Ese día un integrante de la delegación de Kazajistán, llamado Kanat Kabdrakhmov, salía del país junto con colegas de República Checa, Austria e Inglaterra rumbo a España.
Sin embargo, un pequeño incidente se registró antes del viaje. Agentes de la Policía Antinarcóticos del aeropuerto El Dorado detuvieron al escritor, lo separaron de la fila de pasajeros que estaban a punto de embarcarse en el avión y le pidieron que los acompañara a la sala de rayos X. “Me sentí humillado, mis derechos fueron violados por esta acción sin garantías”, expresó Kabdrakhmov, quien se sintió profundamente ofendido por ser objeto de una requisa sin que nadie le explicara el porqué.
Amanda Hopkinson, una representante inglesa que lo acompañaba, consideró también una ofensa lo sucedido con su compañero: “No le ofrecieron una disculpa ni le dieron un motivo para justificar que lo hubieran seleccionado sólo a él entre tantos pasajeros de ese mismo vuelo”. La delegación entera aseveró que a pesar de la buena imagen que se habían llevado de Colombia, se había creado un mal ambiente por razones equivocadas y que el país atravesaba por un “momento crítico”, en el que necesitaba proyectar una imagen positiva de sí mismo.
No obstante, la Policía defiende su labor. El Espectador consultó al coronel Gonzalo Barriga, comandante de la compañía antinarcóticos de El Dorado, quien aseguró que este tipo de procedimientos no son más que una rutina. “Todos los días seleccionamos personas aleatoriamente, y entiendo si al señor Kabdrakhmov le molestó el procedimiento. Pero no fue nada personal, sólo hacemos nuestro trabajo. Incluso, las aerolíneas saben y esperan a los pasajeros”, expresó el oficial.