¿Quién era Héctor Jaime Beltrán?
Era de Sahagún, Córdoba. Era un hombre muy alegre. En el momento de su desaparición tenía 28 años. Había terminado el bachillerato y trabajaba como mesero de la cafetería del Palacio de Justicia en el momento de la toma y la retoma. De cariño lo llamaba Jimmy.
¿Cómo se conocieron?
Él era el hermano de una compañera de colegio, lo conocí en su apartamento un día que fuimos a ensayar una obra de teatro. Luego empezamos a vernos continuamente. Él estaba prestando el servicio militar en Tolemaida.
¿Cuántos años tenían?
Él era un poquito más grande que yo: yo tenía 14 años y él tenía 22.
¿Qué recuerdos tiene de él?
Aparte de mis cuatro hijas, todo. Recuerdo su alegría y solidaridad.
¿Qué sucedió el 6 y 7 de noviembre?
Bueno, todo empieza como 15 días antes, como todo el mundo sabe, que se había detenido a dos personas con unos planos del Palacio de Justicia. Yo acostumbraba ir todos los viernes para comprar pizza y traerles a las niñas, y él me dijo, el viernes antes de la toma: “No vayas a ir, porque recuerda que el Palacio está sumamente vigilado porque detuvieron a dos tipos con los planos y va a ser difícil la entrada”.
¿Qué pasó después?
Él jugó fútbol el domingo anterior a la toma y se esguinzó un dedo. Pero nosotros teníamos que matricular a mi hija Estefany y él me dijo: “¿Qué hago?, ¿voy al médico?”. Y le respondí: “No, porque si vas te hospitalizan”.
Por eso estaba el día de la toma...
A las 11:45, más o menos, lo empecé a llamar para contarle que ya había matriculado a Estefany, pero el teléfono estaba ocupado. Y a los cinco minutos una amiga me dijo: “Pili, el M-19 se tomó el Palacio de Justicia”. Sentí miedo, pero tenía plena seguridad de que no le iba a pasar nada porque era un simple mesero y yo tenía entendido que las amenazas eran para los magistrados
¿Qué decía su familia?
El hermano de él había trabajado en el DAS. Lo llamamos y se fue para el Palacio. Al día siguiente, él nos llamó y nos dijo: “Aquí dentro de la cafetería no sucedió nada. Todo está servido, los vasos de leche, todo está intacto, no hay ni un indicio de que haya habido fuego acá dentro. Vénganse, que Jimmy debe estar en algún hospital o debe estar detenido en alguna intendencia”, y nos fuimos con mis suegros hasta allá.
¿Han podido reconstruir algo?
No, absolutamente nada. En el video con el que se condena a Arias Cabrales hay una persona sin reconocer y creen que es Jimmy. Yo no lo he visto.
¿Por qué?
Para mí es un desaparecido porque no está, porque nunca lo he encontrado, porque no regresó a la casa. Los primeros 20 años no sabíamos nada.
Cada vez las familias nos vamos sintiendo más victimizadas porque por el hecho de que tu familiar no salga en un vídeo no quiere decir que no estaba allá y que no es desaparecido. No, no creo que yo… Yo no he querido hacerlo es porque siento que las otras familias también merecemos respeto, que todos nuestros familiares sí son desaparecidos, que no los hemos encontrado.
¿Cómo empezó la búsqueda?
Al otro día de ir a la Plaza de Bolívar fui a Medicina Legal. Yo tenía la fortuna de conocer a todos los familiares, porque hice una fiesta. Ese fue tal vez uno de los motivos por los que fueron señalados como sospechosos, porque poco tiempo antes habían comenzado a trabajar: Irma, Cristina Guarín y Luz Mary Portela León. Así que cuando entré a Medicina Legal, ninguno estaba. Me quedé casi una semana en las puertas esperando a que llegaran restos de personas a ver si estaba mi esposo, pero nunca llegó. Luego nos empezamos a encontrar con los familiares en la puerta y a reconocernos, empezamos a hacer unas brigadas, cada uno buscaba y en las noches contábamos lo que encontrábamos.
¿Quién los ayudaba?
A los tres meses, con el doctor Eduardo Umaña, iniciamos una labor de búsqueda de detectives y una denuncia ante lo que había sucedido con nuestros familiares.
Después de 30 años, ¿cuál es la sensación que le queda?
El dolor ha bajado, claro, yo no puedo decir que he olvidado, lo recuerdo con mis hijas a diario, pero sí he madurado muchísimo con este delito de la desaparición forzada. Prefiero pensar que él murió muy pronto y no encontrarlo vivo ahoritica.
¿Cómo recibieron la condena al Estado de la CIDH?
La sentencia la esperamos casi por 27 años. Fue bien recibida, habíamos estado esperándola por mucho tiempo y además nos habíamos enterado de que estaba pronto a salir Alfonso Plazas Vega por una ponencia y nosotros les presentamos la sentencia a los magistrados y siento que eso fue algo que les hizo frenar un poquito la salida.
El M-19 se desmovilizó seis años después de la toma, ¿qué les diría a ellos?
Bueno, es clara la responsabilidad del M-19 en la toma del Palacio de Justicia, pero en la retoma no y en la desaparición de nuestros familiares, menos. Yo tengo un cariño muy especial por María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, que también podemos decir es una víctima de lo que ha sucedido.