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Un completo irrespeto. Así calificó Juan David Saab, representante legal de la editorial Luabooks, el episodio que hoy lo tiene enfrentado con el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), por cuenta de un premio que no le reconocieron pese a que su propuesta ganó. El pasado 24 de septiembre, el Instituto emitió una resolución en la que acogió parcialmente la decisión del jurado y sólo premió a tres de los cuatro cortometrajes elegidos en el concurso de Circulación de Cortometrajes para Primera Infancia.
Idartes dejó por fuera a El vendedor de sandías, proyecto de Luabooks, argumentando que estaba inhabilitado para participar porque sus creadores habían ganado la convocatoria del año pasado con otra propuesta. Sin embargo, el malestar de Juan David y su equipo creció porque esa fue la misma razón para descalificarlos en una etapa temprana del concurso. Decisión que el Instituto reevaluó y de la que se retractó luego de un derecho de petición enviado por la editorial. El 14 de agosto reintegró a Luabooks como participante.
En la respuesta que la gerencia de Artes Audiovisuales envió ese día explicó que la causal por la que habían sido inhabilitados aplicaba a “los proyectos y no es extensiva a los integrantes de las agrupaciones o personas jurídicas”. En pocas palabras, no le iban a negar a Luabooks la posibilidad de participar porque previamente hubieran ganado. Además, se trató de proyectos radicalmente diferentes. Aún así, un mes y diez días después, el departamento jurídico tuvo otra opinión.
Tras la revisión para emitir la resolución de ganadores, consideró que esa inhabilidad de proyectos aplicaba y era extensiva a “los representantes legales, miembros de las juntas directivas e integrantes de las propuestas”. Es decir, incluía a Luabooks. Asimismo, en comunicación del 16 de octubre enviada a Juan David Saab, sostuvo que Idartes puede descalificar a los participantes en cualquier etapa del concurso, “incluido el momento en que se adelante el desembolso del estímulo”, que en este caso era de $2’500.000.
Liliana Pamplona, responsable del área de Convocatorias de Idartes, le explicó a El Espectador que “estas políticas se determinan con el propósito de hacer más democrática la participación, de tal manera que cada año artistas diferentes puedan beneficiarse de los estímulos”. Y reiteró que en la nueva revisión se llegó a la conclusión de que Luabooks no cumplía con los requisitos para hacerse acreedor del premio. Una situación que tiene a Juan David Saab buscando el recurso jurídico más idóneo para interponer ante Idartes y buscar que, por lo menos, se reconozca que fue ganador de la convocatoria, así no reciba el estímulo económico.
“Para nosotros no se trata tanto de la plata, porque producir un corto cuesta mucho más. Se trata de que ganarnos ese premio es uno de los escenarios de circulación más interesantes para nosotros, porque pasa a hacer parte del archivo de la Cinemateca Distrital y ellos organizan ciclos de cine con niños. En últimas, lo que nosotros buscamos es que nuestra historia se conozca”, sostuvo Juan David Saab.
Y agregó: “Hubiera sido supremamente amable de parte de ellos decirnos que el jurado reconoció que hicimos un trabajo de calidad y ver como qué podemos hacer. Nunca hubo una disculpa formal, jamás nos llegó una excusa por haber cometido ese error”. Sin embargo, Idartes fue enfático en señalar que desde el momento en que se publicó la resolución de ganadores “los concursantes podían interponer los recursos de ley”, pero que Luabooks “no radicó ningún recurso dentro de los términos establecidos”. Añadió que se les ha dado respuesta a todos los derechos de petición interpuestos por Juan David.
Según Idartes, sólo en 2014 se han entregado “1.102 estímulos por un valor total de $29.747’200,000”. De ahí que “a pesar de casos como el de Luabooks, las cifras demuestran que el Idartes realiza un trabajo importante en la promoción y desarrollo de las prácticas artísticas”. Pero Juan David Saab se mantienen en su posición: “No puede ser que una entidad se pronuncie primero sobre una condición y después nos inhabilite por derecha. Sobre todo, que pase encima de la decisión de un jurado de esa forma tan irrespetuosa. Se armaron un problema innecesario”. Por eso el representante legal de Luabooks concluyó que esta convocatoria y este premio se le convirtieron en un dolor de cabeza.
mrincon@elespectador.com
@macamilarincon