María Hernández Morales sonrió un poco para la fotografía de registro de ingreso de visitas a la cárcel La Modelo. El sábado 22 de agosto se preparó como siempre para llegar a tiempo hasta la localidad de Puente Aranda en Bogotá, donde está ubicado el penal. A las 9:28 de la mañana, entró a la cárcel para cumplir la cita con quien llamaba esposo. Adentro, en el pabellón 13, en su celda, la estaba esperando William Rafael Martínez Alvarino, quien la asesinaría ese día de visita familiar.
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María, sin signos vitales, fue encontrada en la celda hacia las 12:30 de la tarde. Fue William el que le avisó a uno de los dragoneantes que creía que María estaba muerta, y que él se sentía lesionado.
María ya lo había visitado, según los registros, 100 veces en cinco años. El encuentro de esa mañana le ajustó la visita 101. En los pasillos de la cárcel dicen que se conocieron por redes sociales cuando Martínez ya estaba purgando una condena de 21 años y cuatro meses por tentativa de homicidio. Su expediente señala que en 2015 persiguió y atacó a la que era entonces su pareja sentimental.
A esa mujer le propinó más de 20 puñaladas, a pesar de que ya tenía una orden de alejamiento. Martínez fue capturado tres años más tarde, el 26 de febrero de 2018. María comenzó a visitarlo en el 2021 y la última vez que se vieron fue el 22 de agosto de 2026. Ese día, ningún protocolo la cuidó.
El Espectador accedió a detalles en uno de los informes del día de los hechos en donde el Inpec explicó los protocolos que se activaron. Ese día señalaron que, según los protocolos, cuando se trata de una visita familiar adulta no se aplica una restricción al ingreso por la naturaleza del delito, pero explicaron que solo puede limitarse cuando existe una restricción, orden judicial, medida de protección por decisión de una Comisaría de Familia. Frente a la existencia de procedimientos a personas condenadas relacionadas con violencias basadas en género, justamente como el caso de William Martínez, el Inpec señaló que no se realiza una valoración previa de riesgo.
Sobre los guardias al momento de las visitas, el Inpec señala que ante una situación de violencia o riesgo, la persona visitante debe acudir a un guardia para avisar lo sucedido. Detallaron que por cada pabellón se asignan dos dragoneantes que se ubican afuera de las celdas y desde donde controlan el ingreso o salida de los visitantes. Es decir, que no permanecen en el interior de las celdas donde se llevan a cabo las visitas.
Sobre el botón de pánico, este diario conoció que en la cárcel La Modelo no existen las áreas exclusivas y adecuadas para el desarrollo de las visitas, tal y como está contemplado en el reglamento para la implementación del botón. Esto se debe a las condiciones de infraestructura del establecimiento porque, a la fecha, la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios no ha adecuado un espacio para ello. Este escenario, que se reproduce en la mayoría de cárceles del país, pone en evidencia una problemática tan grave como urgente: la seguridad de las mujeres que cada sábado visitan los centros penitenciarios sin garantías de que saldrán con vida.
William Martínez confesó que había matado a María, pero no dijo por qué. Dijo, también, que llevaban seis años de relación, y que ambos decían que eran esposos. Cuando los dragoneantes encontraron el cuerpo de ella, ya estaba sin signos vitales. María era madre de tres hijos.
La primera que supo de lo ocurrido fue su hija. “Hijastra, le decía el man”, le contó una fuente cercana al caso a este diario. William también tiene tres hijos y estaba separado. Es oriundo de Talaigua (Bolívar). Y desde que ingresó a la cárcel en Bogotá, trabajó todos los días para reducir su condena. En los folios del Juzgado de Ejecución de Penas constan 12 providencias que avalan sus jornadas laborales.
Logró redimir dos años, ocho meses y diez días de pena. Tanto así que sí mantenía su ritmo laboral, le quedaba poco más de un año para cumplir las tres quintas parte de su sentencia y solicitar la libertad condicional. “Tenía una conducta buena o ejemplar”, señaló la fuente.
A raíz de eso, William Martínez había solicitado el traslado a prisión domiciliaria, pero el 14 de julio, un mes y una semana antes del asesinato, el juzgado negó su petición. Ahora, por el feminicidio de María Hernández, la Fiscalía explicó a El Espectador que William Martínez está como indiciado en el crimen. Todavía no ha sido imputado porque está a la espera del dictamen de Medicina Legal y la necropsia de la víctima.
El Ministerio de Justicia solicitó al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) un informe y ordenó revisar los protocolos para las visitas en los que se pueda identificar la existencia y el funcionamiento de botones de pánico o procedimientos que protejan a las visitantes. Este diario conoció detalles que dejan ver que esos protocolos no funcionaron tal y cómo están establecidos.
“Se supone que en los espacios de visita íntima hay botones de llamada y emergencia. En teoría deberían funcionar, pero en realidad no dan una respuesta al problema. Además, el cuerpo de custodia casi siempre es insuficiente para el número de personas privadas de la libertad y de visitantes”, señaló una fuente enterada del caso.
Otra persona cercana a la entidad y a los protocolos también detalló que las medidas actuales son, al menos, insuficientes y planteó un escenario. “Puede que exista el botón de pánico, pero las posibilidades de que la mujer logre activarlo son bajas. Esa herramienta, por ejemplo, no existe en La Modelo porque los botones solo están pensados para cárceles de última generación, que son las únicas que tienen celdas especiales para visitas conyugales. En la mayoría de cárceles del país, la visita es en la celda de los internos. No hay un protocolo hasta ahora que sirva y evite esos ataques”, dijo. Como en la cárcel La Modelo no existen los botones de pánico, se reducen las opciones de atención.
Otra de las medidas establecidas para atender a las mujeres que se sientan atacadas o vulneradas durante las visitas familiares y conyugales es comunicarse a la Línea 155, desde la cárcel, o llamar a los guardias, que normalmente están al otro lado de las rejas. “Algo clave en La Modelo es que no existe el botón porque las visitas se hacen en el patio y en las celdas. No existe un protocolo de emergencia, más allá de llamar al guardia, que normalmente está afuera”, agregó la fuente.
El día que María Hernández fue atacada no había botón de pánico, no conocía que existía una línea de emergencia porque no había señalización y solo había un guardia afuera de las celdas del pabellón 13.
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