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“Popeye” y su memoria a medias

John Jairo Velásquez Vásquez, hoy detenido en la cárcel de La Tramacúa en Valledupar por un caso de extorsión, aseguró que nada tuvo que ver en el magnicidio del director de El Espectador, y que el crimen lo ejecutó el “Negro Pabón” para atender una orden de Pablo Escobar. Dice no acordarse de lo que había declarado antes.

El Espectador

22 de febrero de 2019 - 04:02 p. m.
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El confeso narcoterrorista John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, admite que intervino directamente en el asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos en enero de 1988, pero sostiene que nada tuvo que ver y poco sabe del magnicidio del director de El Espectador, Guillermo Cano. El pasado 28 de noviembre rindió indagatoria ante una fiscal especializada de derechos humanos, pero en cada una de sus respuestas tomó distancia del hecho, prefirió concentrarse en las generalidades del cartel de Medellín y dejó claro que el asesinato del periodista fue una misión que Pablo Escobar Gaviria ordenó al sujeto conocido con el alias del Negro Pabón, quien la ejecutó en diciembre de 1986.

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Durante la indagatoria, Popeye refirió que él se sometió dos veces a la justicia. Primero en 1991, junto al capo de capos, y luego en 1992, tras la fuga de Escobar de la cárcel La Catedral. Según él, desde entonces siempre colaboró con la justicia. Además, insistió Popeye, ingresó al cartel de Medellín a mediados de 1986, pero apenas en labores de vigilancia, cargando los radios de comunicaciones. No obstante, en su relato, destacó dos momentos cercanos al crimen de Cano. Inicialmente, dijo haber estado en una fiesta para celebrar la caída de la ley aprobatoria del tratado de extradición. Este hecho tuvo lugar el 12 de diciembre de 1986, cinco días antes del asesinato.

De igual manera, declaró que recuerda cómo ante un titular de El Espectador que decía “Se les aguó la fiesta a los mafiosos”, Pablo Escobar le ordenó al Negro Pabón: “Este periodista tiene que morir, mátelo”. En cuanto a este personaje, Popeye observó que siempre fue un hombre de confianza de Escobar, que incluso fue compañero suyo cuando ambos se dedicaban a robar lápidas en el cementerio y que fue uno de sus hombres claves en la guerra contra el cartel de Cali. Popeye aseguró que después lo asesinaron en un hotel en Panamá, y que injustamente, por error, un joven conocido como Jorge Tobón estuvo detenido varios años señalado de participar en el asesinato de Guillermo Cano.

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Velásquez Vásquez resaltó en la diligencia de indagatoria que llegó al cartel de Medellín en 1986, luego de pasar por la Escuela de Cadetes de la Armada y por la Escuela de Policía General Santander. El contacto con Escobar y su círculo lo hizo a través de una reina de belleza, pero solo tuvo su primera misión con el secuestro del entonces candidato a la Alcaldía de Bogotá, Andrés Pastrana, en enero de 1988, y en esa misma semana, con el asesinato del procurador Carlos Mauro Hoyos. El resto de la declaración lo concentró en recalcar que los verdaderos jefes militares del cartel de Medellín fueron Luis Alberto Castaño, alias el Chopo, John Jairo Tascón, alias Pinina y Carlos Mario Alzate, alias el Arete.

Popeye recalcó que, en junio de 1990, cuando Pinina fue abatido por la Policía en Medellín, él tuvo mayor importancia dentro del cartel, pero que el hombre clave siempre fue el Chopo, quien incluso alcanzó a ser vinculado en el asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla en abril de 1984. Velásquez Vásquez aclaró que los autores del magnicidio de Lara cometieron el error de comunicarse por teléfono desde el hotel donde se alojaron en Bogotá, y así la justicia estableció el nexo de ellos con alias Pinina y el Chopo, e incluso también con Alba Marina Escobar, hermana de Pablo Escobar. Cabe recordar que esa pesquisa la desarrolló el juez Tulio Manuel Castro, asesinado en 1985.

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En un momento de la diligencia, la fiscal interrogó a Popeye por una declaración dada por él a la revista Semana años atrás, según la cual dijo que el asesinato de Guillermo Cano fue una vuelta muy sencilla. Popeye respondió que no recordaba ese comentario. Lo cierto es que sí lo hizo, pero no fue a la revista Semana sino a un fiscal sin rostro en Bogotá el 2 de mayo de 1994. El Espectador conserva esa declaración, y en ella Popeye en efecto comentó: “La vuelta es muy sencilla, para matar a don Guillermo Cano no se necesitaba nada; salía todos los días a la misma hora del diario El Espectador, andaba en un carro Subaru que no era blindado, andaba sin escoltas y siempre manejaba su carro”.

Popeye aclaró ese mismo día que todos esos detalles los conoció por boca del Negro Pabón y que en la muerte de Guillermo Cano solo se utilizó una motocicleta y dos muchachos trabajadores de Pabón. En la misma declaración de 1994, lo que sí fue enfático Popeye fue en insistir en la inocencia del único condenado por el asesinato, el comerciante Luis Carlos Molina Yepes. El declarante dijo aquella vez que Molina siempre tuvo cambiaderos de cheques y dólares en Medellín y que es totalmente falso que estuviera involucrado en el crimen de Cano. Según él, alguna vez Pablo Escobar le dijo: “¡Qué tan de malas Molina, ahí está metido en ese negocio sin tener nada que ver!”.

En la declaración entregada hace 25 años, Popeye recalcó que cuando estaban todos presos en La Catedral, Molina le pidió a Pablo Escobar que contara sobre la muerte de Guillermo Cano para que lo dejaran tranquilo a él, pero que Pablo Escobar le dijo que eso no era posible, porque ninguno, y menos él, iba a cargar con la muerte del director de El Espectador. Según Popeye, Escobar agregó: “Yo le voy a ayudar de otra forma, yo tengo la forma de llegarle al juez del caso y le arreglo eso, sin que nos metamos en problemas con nadie. Incluso mi hermana está vinculada en lo de don Guillermo como pagadora de los sicarios y ya no está llamada por ese negocio”.

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En la indagatoria del pasado 28 de noviembre Popeye no ahondó en esos detalles, pero además de descargar toda la responsabilidad del hecho en el Negro Pabón, prefirió insistir en todo lo que dice saber sobre los nexos del DAS para la comisión de otros magnicidios. Por esta razón, enfiló baterías contra el ya fallecido exjefe de inteligencia del DAS Alberto Romero y contra el condenado exdirector del DAS Miguel Maza Márquez. En la diligencia manifestó que después de la muerte de Pinina vino a saber de Gustavo Adolfo Gutiérrez Arrubla, alias Maxwell —el otro llamado a indagatoria por el asesinato de Guillermo Cano—, pero que incluso si lo viera hoy no lo reconocería, pero que fue un hombre al servicio del Chopo.

Con la indagatoria de John Jairo Velásquez Vásquez se cumplió la primera de dos órdenes impartidas por la Fiscalía. La segunda indagatoria, justamente al mencionado alias Maxwell, no se pudo realizar, pues el sindicado alegó no tener abogado. Estas dos diligencias judiciales constituyen las únicas decisiones de fondo desde julio de 2010, cuando la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía declaró que el asesinato de Guillermo Cano Isaza tiene la categoría de crimen de lesa humanidad, por lo tanto, imprescriptible. A pesar de que se trata de una secuencia de más de 10 asesinatos, entre otros delitos relacionados con el caso Cano, en ninguno de ellos se aplicó tampoco justicia.

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