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El recuerdo de la primera borrachera de muchos se encuentra asociado con la fiesta de quince, la graduación de la secundaria o la primera rumba en la universidad. Generalmente esta remembranza al día siguiente viene acompañada de un fuerte dolor de cabeza, sequedad en la boca, la necesidad de ingerir líquidos y la típica promesa que nunca se cumple y se rompe el fin de semana, “no vuelvo a tomar más”.
Sin embargo, en Boyacá, varios niños de una escuela rural de edades entre 7 y los 13 años, que cursaban primaria, experimentaron la agónica sensación del guayabo gracias a una profesora que les dio aguardiente y masato durante la celebración del Día del Alumno.
Por acciones como emborrachar a sus alumnos e infligirles maltrato físico y psicológico, la Procuraduría General de la Nación sancionó a un grupo de docentes de distintas escuelas veredales en Boyacá. Asimismo, dispuso que las procuradurías regionales, se pongan al frente del asunto y ejerzan poder en todas las investigaciones relacionadas con abuso sexual y maltrato a menores de edad por parte de los docentes en todo el país, para que hechos como éstos no se vuelvan a repetir.
El primero de los casos se registró en la Escuela Toldo Abajo en el municipio de Campohermoso. El 2 de noviembre de 2005, la profesora Carmen Cecilia Romero Cristancho por voluntad propia y sin dar aviso a los padres de sus estudiantes o al rector de la institución decidió celebrar el Día del Alumno. Durante la pequeña rumba que duró hasta las 6:30 de la tarde, la profesora les repartió a los niños aguardiente puro, masato dulce y masato ligado con aguardiente, luego que le pusiera dos medias botellas de ese licor que habían sobrado de la elaboración de mantecadas, a la bebida que se elabora con maíz o arroz.
Pastor López Jiménez, padre de Edwin, se dio cuenta de que su hijo de siete años estaba borracho porque se quedó dormido tan pronto llegó de la escuela sin haber cenado. El niño cuando despertó con su primera resaca le dijo que la profesora le había dado masato y aguardiente. Del mismo estado de alicoramiento en que se encontraban sus dos hijos se dio cuenta Flor Elena Ávila, pues Brayan y Yenci llegaron a la casa con dolor de cabeza y estómago, se enfermaron toda la noche, no pudieron dormir ni ir a clase al día siguiente; pero además indicó Flor Elena que su hija le contó que la profesora les daba más aguardiente a los niños que no bailaban.
En su defensa la profesora Carmen Cecilia Romero Cristancho argumentó que sí les había dado aguardiente y masato adulterado a los niños, pero que en pocas cantidades, que el licor se los había servido en la tapa de la botella y que algunos menores se acercaban donde ella para que les diera un poco más.
El ministerio público la sancionó, porque resulta reprochable que precisamente la persona encargada de la formación integral de los niños pusiera en riesgo su integridad física y la salud de los menores sin tener en cuenta las predisposiciones sociales y genéticas que pudieran conducir a los infantes a una adicción.
Otro de los casos sancionados por la Procuraduría se registró en la escuela El Zinc del municipio de La Capilla. La maestra Rosa Isabel Barrera Sacristán, también de primaria, fue suspendida e inhabilitada durante siete meses porque en octubre de 2004 le haló el cabello a una alumna que no pudo hacer una operación matemática en el tablero, pero además, días después no le dio permiso para que fuera al baño, razón por la cual la menor se orinó en el salón de clases.
Aleja Chavarro Fernández, quien el 22 de octubre de ese mismo año interpuso una queja ante la oficina de personería municipal de La Capilla, indicó que la profesora “mechonió a mi hija menor Yésika Fabel Villalobos Chavarro que porque ella no podía hacer una división y otro día no me la dejó salir al baño y le tocó orinarse en el salón de clase, y esta semana (…) le dice embustera, mentirosa. Al hijo de mi hermana también le pegó”.
Aunque estos hechos fueron corroborados por varios compañeros de clase de Yésika Villalobos, en versión libre la educadora Rosa Isabel negó haberle proferido maltrato a la menor. De igual manera señaló que el permiso para ir al baño se lo había concedido, pero que niña no alcanzó a llegar al sanitario debido a que una de las medidas, supuestamente para que no se formen actos de indisciplina, es que los estudiantes vayan de uno en uno a dicho lugar.
Y en otro de los hechos que compromete la responsabilidad de un docente, la Procuraduría abrió investigación disciplinaria en contra de Ruth Balbina Suárez Gil, luego de que el niño William Alexis Olguín Mora, estudiante de transición, les dijera a sus padres que le “dolía mucho la cabeza” porque la profesora le había dado un golpe. Y también –acotó el menor– la maestra mandó a los otros chicos a que le dijeran “chismoso, mentiroso y sapo” luego de haberse enterado que esa queja la habían interpuesto ante la personería del municipio.
Así las cosas, los niños de estas tres escuelas de Boyacá, cuando crezcan no tendrán en su memoria esos días inocentes de juegos de pelota, salir al recreo o el olor a borrador de nata. Antes por el contrario, en sus recuerdos estarán por siempre el dolor de cabeza que les produjo el guayabo de una borrachera de aguardiente mezclado con masato, el orinarse en clase y que sus compañeros los tilden de sapos porque se quejaron de que le pegaban en la cabeza.