Hace cinco años, durante un consejo de seguridad en Antioquia, el presidente Álvaro Uribe Vélez recibió un reporte sobre las actividades ilícitas de una guerrillera de las Farc conocida como Karina, de quien no se tenían más datos. El mencionado reporte sostenía que la subversiva se había convertido en la mandamás del secuestro, la extorsión y el cultivo de coca en Caldas y el sur de Antioquia. De inmediato, el Primer Mandatario les ordenó a los organismos de inteligencia que recopilaran toda la información relacionada con la guerrillera.
Como una orden perentoria, el Presidente sentenció entonces: “Hay que capturar a esa señora”. Desde ese momento, la captura de Karina se volvió una obsesión para la cúpula militar y el alto Gobierno. Uribe había conocido de sus andanzas desde sus tiempos como gobernador de Antioquia, pero sólo varios años después fue enterado de su peligrosidad y, sobre todo, del mito que las Farc hicieron de ella. La llamaban la ‘mujer biónica’, la que siempre estaba en los combates pero que nadie podía ver.
El problema, sin embargo, fue que cuando los mandos militares empezaron a indagar en sus archivos por alias Karina, se encontraron con unos datos desactualizados y mentirosos sobre la vida de la guerrillera y su entorno familiar. “Ella, literalmente, parecía un fantasma”, le contó a El Espectador un alto ex funcionario del Gobierno. Entonces empezó el rastreo y en 2005 se creó un grupo especial en el DAS cuyo objetivo era recoger información de todos los cabecillas de las Farc y, en ese contexto, se empezó a afianzar documentación que a la postre se convertiría en la piedra angular del cerco que ayer culminó con su entrega a las autoridades en la vereda La Soledad, de Sonsón, Antioquia.
Poco a poco, los organismos de inteligencia conocieron en detalle su nombre: Nelly Ávila Moreno, y el de sus padres. La música que escuchaba. La emisora clandestina que dirigía. Incluso, la talla de la ropa interior que usaba. Y su modus operandi para reclutar jóvenes para la guerrilla. “Llegaba al parque y compraba cerveza y pollo. Así reclutó a muchos jóvenes de Argelia (sur de Antioquia)”, afirmó una fuente militar.
La información de inteligencia recogida entre el DAS y el Ejército empezó a dar frutos. El programa de desmovilización también hizo lo suyo. Varios reinsertados del frente 47 aportaron valiosa información sobre sus movimientos, sus manías, y el cerco comenzó a estrecharse.
El DAS logró interceptar varias comunicaciones de sus hombres de confianza. De hecho, hace un par de años se hizo un operativo conjunto que buscaba detenerla. Había datos precisos sobre su paradero, pero en lugar de ella fue detenido un subversivo que se identificaba con el alias de Mateo, quien había logrado infiltrarse en las Empresas Públicas de Medellín.
Bajo la consigna de su captura, sumada a la recompensa de 1.500 millones de pesos que el Gobierno ofrecía por su cabeza, empezaron las aproximaciones que permitieron arrinconar al miembro del Secretariado de la guerrilla Manuel Jesús Muñoz, alias Iván Ríos, asesinado a principios de marzo por un integrante de su anillo de seguridad, Pedro Pablo Montoya, alias Rojas.
Entonces el frente 47 comenzó a desmoronarse y aquellos tiempos boyantes en los cuales Karina pagaba todo con cocaína, incluso la compra de armas, quedaron en el olvido. Ella se refugió en la parte alta de las montañas junto con 12 personas de su anillo de seguridad. Se volvió extremamente desconfiada, perdió el poder de maniobra de su frente, hasta el punto que organismos de seguridad supieron que el Secretariado de las Farc dio la orden de movilizarla hacia el Tolima y en su reemplazo asumió alias Kadafi.
Su larga trayectoria criminal fue convirtiéndola en una leyenda del crimen organizado. La Fiscalía tiene seis procesos en su contra por homicidio, secuestro, extorsión, desplazamiento y rebelión. Las confesiones de guerrilleras que militaron con ella son realmente escabrosas. Hace un mes, una de ellas contó cómo Karina la obligó a abortar en dos ocasiones: “Ella misma me aplicó las inyecciones”, aseguró la desmovilizada.
Y no es todo. En el sur de Antioquia tenía fama de degollar a sus adversarios y hasta se sentó sobre uno de sus hombres que se estaba desangrando luego de un combate, para que se muriera más rápido.
Hace una semana, las autoridades capturaron a otro hombre de su confianza, alias Garganta. La posición de Karina era insostenible. Por eso, desde hace 18 días se tenía conocimiento de que quería entregarse y para ello estaba buscando aproximaciones con militares de la zona.
El propio presidente Uribe, hace varias semanas, la instó para que cesara su actividad delictiva. Pocos días después, el comandante de la IV Brigada, general Juan Pablo Rodríguez, viajó a Sonsón ante su inminente entrega. Pero el plan se frustró. Ayer, finalmente, el mito guerrillero de la ‘mujer biónica’ que se mantuvo durante casi dos décadas en la guerrilla, llegó a su fin.