28 Sep 2022 - 3:30 p. m.

Opinión: conquistado el derecho a abortar, hay mucho, pero mucho más que hacer

Dos de las fechas emblemáticas que el mundo asumió como causas conjuntas nacieron en nuestra región y, más concretamente, durante los Encuentros Feministas de América Latina y el Caribe: el 25 de noviembre, día de acción contra la violencia hacia las mujeres, y el 28 de septiembre (28S), por la despenalización del aborto.

Ana Cristina González Velez*

González Vélez explica que, así exista una decisión de la Corte sobre la despenalización del aborto, todavía hay una largo camino por andar para realmente sea un derecho de fácil aplicación y protección.
González Vélez explica que, así exista una decisión de la Corte sobre la despenalización del aborto, todavía hay una largo camino por andar para realmente sea un derecho de fácil aplicación y protección.
Foto: Mauricio Alvarado

Esta es una muestra más de la inmensa capacidad de movilización de los movimientos feministas del sur y su férrea voluntad de no guardar silencio sobre los temas que consideran deben estar en el centro de las agendas públicas, no solo para que “el Estado garantice y la sociedad respete” sino para que sea la conciencia de los derechos de las generaciones más jóvenes, una conciencia cada vez mayor capaz de lograr las profundas transformaciones culturales que se requieren para preservar la conquista de la libertad reproductiva. O, en otras palabras, de la autonomía sobre el propio cuerpo como un elemento central para el ejercicio de ciudadanías plenas.

Este 28S tiene lugar siete meses después de que la Corte Constitucional despenalizara el aborto, eliminándolo como delito hasta la semana 24 inclusive, de manera que las mujeres y personas con capacidad de gestar, puedan interrumpir el embarazo si esta es la decisión que han tomado, creando así mejores condiciones para que en Colombia todos los embarazos y maternidades sean deseadas. Después de este plazo, además, es posible también interrumpir el embarazo si se cumple con una de las tres causales que existen en el país desde el 2006.

(En contexto: Gobierno Petro pide a la Corte Constitucional no reabrir debate sobre el aborto)

Hace siete meses, recién salida la decisión de la Corte, alguien cercano me dijo, “Listo, ya está. Ya conquistaron este derecho. Vayan a descansar, no hay nada más por hacer”. Y en efecto, así debería ser si nuestra sociedad y el mundo no hubieran convertido nuestro derecho a decidir practicarnos un aborto legal, libre y seguro, en un terreno de batalla constante. Si no hubieran convertido nuestros cuerpos en un terreno de disputa en el que creen que se puede acosar, invadir, violentar. Por eso es todo lo contrario: conquistado el derecho hay mucho, pero mucho más que hacer.

No sólo porque una conquista legal, como la alcanzada por el Movimiento Causa Justa en la sentencia C-055 del 2022 -la sentencia Causa Justa-, es el inicio de un enorme trabajo en nuevos frentes, sino porque las normas fundamentales para transformar imaginarios no son nunca el fin de una batalla. Si no el inicio de otras. Sobre todo, cuando se trata de celebrar esa mayor libertad que hoy tenemos y que nos hace más iguales en esta sociedad, y al mismo tiempo, cuando se trata de crear condiciones para que esa libertad sea una realidad para todas, y no un privilegio para algunas. Para que el ejercicio del derecho al aborto no se convierta en una fuente de más desigualdad entre quienes ya viven en mayor exclusión, bien sea porque habitan zonas rurales alejadas, o porque han alcanzado menores niveles educativos, o porque son más jóvenes, o viven en ciertos territorios, o por su raza o su etnia, o por su identidad sexual y de género.

(Le recomendamos leer: Hablemos de aborto)

Nosotras seguiremos trabajando por la implementación de esta sentencia, a la espera todavía de una política pública integral que garantice el acceso a los servicios de aborto de una manera respetuosa, oportuna y con calidad. Una política que ofrezca información, consejería, y servicios de aborto y post aborto. Que asegure el acceso libre a métodos anticonceptivos modernos y a la anticoncepción de emergencia. Una política que enfrente los vacíos enormes que vemos en la formación de las escuelas de ciencias de la salud, que aborde los marcos legales vigentes, los asuntos éticos y las técnicas modernas. Una política que no escatime esfuerzos en una educación sexual gratuita y laica, ni en la prevención de la violencia de género en la que ocurren tantas relaciones sexuales de tantas mujeres y tantos embarazos de tantas otras. NO hay que olvidar que una de cada tres mujeres, entre quienes fueron perseguidas por la justicia debido al delito de aborto, había denunciado violencia sexual o de género.

Y seguiremos trabajando en la protección de la Sentencia Causa Justa porque quienes hoy se afirman como antiderechos en nuestra sociedad, quienes creen tener la autoridad moral para interferir en las decisiones íntimas y personales de otras personas, de otros cuerpos, están buscando resquicios para abusar de mecanismos legales procedimentales e intentar revertir la reciente decisión de la Corte. O insisten en un debate deshonesto plagado de mentiras, o impunemente atacan a la Corte y sus decisiones, para sacar provecho político, manipulando datos, exagerando interpretaciones, y sobre todo, desconociendo la capacidad moral de las mujeres para tomar decisiones.

Es imperativo que la sociedad siga un debate público que permita de una buena vez afianzar la idea de que nadie puede decidir por nosotras, más que nosotras mismas. Que con la cabeza y el corazón se entienda que nuestros cuerpos nos pertenecen y que sin la libertad sobre el propio cuerpo ninguna libertad es completa.

*Ana Cristina González Vélez es médica, doctora en bioética. Cofundadora de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres. Pionera del movimiento Causa Justa y recientemente seleccionada como una de las lista de las 100 personalidades más influyentes del mundo de 2022 por la revista Time.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

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