Desde que las segundas vueltas existen en Colombia, luego de su creación en la Constituyente de 1991, siempre han sido dramáticas. La primera en estrenar esa figura, que llegó como herencia del sistema electoral francés, fue la elección presidencial de 1994, entre Ernesto Samper y Andrés Pastrana, en un país marcado por la incertidumbre. Apenas un año antes había caído Pablo Escobar, pero el cartel de Cali seguía siendo una fuerza determinante. La campaña transcurrió en medio de tensiones por los acercamientos del fiscal Gustavo de Greiff con narcotraficantes que buscaban negociar su sometimiento a la justicia. A ello se sumó el terremoto del río Naya, en Cauca, que dejó más de mil muertos y miles de damnificados.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
La segunda vuelta del 19 de junio de 1994 fue tan apretada como explosiva. Samper derrotó a Pastrana por cerca de 150.000 votos en un país todavía conmocionado por la tragedia del Cauca. La elección ocurrió apenas un día después del debut de Colombia en el Mundial de Estados Unidos, con derrota 3-1 frente a Rumania, resultado que sembró dudas sobre una selección llamada a ser protagonista. Sin embargo, el verdadero terremoto político llegó después de las urnas. Tres días más tarde, Pastrana reveló las grabaciones conocidas como los narcocasetes y denunció que dineros del cartel de Cali habían ingresado a la campaña de Samper. Ese mismo día, Colombia cayó 2-1 ante Estados Unidos con el autogol de Andrés Escobar y salió eliminado.
1998: la paz como promesa
Cuatro años después, Colombia llegó a otra segunda vuelta marcada por la guerra. El gobierno de Ernesto Samper terminaba golpeado por la crisis de legitimidad derivada del proceso 8.000, mientras las Farc se encontraban en expansión militar y el país acumulaba secuestros, atentados y deterioro del orden público. Horacio Serpa representaba la continuidad del oficialismo liberal, mientras Andrés Pastrana apostaba por una propuesta centrada en la negociación con la guerrilla. La discusión sobre la paz comenzó a dominar la agenda nacional y se convirtió en el principal tema de campaña. Los colombianos acudieron a las urnas en medio de la expectativa de encontrar una salida política a un conflicto que parecía cada vez más difícil de contener.
La elección dio un giro dramático apenas días antes de la votación definitiva, pues quien llevaba la delantera, desde la primera vuelta el 31 de mayo de 1998, era Horacio Serpa. El hecho ocurrió cuando se conocieron unas fotografías de Pastrana junto a alias “Manuel Marulanda” o “Mono Jojoy” y otros líderes de las Farc, como evidencia de que sí estaba abierta la puerta para la negociación de paz. El golpe político fue contundente. El propio Serpa escribiría después que aquellas imágenes fueron como “un puño en el estómago” que lo dejó sin aire. En efecto, las fotos alteraron el rumbo de la campaña y, cuatro días después, el 21 de junio, Pastrana ganó la Presidencia.
2002: el colapso del proceso de paz
La campaña presidencial de 2002 se desarrolló en uno de los momentos más violentos de la historia reciente del país. Las Farc atravesaban una fase de expansión militar, multiplicaban los secuestros y los ataques contra la Fuerza Pública, mientras el proceso de paz del Caguán se desmoronaba ante la frustración de buena parte de la ciudadanía. Además, los grupos paramilitares también avanzaban sobre varias regiones del país mediante masacres, desplazamientos y asesinatos selectivos, en medio de múltiples denuncias sobre la colaboración o tolerancia de integrantes de la Fuerza Pública. Colombia acumulaba cifras récord de desplazamiento y violaciones de derechos humanos.
En ese escenario de miedo e incertidumbre apareció con fuerza la candidatura de Álvaro Uribe Vélez, centrada en una promesa de recuperación del control territorial y fortalecimiento de la autoridad estatal. La recta final de la elección estuvo marcada por una sucesión de hechos violentos que terminaron impulsando la candidatura de Uribe. Tres días después del fin de los diálogos con las Farc fue secuestrada la candidata presidencial Ingrid Betancourt, junto a su jefa de campaña, Clara Rojas; el 11 de abril ocurrió el secuestro de los 12 diputados del Valle; el 21 de abril fueron retenidos el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, y su asesor Gilberto Echeverri.
Y el 2 de mayo, la masacre de Bojayá estremeció al país. Durante combates entre el frente 58 de las Farc y paramilitares del bloque Elmer Cárdenas en la región del Atrato, los guerrilleros lanzaron un cilindro bomba que cayó en la iglesia Nuestra Señora del Carmen de Bojayá donde la población se había refugiado. Murieron 119 civiles y más de 53 resultaron heridos. Cada episodio reforzó la percepción de que el Estado estaba perdiendo la guerra y que la solución era la fórmula de la “mano firme” que propuso el candidato del partido Primero Colombia. El 26 de mayo, Uribe ganó sobre Horacio Serpa con más del 53 % de los votos y evitó la necesidad de una segunda vuelta.
2006: la reelección en medio de la parapolítica
La elección presidencial de 2006 fue la primera en la que un mandatario colombiano buscó la reelección inmediata tras la reforma constitucional impulsada durante el primer gobierno de Álvaro Uribe. La seguridad democrática mantenía altos niveles de respaldo ciudadano gracias a la reducción de secuestros y a los golpes militares contra las guerrillas. Sin embargo, el contexto político comenzaba a mostrar señales de alarma. El país asistía al proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia y al surgimiento de cuestionamientos sobre los alcances reales de esa negociación. Al mismo tiempo, empezaban a conocerse denuncias sobre la participación del paramilitarismo en la política regional y nacional, un fenómeno que pronto se convertiría en uno de los mayores escándalos institucionales de las últimas décadas.
Aunque Uribe llegó como amplio favorito, la campaña coincidió con acontecimientos que anticiparon la tormenta política que vendría después. Un mes antes de las elecciones el país supo que la dirección del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tenía vínculos con paramilitares. Una semana antes de la votación, la Corte Constitucional revisó la Ley de Justicia y Paz y eliminó la posibilidad de que los grupos paramilitares fueran considerados sediciosos con acceso automático a la actividad política. Un fallo judicial en época electoral que, si bienprotegió los derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación de las víctimas, puso en aprietos al gobierno, pues varios jefes del paramilitarismo alcanzaron a salirse del proceso.
Además de esas dificultades con estos grupos paramilitares, el gobierno Uribe enfrentaba otro dilema: la presión de las familias de los miles de secuestrados para que el presidente cediera ante un cambio humanitario con las Farc. Como si no fuera poco, durante el primer semestre de 2006, comenzaron a aparecer las primeras revelaciones sobre lo que luego se conocería como el escándalo de la parapolítica. En medio de ese cúmulo de episodios políticos y judiciales, el 28 de mayo de 2006 los colombianos salieron a las urnas para votar entre el entonces presidente Uribe, Carlos Gaviria, del Polo Democrático, Horacio Serpa, del Liberal. El primero arrasó con el 62 % de los votos y así terminó reelegido en primera vuelta.
2010: el heredero de Uribe
La elección de 2010 ocurrió en un momento de transición. Después de ocho años de Álvaro Uribe en el poder, la Corte Constitucional cerró la puerta a un referendo que habría permitido una nueva reelección presidencial. La seguridad democrática seguía siendo el eje central del debate nacional, impulsada por los golpes militares contra las Farc y el debilitamiento de la insurgencia. En paralelo, surgió una movilización ciudadana inédita alrededor de Antanas Mockus y el Partido Verde, que logró entusiasmar a sectores urbanos y jóvenes. Juan Manuel Santos, exministro de Defensa de Uribe, se presentó como garante de la continuidad, aunque no fue la primera opción.
En realidad, el llamado a ser el heredero del presidente era Andrés Felipe Arias, su ministro de Agricultura. Pero otro escándalo judicial obligó a cambiar los planes. El funcionario terminó envuelto en la investigación que se conoció como la de Agro Ingreso Seguro (AIS), en el que la justicia comprobó que el gobierno entregó millonarias sumas a grandes familias y terratenientes en lugar de a los pequeños campesinos para quienes fue creado. Arias perdió la consulta contra Noemí Sanín. Así, el país llegó a la campaña dividido entre quienes querían prolongar el rumbo uribista y quienes apostaban por una renovación política. Aunque Santos terminó imponiéndose con amplitud, la segunda vuelta estuvo rodeada de un clima de expectativa pocas veces visto.
La llamada ola verde, bajo la consigna “yo vine porque quise”, convirtió a Mockus en un fenómeno electoral que alteró las previsiones iniciales y obligó a replantear la campaña. Además, la recta final coincidió con la Operación Camaleón, que permitió la liberación del general Luis Mendieta y otros uniformados secuestrados durante más de 12 años por las Farc. El éxito militar reforzó el discurso de seguridad que había caracterizado al uribismo y fortaleció la candidatura oficialista. El 20 de junio de 2010, Santos derrotó a Mockus y logró canalizar el respaldo de quienes consideraban que la prioridad seguía siendo derrotar militarmente a la guerrilla. Ese año Colombia ni siquiera logró clasificar al Mundial de Sudáfrica.
2014: el plebiscito anticipado sobre la paz
La campaña presidencial de 2014 estuvo dominada por una discusión que atravesó todos los sectores políticos: las negociaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc en La Habana. Tras cuatro años en el poder, Santos buscaba la reelección defendiendo el proceso, mientras Óscar Iván Zuluaga, respaldado por Álvaro Uribe, proponía endurecer las condiciones de la negociación. El país vivía una mezcla de optimismo y desconfianza frente a la posibilidad de terminar un conflicto armado de más de medio siglo. Las encuestas mostraban un escenario incierto y la campaña se desarrolló en medio de una creciente polarización entre quienes veían en la paz una oportunidad histórica y quienes advertían riesgos de impunidad.
La segunda vuelta estuvo marcada por uno de los mayores escándalos de espionaje electoral. Apenas dos días después de la primera vuelta, que ganó Zuluaga, la Fiscalía formalizó la captura del hacker Andrés Sepúlveda, acusado de interceptar información relacionada con las conversaciones de paz y de actuar en coordinación con esa campaña. La controversia alteró por completo la recta final. Santos convirtió la paz en el eje de su estrategia y logró reagrupar a buena parte de los sectores que se oponían al regreso del uribismo al poder. El 15 de junio de 2014 fue reelegido presidente, apenas un día después del debut de Colombia en el Mundial de Brasil, donde la selección venció 3-0 a Grecia y despertó una ola de entusiasmo nacional.
2018: el nacimiento de una nueva polarización
Las elecciones de 2018 marcaron el inicio de una nueva etapa política en Colombia. Por primera vez desde la firma del acuerdo con las Farc en 2016, el país acudió a las urnas profundamente dividido sobre el futuro de ese pacto. Iván Duque, candidato respaldado por Álvaro Uribe, encabezó una propuesta de modificaciones al acuerdo, mientras Gustavo Petro representó a una izquierda que llegaba fortalecida tras años de crecimiento electoral. La campaña también reflejó el desgaste de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevos liderazgos. El resultado de la primera vuelta confirmó que Colombia estaba entrando en una competencia política distinta, marcada por visiones opuestas sobre la economía, el Estado y la implementación de la paz.
La segunda vuelta consolidó una polarización inédita desde la Constitución de 1991. Aunque Duque ganó con ventaja en la primera ronda, Petro logró ampliar significativamente su caudal electoral y movilizar sectores que históricamente habían permanecido alejados de la izquierda. Entre ambas vueltas se desarrolló una intensa disputa por conquistar a los votantes de Sergio Fajardo, Germán Vargas Lleras y Humberto de la Calle. El ambiente político coincidió con el inicio del Mundial de Rusia. El 19 de junio, apenas días antes de la votación definitiva, Colombia había debutado con una derrota 2-1 frente a Japón. El 17 de junio, Duque fue elegido presidente con más de diez millones de votos y evitó la llegada de la izquierda al poder.
2022: el derrumbe del viejo sistema
La elección presidencial de 2022 ocurrió después de años de profundas transformaciones sociales y políticas. La pandemia por el Covid-19, el aumento de la pobreza, las movilizaciones sociales de 2019 y 2021 y el desgaste de los partidos tradicionales modificaron el mapa electoral colombiano. Gustavo Petro llegó a la contienda como favorito y logró ganar la primera vuelta, pero la gran sorpresa fue la irrupción de Rodolfo Hernández, un candidato sin maquinaria nacional que desplazó a Federico Gutiérrez y Sergio Fajardo. El escenario reflejaba un fuerte voto de inconformidad con las élites políticas tradicionales. Por primera vez en décadas, los candidatos de los partidos históricos quedaron por fuera de la definición presidencial y el país se preparó para una disputa entre dos opciones que prometían ruptura con el pasado reciente.
En esa coyuntura, Petro llegó con la posibilidad de convertirse en el primer presidente de izquierda elegido por voto popular, mientras Rodolfo Hernández buscaba capitalizar el sentimiento antipolítico que había impulsado su ascenso. A nueve días de las elecciones, la campaña quedó sacudida por la filtración de los llamados petrovideos, grabaciones de reuniones internas del Pacto Histórico en las que se discutían estrategias para golpear a adversarios políticos, dividir sectores de centro y manejar crisis como el escándalo de las visitas a cárceles de allegados a Petro. Hernández aprovechó las revelaciones para cuestionar a su rival y anunció desde Miami que suspendía sus apariciones públicas por razones de seguridad.
En medio de esa tormenta política, Petro ganó el 19 de junio con más de once millones de votos y abrió un nuevo capítulo en la historia electoral colombiana, como el primer presidente de izquierda. Cuatro años después, Colombia vuelve a acercarse a una definición marcada por la confrontación. Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda se acusan de representar extremos de la historia reciente. La segunda vuelta será cuatro días después del debut de Colombia en el Mundial de 2026. Y si algo enseñan las últimas tres décadas es que las elecciones presidenciales rara vez se definen en las urnas: casi siempre un hecho extraordinario altera el rumbo de la campaña y deja su huella en la historia.
Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.