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“Soy víctima de un Estado y de un médico negligente, pero no de la vanidad”: Lorena Beltrán

La periodista Lorena Beltrán es una de las activistas más visibles de la lucha para que las cirugías plásticas en Colombia sean reguladas. Víctima de un médico que deformó sus senos, la reportera habló sobre una solicitud de restricción en su contra que pidió Ismael Romero Pérez, uno de los médicos que expuso años atrás por presuntas irregularidades en sus títulos.

Valentina Gutiérrez Restrepo

11 de febrero de 2026 - 07:10 p. m.
Lorena Beltrán Rodríguez señaló que esta última solicitud de restricción en su contra es acoso judicial transnacional.
Foto: Archivo Particular
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En un intento por alejarse del acoso judicial del que ha sido víctima durante 10 años, la periodista Lorena Beltrán se exilió en septiembre de 2025. Pero allí, en la dirección de su nuevo hogar, que por seguridad debía ser reservada, recibió la noticia de que Ismael Romero Pérez había pedido una orden de restricción en su contra. Este hombre, que vive en Estados Unidos como ella, es uno de los 42 médicos que la periodista denunció a través de reportajes por presuntamente no cumplir los requerimientos para hacer cirugías estéticas. En entrevista con El Espectador, Beltrán contó cómo este nuevo episodio la obligó a enfrentarse a un sistema judicial ajeno y revivió años de revictimización que esperaba dejar atrás.

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Desde que empezó a denunciar a médicos en Colombia porque, al parecer, no tenían las exigencias para hacer cirugías estéticas, usted, además de ser víctima de esos mismos cirujanos, ha sido el blanco de una persecución judicial que ahora llegó hasta su lugar de exilio. ¿Qué pasó? ¿Cómo sucedió este último episodio en su contra?

El 31 de diciembre de 2025, una persona golpeó la puerta y dejó una tarjeta para que yo me comunicara con la oficina del sheriff del condado en el que vivo. Allí, dos días después, me entregaron un documento con un caso judicial en mi contra, un injunction, que es básicamente una solicitud de orden de restricción. El médico que solicitó este proceso en mi contra alega, entre otras afirmaciones, desde luego falsas, que yo habría enviado una moto con dos personas armadas a intimidarlo, que lo acosé en su casa, que le hago llamadas, que le mando mensajes. Cuando me entregan esta notificación, me dicen que debo presentarme en una corte de Estados Unidos el 27 de enero.

Ese día la jueza no encontró evidencia para otorgar esa orden de restricción, razón por la cual cerró el caso. Sin embargo, es de público conocimiento que el acoso judicial no cesa cuando una decisión no es favorable para quien acosa, así que hay una posibilidad de que la persona que interpuso esta acción continúe haciéndolo. ¿Por qué razón? Porque una persona puede solicitar una orden de restricción en cualquier estado de Estados Unidos y siempre tendría que ir a una corte a responder. Lo que estoy viviendo es acoso judicial transnacional.

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¿Este médico es uno de los que usted denunció en sus investigaciones en Colombia por presuntas irregularidades en cirugías estéticas?

Este médico es uno de los 42 nombres que el Ministerio de Educación le entregó a la Fiscalía en su momento para que tomara acciones, si así lo consideraba pertinente. Está dentro de los 25 médicos que no han sido llamados a juicio y que no han sido imputados. Este hombre emprendió acciones legales en mi contra por divulgar que es un médico que no ha sido condenado por ningún delito. Hubo respeto a la presunción de inocencia; en ningún momento mentí sobre él o sobre los títulos que tiene. Además, también vive en este país y fácilmente, poniendo su nombre en internet, se encuentra que en Estados Unidos fue arrestado por ejercer medicina sin licencia.

Es curioso que esta persona me acuse de querer acabar con su reputación cuando es él, a través de sus propias acciones, quien ya ha visto su reputación afectada aquí en Estados Unidos. Creo que no hay ningún argumento respecto al uso del periodismo para dañar vidas y que estamos frente a una información de interés público en Colombia y en Estados Unidos, y lo que se está haciendo es intentar censurar una información.

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Descríbanos cómo fue esa audiencia del 27 de enero en Estados Unidos.

La verdad, nunca había estado expuesta a una situación así. Soy residente en este país y, aunque estoy en una situación migratoria regular, ninguna persona latina en este momento quiere pasar por una situación como esa. Ese día el ambiente era como el que uno ve en cualquier serie policíaca o en películas. Al ingresar, al lado derecho están los demandantes; al lado izquierdo, están los demandados. Yo me senté allí con mi abogada, esperé mi turno. Nunca en la vida había visto a esta persona. Cuando la jueza nos llama a la audiencia, pasamos hacia adelante, pero la disposición no es que yo esté enfrente del demandante, sino que nos sientan uno al lado del otro. No tuve oportunidad de reparar mucho en cómo se ve o quién es él, pero nunca había estado en la misma habitación con esa persona.

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La periodista Lorena Beltrán tuvo que presentarse en una corte de Estados Unidos el 27 de enero por una solicitud de restricción en su contra que pidió Ismael Romero, uno de los médicos que denunció por presuntas irregularidades en sus títulos.
Foto: Archivo Particular

Pero además de este antecedente, este mismo médico también la habría acosado judicialmente en Colombia, ¿no es así?

Él interpuso una tutela en mi contra. En la primera instancia le fue negada; apeló y en la segunda instancia le dieron la razón, por lo cual yo tuve que publicar un video cumpliendo las órdenes de un juez. El mismo día que yo publiqué este video me empezaron a llegar unos correos profundamente amenazantes, donde se me acusaba de ser una asesina, de presuntamente liderar una red de tráfico de títulos en Estados Unidos, todas acusaciones falsas. Algo que llama la atención es que el correo desde el cual me enviaban estas amenazas y este hostigamiento es la misma dirección del demandante que yo encontré cuando me entregaron la citación y la notificación oficial aquí en Estados Unidos.

Dentro de los anexos de esa citación había correos enviados desde exactamente la misma dirección a jueces en Colombia, lo cual me confirmó que el correo desde el cual me estaban amenazando y hostigando, en efecto, corresponde al demandante. Esta situación, por supuesto, ya la puse en conocimiento de la Fiscalía en Colombia, donde ya había demandado a este médico justamente por todas estas amenazas que empecé a recibir a través de correo electrónico. Por ahora nada ha pasado; la Fiscalía ha estado quieta en ese proceso. Cumplo con alertar a las autoridades aun cuando ya no estoy en Colombia.

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¿Piensa iniciar acciones legales contra este médico que también vive en su país de exilio?

La principal preocupación es que el 2 de enero, cuando yo fui a la oficina del sheriff, le pregunté a la funcionaria que me entregó los documentos cómo funciona este proceso. Si yo demando a una persona que vive en Estados Unidos, ¿basta con que yo dé su nombre y el estado en el que esta persona vive se encargue de buscar la dirección? Esa funcionaria me confirmó que no, que cuando uno interpone este tipo de procesos el demandante debe aportar la dirección. Esto quiere decir que en este caso, de alguna manera, encontraron mi dirección exacta de residencia, lo cual desde luego es atemorizante. Tuve que cambiar mi lugar de residencia de un momento a otro. Los abogados que han estado apoyándome en este caso están evaluando la situación para saber qué proceso judicial corresponde en este caso.

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Diez años después de su cirugía y de las denuncias que interpuso, ¿considera que el sistema la ha dejado sola?

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Creo que la justicia en Colombia me ha dejado sola porque varios jueces asumieron como ciertas las afirmaciones de un grupo de médicos que hicieron tutelas en mi contra, sin siquiera darme la oportunidad de defenderme. Se me atribuían afirmaciones que nunca hice en los videos y que pueden verificarse fácilmente en mi perfil o en mis redes sociales. También aportaban mal mi correo de notificación legal y esto hizo que yo estuviera al borde del desacato. He estado más cerca de estar en prisión que algunos de esos médicos que ya fueron condenados en segunda instancia. Entonces, sí creo que aquí hay una falla de la justicia.

Desde luego es positivo que la jueza aquí en Estados Unidos haya desestimado este caso, porque supongo que si la persona que me ha acosado judicialmente aquí en Estados Unidos intenta volverlo a hacer, ya habrá un precedente de lo que ocurrió en esta primera audiencia. Sin embargo, espero que esto no tenga que ser así, porque francamente no quiero entrar en un ciclo eterno de procesos desgastantes, que no es a lo que yo vine a este país. Yo vine a empezar mi vida desde cero, ni siquiera sé si cercana al periodismo o al tema de las cirugías plásticas. No creo que quiera meterme en este ciclo eterno de peleas, pero sí creo que la justicia me ha dejado sola.

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Francisco Sales Puccini, el médico que la operó sin cumplir los requisitos y deformó sus senos, fue condenado a siete años de prisión. ¿Puede decir que hubo justicia en su caso?

No creo que haya habido justicia en mi caso. Francisco Sales Puccini es uno de los 42 médicos que expuse. Seis fueron absueltos en primera instancia, pero condenados en segunda instancia. Por esta razón tienen derecho a un último recurso que en este momento está evaluando la Corte Suprema de Justicia. Quiere decir que, cuando ellos decidan y se pronuncien de fondo sobre este recurso, se hará efectiva la orden de captura y los siete años de prisión contra Sales Puccini. Sin embargo, también hubo un proceso civil mío en su contra, donde un juez le ordenó en primera y segunda instancia repararme económicamente, además de COP 80 millones, que suman intereses de todos los años de mora que me debe.

Recientemente, esta misma semana, recibí una comunicación donde este médico se declaró en bancarrota; entonces, básicamente mi proceso entra dentro de una lista de otras personas que tienen que ser reparadas por este señor. Sin embargo, algo que contrasta mucho es que la semana pasada me contactó una abogada y me dijo que le salió una publicidad de una empresa de cirugía plástica y, al llegar, se dio cuenta de que el médico era Francisco Sales Puccini. Entonces, es curioso que una persona que se declara en bancarrota, que no tiene liquidez y que no tiene cómo pagar una obligación que le impone un juez, siga operando y haciendo plata. Si hubiera justicia, realmente esta persona no estaría en los quirófanos operando.

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La periodista Lorena Beltrán fue víctima de Francisco Sales Puccini, médico que no cumplía con los requisitos para operarla y terminó deformándole los senos.
Foto: Cristian Garavito

El acoso judicial es de hace varios años y esta reciente notificación en su hogar muestra que nada ha cambiado. ¿Cuál cree que es el vacío que existe y por qué no se cambian las reglas ante tantas irregularidades?

Creo que no hemos dimensionado el poder tan enorme que hay detrás de la industria de la cirugía plástica en Colombia. ¿Por qué después de tantos años no hay condenas, no en el papel, sino realmente en la práctica? ¿Y por qué después de más de cinco intentos no se logra aprobar en el Congreso una ley que busque reglamentar esta industria? Pues porque toca los bolsillos de gente muy poderosa y porque hay mucha plata que se mueve a través de estos procedimientos. ¿A quiénes no les interesa que se regule la cirugía plástica en Colombia? Creo que vale la pena que, diez años después de mi caso, nos hagamos todos esta pregunta.

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Yo soy una sola periodista, no tengo un equipo de investigación, no soy un equipo de redacción y, honestamente, creo que después de regalarle todos mis 20 años a esta lucha ya es momento de dar un paso al costado. Por supuesto que entiendo que de alguna manera me volví una figura relevante en este tema y no es como que yo diga que no voy a volver a hablar sobre esto. Eso definió gran parte de lo que soy hoy y me enorgullece. Me enorgullece que mucha gente en redes me diga: “Usted es una periodista muy valiente, usted es una persona qué berraca”.

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Pero yo quiero ser más que valiente, quiero ser feliz, quiero estar tranquila, hacer otras cosas y siento que es muy importante dar respiro y dar perspectiva a las cosas para después eventualmente poder retomarlas, pero ojalá el periodismo siga haciendo esta tarea porque en estos 10 años han pasado muchas cosas. Por ejemplo, más camadas de médicos que han seguido obteniendo sus títulos ya no solamente en universidades de Brasil, sino también en otros países donde han encontrado la manera de acceder a estos títulos, y tampoco pasa solamente con la cirugía plástica; pasa con odontología, implantología oral.

¿Qué pensamientos surgieron después de su caso y cómo eso la impulsó a convertirse en investigadora de estos procesos?

Cuando a mí me pasó esto yo tenía 20 años. Después de acudir a una segunda cirugía con Francisco Sales Puccini, buscando corregir supuestamente lo que había salido mal, yo decidí enfocarme en mi trabajo, que en ese momento era ser reportera. Ignoré muchas señales importantes, como por ejemplo que no podía tener sexo con mi pareja en ese momento. No quería que nadie más me tocara. Decidí enfocarme en mi trabajo y no pensar en que tenía unas cicatrices atroces en el cuerpo. Por fortuna, cuando uno es periodista y reportero está bien ocupado, pero hubo un momento en el que ya tenía que atender esta situación buscando corregir el proceso, y es cuando me doy cuenta de que hay algo que no encaja en la formación de este médico.

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Empiezo a jalar el hilo y encuentro que la universidad que otorgó estos títulos en ese momento no tenía una facultad de medicina, según una información que había encontrado publicada y que un colega mío en Brasil confirmó. En ese momento, después de conversar con mi familia, con un par de amigas, dije que no era posible que uno tenga una posición profesional que permita tener esas conversaciones y que no haga nada. Aun así, si yo hubiera decidido callarme, seguramente no estaría pasando por todos los chicharrones que paso actualmente. También sería una posición muy válida, pero siento que no es la posición que yo quise tomar en ese momento. Incluso hoy yo no me arrepiento de lo que decidí.

¿Cómo nombraría esos desafíos personales que ha tenido que enfrentar al decidir exponer estos casos públicamente?

El primer reto que enfrenté, desde luego, fue las heridas en mi propio cuerpo. Lo segundo, heridas que no se ven, pero que también pesan mucho como es la salud mental. Otro desafío es el acoso judicial. Por supuesto que es válido que uno utilice las herramientas de la justicia cuando cree que sus derechos fueron vulnerados, pero cuando esto se hace con mala fe, alterando transcripciones, entregando correos equivocados para que el juez falle en contra mía, cuando se hace trasladando la jurisdicción de un país a otro para que esta persona incurra en sumas mucho más elevadas en su defensa. La Fundación para la Libertad de Prensa y distintas organizaciones que defienden la libertad de expresión nombran esto como acoso judicial y, en este caso, es acoso judicial transnacional.

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Otro reto fue la seguridad: amenazas y acoso digital, tener esa sensación de estar siendo observada constantemente y saber que no es un acto de paranoia, sino una posibilidad muy real; es decir, encontraron mi dirección en otro país enorme al que me mudé, pues qué podemos esperar. Entonces ese es el precio, lamentablemente, de denunciar y no debería ser así. Yo creo que la verdad puede ser incómoda, pero no debería ser peligrosa. Tuve que tener un esquema de protección en Colombia más o menos por dos años, esquema de protección que me dieron evaluando mis propios riesgos y que entregué voluntariamente después de un tiempo porque creí que la marea había bajado, pero evidentemente no.

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¿Cuáles cree que son los principales vacíos legales que permiten que algunos médicos sigan operando sin cumplir los requisitos?

Hoy Colombia, uno de los principales países del mundo donde vienen extranjeros a realizar cirugías estéticas, es un país que no cuenta con una legislación sobre la cirugía plástica. En Colombia solamente hay dos especialidades reglamentadas por la ley: Anestesiología y Radiología. Si un médico general sin otros estudios le da anestesia a un paciente, hay una ley que dice qué sanciones va a tener. Pero, en cambio, un médico general que hizo uno que otro cursito de estética puede meter bisturí en un quirófano y nada le va a pasar. No hay una ley que prohíba eso, que les diga a las clínicas que también tienen una responsabilidad sobre las personas que les rentan sus quirófanos.

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Falta legislación del Congreso. Cinco intentos para aprobarse lleva el proyecto de ley para regular las cirugías estéticas. También falta control del Estado, porque a veces en estas clínicas clandestinas donde murió una paciente la sellaron; la semana siguiente le cambian la fachada, le ponen otro nombre y siguen operando, y nada pasa. Tampoco hay datos oficiales sobre las muertes asociadas a estos procedimientos. Sin un panorama claro, ¿cómo hace uno política pública para buscar corregir un tema?

El tercer problema que yo identifico, que no es menor, es la falta de prevención del paciente. Por supuesto que aquí el paciente es el eslabón más débil de la cadena, pero también tiene la responsabilidad de verificar, porque esto no es como ir a hacerse las uñas. A veces hay personas que me escriben que fueron con médicos que ya tienen denuncias por malas prácticas, pero se dejan operar porque este médico operó a tal modelo o influencer, como si eso fuera un criterio de que un médico es bueno o malo.

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¿Qué papel cree que cumple la sociedad en este tipo de procedimientos y sobre la aceptación que hay para que estos médicos, aun cuando ya tienen procesos legales por mala praxis, sigan atendiendo pacientes?

Creo que es importante hablar de amor propio, pero es una discusión que nunca va a ser más urgente que la reglamentación de una práctica en donde se pone en juego la vida. El amor propio no es un problema público; las muertes asociadas a cirugías plásticas sí lo son. No digo que no sea una discusión que deba darse, pero primero hay que resolver lo urgente, y es que estamos en una sociedad profundamente machista donde a las mujeres se les mide por su apariencia y se nos da palo tanto si queremos someternos a procedimientos para encajar en un molde como si no queremos seguirlos. Una vez me invitaron a un programa radial y el periodista que me introdujo a la entrevista dijo que había sido víctima de la vanidad. Yo soy víctima de un Estado y de un médico negligente, pero no de la vanidad.

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Lorena Beltrán es una de las activistas más visibles de la lucha para que las cirugías plásticas en Colombia sean reguladas.

¿Considera que el acoso judicial es un problema estructural que afecta a otras periodistas en Colombia?

Sí creo que el acoso judicial que sufren las mujeres tiene características distintas a las que padecen los colegas hombres, y no es porque las feministas entonces vean género en todo. Una demanda es una demanda, eso da igual si es hombre o si es mujer; yo no lo creo así. Por ejemplo, en una de las tutelas que yo recibí, el juez se refirió a mí como la supuesta periodista, mientras que al médico que la interpuso sí era el doctor o el médico o el señor. ¿Por qué una mujer tendría menos credibilidad que un hombre si estamos supuestamente en la misma condición ante un proceso judicial? Pero no es solamente eso, también la clase de argumentos y de insultos que se le hacen a una mujer por su trabajo.

A mí uno de los acosadores que me ha puesto procesos me ha dicho que soy prostituta, me ha dicho que soy fea, gorda, alta, bajita. Una cosa distinta es que digan que les parece mediocre mi trabajo, y esa es su opinión. Pero una cosa bien distinta es que las críticas a una persona se hagan por sus rasgos físicos, evidentemente cargados de misoginia. Creo que, como todo en la vida, el machismo es transversal también incluso en el acoso judicial. La verdad es que yo no creo que a otros colegas hombres les hayan llegado correos diciéndoles que se ven como una prostituta, que tienen la nariz muy grande, que se ven de tal manera. Rara vez creo que eso suceda.

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¿Qué mensaje enviaría a las jóvenes periodistas que enfrentan riesgos similares al investigar casos como este?

Yo no me arrepiento de la decisión que tomé, pero es un costo muy alto que pagar y es un camino muy solitario también. Si bien en este momento estoy rodeada de organizaciones que me han puesto a su disposición apoyo legal, hubo una colecta incluso para cubrir los gastos de mi representación legal en Estados Unidos y mucha gente se sumó. Son puntos donde uno se siente acompañado, pero también es un camino muy solitario y de mucha frustración, de luchar contra la corriente, de pararse frente al statu quo, a un sistema que no está diseñado para lo que hace el periodismo, que es exponer la información, alumbrar y mostrar las cucarachas y lo malo que hay por ahí. Nuestra labor no es aplastar las cucarachas, sino mostrar la luz para que algo pase con esas cucarachas.

Editorial: El peligro de los médicos mediocres

Pero hoy les diría a las mujeres periodistas que no hay ninguna noticia que valga la vida y la tranquilidad; por eso hay que luchar por condiciones justas en el periodismo. No hay que romantizar la precariedad ni el riesgo. Que busquen redes de apoyo, que aprendan de seguridad digital y legal, y que entiendan que cuidarse también es parte del trabajo. Y algo muy importante: el ruido, el ataque o el intento de silenciarnos muchas veces es señal de que lo que estamos haciendo importa. Que no dejen que eso las apague.

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Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Valentina Gutiérrez Restrepo

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