
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En septiembre de 2006, el entonces teniente del Ejército Andrés Mauricio Rosero Bravo ordenó el asesinato de John Darío Giraldo Quintero, en la vereda El Jordán, en Cocorná (Antioquia), para presentarlo como baja en combate. Casi 20 años después, el militar, ahora en retiro, le dio la cara a la familia de ese falso positivo y, en un acto significativo, pidió perdón de rodillas a la madre e hija del fallecido.
El acto de perdón se llevó a cabo en una audiencia adelanta por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en Medellín (Antioquia). Allí, Rosalba Angélica Quintero de Giraldo, madre de la víctima; y Yésica Natalia Giraldo Marín, hija de Giraldo Quintero, le concedieron el perdón al militar. “De parte de mi abuela y de parte mía, como muestra de nuestro perdón sincero, queremos brindarle un abrazo”, dijo Yésica Giraldo.
Rosero Bravo fue uno de los militares citados a la audiencia y que hicieron parte del Batallón de Artillería No. 4 ‘Coronel Jorge Eduardo Sánchez’ (BAJES). Según se expuso en la audiencia, uniformados del BAJES, entre 2002 y 2007, asesinaron a Pedro Antonio Marulanda, Jhon Darío Giraldo Quintero y Cristian de Jesús Aizález, presentados después como muertos en combate.
De acuerdo con lo presentado por la JEP en la audiencia, hombres bajo el mando de Rosero Bravo llegaron a la vereda guiados por “La Pacho”, una mujer que señaló a las víctimas como supuestos guerrilleros. “Después de los hallazgos, se volvieron a reunir en un mismo lugar, manteniendo retenidas a las tres personas. En ese momento, planificaron las muertes y la forma en que serían presentadas como muertos en combate”, dijo durante la audiencia la magistrada auxiliar Ángela Galvis.
En el relato, también se estableció que “Rosero Bravo se dirigió a Cocorná para conseguir armas y entró en contacto con integrantes de grupos paramilitares, quienes le entregaron un fusil”. De acuerdo con la información sobre los casos, el uniformado dejó que paramilitares interrogaran a las víctimas y luego dieron orden de asesinarlos.
Las armas entregadas a las víctimas, dijo Rosero, “las conseguimos con el comandante de los paramilitares en El Santuario. Me dijo que me daba un fusil AK 47”. Los comparecientes le dijeron a las víctimas que se avergonzaban y arrepentían de sus acciones. Les pidieron perdón.
Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.