida: especialmente de harinas. A las autoridades no les quedó difícil saber que esas casas pertenecían a Cuchillo y que eran su escondite y dormitorio para pasar la noche. “Nunca se quedaba dos noches en la misma casa”, recordó la fuente.

A menos de tres meses del operativo que acabó con Cuchillo en la madrugada del 25 de diciembre de 2010, los generales Carlos Mena, director de la Dijín, y César Pinzón, de la Policía Antinarcóticos, tuvieron un perfil bastante exacto de la personalidad de este hombre que andaba con una pistola de oro y se movilizaba en tricimotos y en una camioneta blindada con la que abría caminos en la selva.

Con la caída de Cuchillo, las autoridades investigan y preguntan por sus herederos. Víctor Carranza, el zar de las esmeraldas, le ganó el pulso al capo, quien le declaró la guerra y fue el autor de atentados contra el esmeraldero en 2009 y 2010. Mientras se reajustan las piezas de la violencia que quedaron sueltas con la muerte de Cuchillo, las autoridades temen que las Farc seguirán fortaleciendo sus filas al servicio del brutal negocio del narcotráfico.

Por Redacción Judicial

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