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Royne, el iluminado

El ex jefe de seguridad de Andrés Pastrana y ex esposo de la cantante Marbelle, Royne Chávez revela por qué es ahora uno de los fieles del judaísmo mesiánico en Bogotá.

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Pablo César Guevara G.
20 de septiembre de 2008 - 03:11 a. m.
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El momento de la iluminación y el encuentro con Dios del controvertido coronel en retiro de la Policía Royne Chávez llegó después de estar dos días frente a “un inodoro rebosado de excremento” en una celda de la cárcel de La Dorada, Caldas, tras, según él, haber sido golpeado por la guardia carcelaria en 2004.

“Después de todo lo que había vivido, estaba más abajo que ese retrete”, manifiesta. El hombre, que como jefe de seguridad del ex presidente Andrés Pastrana se había sentado a manteles con jefes de Estado, reyes y que había conocido personalmente al papa Juan Pablo II; que tenía lujosas propiedades en diferentes regiones del país; que se había dado el lujo de construir un gigantesco edificio de parqueaderos en Bogotá, con un costo millonario que luego lo llevó a la cárcel, y se había casado en una pomposa ceremonia con la cantante Marbelle, con quien tiene una hija, ahora estaba solo, sucio, desnudo, tirado en el suelo y desilusionado de la existencia.

Pero ese día comenzó a cambiar su vida. “Después de estar en comidas con tres tenedores y hasta 12 ó 14 cubiertos, vestido de frac o esmoquin, con los mejores vinos y viandas del mundo, con los líderes de la Tierra, ahora estaba en una celda de 2 por 3.

Fueron dos contrastes de mi vida y le pregunté al eterno de Israel, ¿por qué me haces esto?”, asegura Chávez. En ese momento dice que Dios le pasó por su mente la película de su vida desde que era niño, luego de joven, sus 24 años en la Policía, su segunda esposa Meyer  Amalia Chilito a la que abandonó con dos de sus hijos, que lo despedían en medio de lágrimas, y las personas a las que les había hecho daño. “El Eterno las va guardando pero llega el jaloncito de orejas. Entre más duro tengas tu carácter, más dura será la prueba para ti”, recalca el ex oficial.

En su austera oficina del centro comercial Sabana en Bogotá, donde es el gerente de una empresa, de la que es socio, que comercializa uniformes y todo tipo de implementos para los futuros policías del país, asegura que abandonó la religión católica y se convirtió en judío mesiánico.

Él no desaprovecha oportunidad para leer la Tora (el texto que reúne los primeros cinco libros de la Biblia) que siempre está en su escritorio, y la consulta e interpreta de manera permanente, aunque también es seguidor del Tanak, que es la Biblia Judía. En señal de respeto a Dios, Royne Chávez utiliza la Kipá, o sombrero judío, que mantiene firme con dos hebillas, a cada lado de su cabeza. También se cubre con el Talit, que es un manto o chal cuyos bordes recuerdan los 10 mandamientos revelados por Dios a Moisés.

Sin embargo para no olvidarse del hombre que fue tiene una  galería fotográfica de los personajes con los que pudo compartir en algún momento de su vida: con Bill Clinton en la Casa Blanca, con el rey Juan Carlos en el Palacio de la Zarzuela, con el presidente chino Jiang Zemin, con Raúl Castro, actual jefe del Estado cubano, también con el desaparecido comandante de las Farc Manuel Marulanda,  Tirofijo, y al escurridizo jefe subversivo Henry Castellanos Garzón, alias Romaña, aunque la lista también la engrosan el emperador Akihito del Japón, el ex primer ministro malayo Mahathir Mohamad, el presidente del gobierno italiano Silvio Berlusconi o el ex presidente francés Jacques Chirac. “Hice 98 viajes internacionales y conocí 68 países”, dice Royne Chávez, quien ahora agradece a Dios toda la obra que ha hecho en él y de haberlo salvado, incluso, en el momento que estuvo cerca del suicidio, cuando estaba en prisión.


Riqueza, amor y desgracia

Una de las imágenes que más tiene presente el coronel en retiro de sus días de excesos y lujuria, lo traslada a un día soleado en una de las piscinas de sus propiedades, con el agua cubriéndole el vientre, fumándose un puro cubano de 30 dólares y tomando un whisky 18 años. “En ese momento yo decía: ‘uno es lo que le quepa hacer en la cabeza. Si yo quiero ir a la Luna yo voy a la Luna’ ”, recuerda. Eran los tiempos en que se desempeñaba como secretario de seguridad del presidente Andrés Pastrana, a quien acompañó durante los cuatro años de su gobierno, aunque trabajó con él durante 14.

El destacado oficial había pasado de ser un humilde joven, nacido en el barrio La Libertad de Cúcuta, a convertirse en uno de los hombres más cercanos al jefe del Estado. El cuento de hadas fue creciendo y en terceras nupcias se casó con la cantante Marbelle, mucho más joven que él, el 3 de agosto de 2001, de cuya unión nació, luego, su hija Rafaela.

Chávez era la sombra de Pastrana (quien fue su padrino de matrimonio), en  palacios de gobierno  de los cinco continentes y hasta en la zona de distensión en Colombia, donde en varias oportunidades tuvo que coordinar con la guerrilla los operativos de seguridad del Presidente y de los negociadores de las Farc. Pero el castillo de naipes se empezó a desmoronar cuando el coronel comenzó a ser investigado por un incremento injustificado de su patrimonio.

Ocho días después de haber terminado el gobierno Pastrana, Chávez se presentó ante la Procuraduría y en versión libre aseguró que era propietario de un lote en la avenida 39 con carrera 8ª en Bogotá, que valió 650 millones de pesos, donde había comenzado a construir un parqueadero. También sostuvo que tenía un lote de 3.000 metros, ubicado en el municipio de Ricaurte, Cundinamarca, donde edificó una casa, que costaba cerca de 130 millones de pesos. Chávez poseía además otro lote en Tocaima, Cundinamarca, al igual que una vivienda que compró para su madre en Bogotá y una acción en el Hotel Irotama de Santa Marta. Asimismo había tenido participación en un billar del centro de la capital y poseía varios vehículos.

 De todas sus propiedades la que despertó mayores suspicacias fue la del parqueadero. Chávez debía explicar por qué tuvo incrementos patrimoniales superiores a los 1.600 millones de pesos entre los años 2001 y 2002. Aunque aseguró que sus ingresos provenían de su trabajo (donde quedó demostrado que recibió doble remuneración como Secretario de Seguridad y oficial de Policía por lo cual debió devolver dinero), algunos negocios particulares y la ayuda de su esposa Marbelle, quien aportó capital al parqueadero de su labor como cantante, al igual que un grupo de amigos, de quienes dijo, le entregaron elevadas sumas, no pudo demostrar ante la justicia el incremento y en agosto de 2005 fue condenado a tres años y medio de prisión por enriquecimiento ilícito.


En la cárcel fue donde el oficial se sintió abandonado, y buscó acabar con su existencia. De sus años en prisión recuerda una frase que le escuchó al narcotraficante Gilberto Rodríguez Orejuela y que, cree, sintetiza, lo que él vivió en esos tiempos: “En el poder, uno tiene enemigos ciertos y amigos inciertos”.

En marzo de este año Chávez fue condenado de nuevo a un año y seis meses de prisión por haber presentado documentos notariales con sellos falsos, dentro de la investigación que se efectuó en su contra por enriquecimiento ilícito. Para su fortuna no volvió a la cárcel, porque el juez le concedió libertad condicional por dos años.

Royne, ¿pastor?

Todos los sábados, Royne Chávez guarda el Sabbath o día de descanso para los judíos. Ese día aprovecha para reunirse con un grupo de oración en su casa o va a la iglesia del barrio Luna Park, localizada en el tercer piso de una enorme casa al sur de Bogotá, donde es uno de los fijos oradores de la noche.

Frente a sus hermanos de fe, quienes lo escuchan con atención y lo aplauden con vehemencia, recuerda que su vida comenzó a cambiar cuando se sintió  abandonado por muchos de sus amigos y su esposa de entonces, la cantante Marbelle. En la penitenciaría La Picota consiguió tres pastillas de cianuro para acabar con su existencia en 2004. Entonces apareció Faride Narciso, su actual esposa, quien como voluntaria predicaba en prisión y le dijo que Jesús lo amaba.

“A mí me pareció ridículo, pero esa palabra causó mella en mi corazón, fue la semilla”, asegura eufórico Chávez. Aunque después fue enviado a la cárcel de La Dorada, Caldas, donde señala estuvo con presos cuyas penas sumaban más de 120 años, siendo él apenas un sindicado, y donde, dice, fue iluminado por Dios. Luego se dispuso su traslado a la cárcel de Zipaquirá. Allí no se pudo resistir más al llamado para ser un hombre nuevo.

“Había en la cárcel unos hermanos cristianos a los que yo llamaba ‘los locos’ porque alababan a Dios. Entonces me les escondía pero ellos me decían: ‘nos lo vamos a ganar para Cristo Jesús’ ”, cuenta Royne Chávez. El 3 de enero de 2005 decidió aceptar la invitación para ir al culto religioso. “Al final de la prédica el pastor de turno preguntó: ‘¿Quién quiere recibir a Jesús de Nazaret en su corazón’. Yo sentí como un resorte atrás que me levantó y quedé parado. Miré para atrás y nadie más se paró y aunque intenté retroceder ya me dio como pena y acepte a Jesús”, sostiene Chávez.


Aunque sólo continuó asistiendo una vez por semana a las reuniones en la cárcel, cuando ya se acercaba el juicio en el que debía responder por enriquecimiento ilícito escuchó al pastor decir que si uno le hace un pacto a Dios él escucha, pero comprometiéndose a cumplir.

 “Yo le dije a Dios: ‘Si tú me sacas de aquí yo me dedicaré a servirte y a decir que tú eres la solución’. También le pedí que me sacara el día que estuviera preparado”, cuenta Royne Chávez. Por esos días conoció a la pastora Fanny de García, judía mesiánica, que empezó a predicarle con la Tora. “Yo le pedí al Eterno que me concediera el dinero para comprar la Tora y un amigo llegó al otro día y me regaló 250 mil pesos y eso era lo que valía”, recuerda.

Aprovechando que tenía tanto tiempo, se dedicó a leer el libro todas las tardes. “Desde que llegué a los pies de Dios yo no me he separado. Por la gloria del Eterno salí hace 3 años de la cárcel y desde que salí, lo hice con la palabra en la mano. Incluso algunos me juzgaron y dijeron: ‘¡Vamos a ver cuánto le dura!’ y me lo he demostrado a mí mismo por la gracia de Dios”, afirma.

El paso siguiente fue aprender a perdonar por todo el resentimiento que había acumulado. Tras un ayuno en la cárcel, Marbelle fue a visitarlo en compañía de su hija y sintió que la había perdonado y la bendijo. Lo mismo sucedió con todas las personas que sintió le habían hecho mal.

 “Pienso que ella es una gran mujer y una gran mamá y le pido a Dios que le vaya muy bien. Por eso siento que el Eterno me ha perdonado y por eso siento paz en mi corazón”, asegura. Sobre el momento actual de la relación indica que habla muy poco con ella, aunque de vez en cuando se comunican para saber cómo está su hija, porque lleva un tiempo considerable sin verla.

Insiste en que ese es un capítulo cerrado de su vida y cree que Marbelle, con el talento que tiene, algún día ganará un premio Grammy.

Una de sus satisfacciones más grandes fue haber ayudado a un mayor de la Policía, que conoció en prisión, quien murió hace poco tiempo de un infarto. “Fue mi primera oveja. Yo sé que está a buen recaudo, porque fue un hombre que enderezó su vida, aunque fue al final, pero la enderezó. Yo sé que Dios perdonaría hasta a Alfonso Cano (comandante de las Farc)”, sostiene.

Con 43 años, cuatro matrimonios encima y ocho hijos, Chávez no descarta tener su iglesia pronto y ser pastor. “Uno no sabe los designios de Dios. De lo que sí estoy consciente es que resucité, porque estaba muerto en vida”, concluye el renovado ex coronel de la Policía Royne Chávez.

Por Pablo César Guevara G.

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