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Miguel Trujillo, un colombiano de 65 años que vive en Palm Beach (Florida) desde 1999 y que ejercía como agente autorizado de la FIFA para negociar y programar partidos de fútbol, resultó siendo otro eslabón del mayor escándalo de corrupción que haya afrontado la organización rectora de ese deporte. Hace dos días, el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció que Trujillo había aceptado cuatro cargos en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York. Y si está en libertad es porque, revela su expediente, pagó una fianza de US$1,5 millones (más de $4.500 millones).
Así las cosas, Miguel Trujillo terminó pagando una fianza tres veces mayor al dinero que admitió haber recibido como parte de la feria de sobornos de la FIFA en la que participó: en su cooperación con la justicia estadounidense aceptó que entregará todo lo que recibió ilegalmente, estimado en US$495.000. Tanto el indictment (acusación) como su aceptación de cargos ante el juez del Distrito Este de Nueva York, conocidos por este diario, dejan claro que Trujillo se unió con Roger Huguet y con Fabio Tordin para sobornar a funcionarios de la FIFA y la Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol) y obtener ganancias por cuadrar negocios en nombre del fútbol.
“Yo sabía que lo que hacía estaba mal”, dijo Miguel Trujillo ante el juez de su caso, al admitir, entre otras cosas, un pecado capital para el gobierno de Estados Unidos: declarar una renta mentirosa. Al Departamento de Hacienda de ese país, el hombre que acaba de pagar una fianza de US$1,5 millones le reportó ingresos anuales por US$18.932. “Mi estilo de vida no podría haberse mantenido con un ingreso anual de menos de US$20.000”, añadió Trujillo, quien trabajó de 1999 a 2006 para Traffic USA. Esa empresa fue la principal promotora de pagos de sobornos en el esquema de corrupción de la FIFA, tal cual terminó confesando ante el FBI su fundador, el brasileño José Hawilla.
El sistema de corrupción de la FIFA, un escándalo que estalló en mayo del año pasado por cuenta de las investigaciones del FBI, se trataba del pago de sobornos de empresas privadas hacia funcionarios de la FIFA o de confederaciones regionales de fútbol para adquirir los derechos deportivos y de transmisión de partidos de torneos como la Copa América, la Copa de Oro y hasta la elección de sedes de la Copa del Mundo. Por él han sido detenidos hombres de la talla de Nicolás Leoz (presidente de la Conmebol cuando fue arrestado) o dirigentes regionales como Julio Rocha (expresidente de la Unión Centroamericana de Fútbol) y Luis Bedoya (expresidente de la Federación Colombiana de Fútbol).
El nivel de corrupción promovido por el colombiano Miguel Trujillo, asegura el indictment, alcanzó para girarle unos US$500.000 nada más y nada menos que a Jeffrey Webb, cuando éste ejercía como vicepresidente de la FIFA, presidente de la Concacaf y presidente de la Asociación de Fútbol de las Islas Caimanes. Según el documento, los pagos se hicieron a través de una enmarañada red de giros entre bancos de Estados Unidos y hasta de paraísos fiscales, con el propósito de que la Unión Caribeña de Fútbol (CFU) les cediera a Media World y a Traffic USA los derechos de mercadeo y de transmisión de sus partidos clasificatorios para los Mundiales de 2018 (Rusia) y 2022 (Catar).
La razón por la cual Miguel Trujillo terminó intercediendo por Media World es porque su cómplice de cabecera fue Roger Huguet, un hombre con nacionalidades española y estadounidense que poseía parte de esa empresa de mercadeo deportivo que fue la competencia de Traffic USA hasta que ambas se unieron para compartir ganancias. Según el indictment, en la primavera de 2012 se selló esa alianza con miras a obtener los derechos de las transmisiones de los partidos clasificatorios a la Copa del Mundo de la Concacaf, la cual integran países como México, Canadá, Costa Rica y EE. UU.
Para facilitar los sobornos, Miguel Trujillo creó una empresa en Florida, Sponsports, LLC; y tres en Panamá: Sponsports S. A., Lexani y Sports Tournament and Rights (ST&R). Para hacer los pagos, lo común era que recibiera fondos de Media World, los enviara a sus cuentas panameñas y de allí los remitiera a donde le indicaran los funcionarios que habían aceptado los pagos ilegales (de la FIFA, de la Concacaf, de la Unión Centroamericana de Fútbol o de la Unión Caribeña de Fútbol). Trujillo intermedió también en nombre de una compañía argentina que el indicment no especifica, pero, al reiterar que lo contactaron dos empresarios argentinos, podría suponerse que eran Hugo y Mariano Jinkis, de Full Play, detenidos en agosto del año pasado.
El otro gran cómplice de Miguel Trujillo fue el brasileño Fabio Tordin, quien, como Roger Huguet, ya aceptó cargos en EE. UU. Tordin había trabajado en Traffic USA y era ejecutivo de Media World. Los tres, a punta de sobornos, consiguieron los derechos de transmisión de los partidos clasificatorios de la Unión Centroamericana de Fútbol para los Mundiales de 2014, 2018 y 2022. Después de hacer los pagos, Trujillo y sus socios los cubrían con contratos o recibos falsos. El colombiano le dijo al juez de su caso que habían pagado cientos de miles de dólares, pero el indictment señala que los sobornos que promovió Trujillo se contaban por millones.