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“Superé la pérdida de mi ojo, y aquí estoy”: víctima del ESMAD y ahora líder nacional

A cinco años del llamado “estallido social” en Colombia que se conmemoró la semana pasada con varios actos, conversación con Cristian Rodríguez Zárate, sobreviviente de un ataque policial que le produjo la pérdida total de un ojo, hoy, líder de un movimiento nacional compuesto por 80 víctimas de esa lesión. Relato escalofriante sobre el momento en que sufrió la agresión, y sobre la existencia de jóvenes perjudicados con la misma laceración en siete países de tres continentes.

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Cecilia Orozco Tascón
03 de mayo de 2026 - 01:00 p. m.
Cristian Rodríguez Zárate explica: “Hacemos parte (organización MOCAO) del Centro de Investigación Internacional de Violencia Ocular, dedicado a documentar traumas oculares causados por el uso desproporcionado de la fuerza policial”.
Cristian Rodríguez Zárate explica: “Hacemos parte (organización MOCAO) del Centro de Investigación Internacional de Violencia Ocular, dedicado a documentar traumas oculares causados por el uso desproporcionado de la fuerza policial”.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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¿Cuándo perdió el ojo izquierdo?

Sufrí esa lesión permanente el 16 de diciembre de 2019, cerca de las 7 de la noche, cuando ingresaba a la sede de la universidad Nacional, en Bogotá, por la entrada de la avenida 30 con calle 45.

¿Por qué estaba en la Nacional si usted estudiaba en otro centro universitario?

En esos días había protestas y manifestaciones. Un grupo de la Nacional que participaba en el movimiento estudiantil, había convocado a líderes de otras universidades para realizar la última marcha del año en contra del llamado “paquetazo” de reformas que el gobierno Duque había presentado ante el Congreso, como la laboral y la pensional. Ese mismo día, hacia las 2 de la tarde, unas 200 personas marchamos desde la Nacional hacia el centro. Cuando la alcaldía (Peñalosa) dio la orden de evacuar la plaza con el argumento de que se iba a ocupar el espacio con un evento navideño, decidimos retornar a la Nacional en donde estaban programadas varias actividades culturales. Como dije, nosotros llegamos a la calle 45 alrededor de las 7 p.m., y ya había enfrentamientos entre los manifestantes y los policías del ESMAD. Yo estaba al final de la marcha y cuando estaba entrando al campus, un agente me lanzó una bomba aturdidora.

¿Cómo recuerda el instante preciso en que la aturdidora lo impactó?

Alcancé a ver una ráfaga de luz, un destello, a menos de un metro y por el lado izquierdo de mi cuerpo. Después de ese primer momento, sentí el choque de partículas de cosas que salían del artefacto cuando estalló. Entonces escuché un estruendo muy fuerte y, de inmediato, perdí, por completo, la visión. Fue una cuestión de segundos.

¿Otros manifestantes fueron heridos esa noche?

Solo otra persona fue herida en la cabeza pero no sufrió daños graves. A mí me tocó la peor parte.

¿Alguien lo auxilió en ese momento?

Sí. Me auxilió una brigada de derechos humanos voluntarios. Ellos me trasladaron al hospital Méredi, ubicado muy cerca de la universidad, en una ambulancia. Me examinaron varios cirujanos en la sala de urgencias. Enseguida dictaminaron pérdida total del ojo. Al día siguiente me practicaron una cirugía para la enucleación (extirpación) del globo ocular.

Una pérdida como la que usted sufrió, es, además, de la disminución de la condición física, un golpe psicológico. ¿Cómo reaccionó?

Antes que pensar en mí, al principio me preocupé por la reacción de mi mamá porque sabía cuál iba a ser la magnitud de su sufrimiento. En lo que a mí respecta, tuve doble repuesta, como usted dice, física y emocional. Colapsé con la noticia: empecé a vomitar, casi me desmayo, tuve intensos dolores de cabeza y otros síntomas de rechazo. Estuve en área de observación durante tres días y Medicina Legal me dio incapacidad por otros 45 días.

¿Se acuerda del rostro de su atacante? ¿Ha podido reconstruir esos segundos tan definitivos en su vida o ha intentado borrarlos de su memoria?

Tengo, en mi mente, el recuerdo de ese momento con nitidez. A pesar de que ya estaba oscuro, vi la silueta de un hombre vestido de negro, con un casco del ESMAD y una prenda parecida a una capucha que le tapaba el rostro. Solamente podía ver sus ojos. A pesar de que yo iba entrando al campus de espaldas a él, alcancé a darme cuenta de que me lanzó un objeto.

¿Tiene memoria de cómo era esa mirada? No me refiero a la precisión de una identificación judicial sino a la “foto” que tiene, en su cerebro, sobre el último instante, antes de perder su visión y su ojo…

La recuerdo claramente. No olvido que el atacante parpadeó antes de lanzarme la bomba. Su mirada era decidida, fría. Sentí que él sabía lo que iba a hacer y que no tuvo ninguna duda al momento de ejecutar su misión.

El diagnóstico médico ¿qué indicó? ¿Le dijeron, desde el principio, que no existía ninguna posibilidad de recuperación?

El diagnóstico fue terminante: estallido ocular severo con fisuras óseas; pérdida total de córnea, esclerótica, retina, iris y demás; los cirujanos dijeron que solo encontraron la bolsa ocular y los tejidos alrededor de la cuenca. Por ende, que no había ninguna posibilidad de recuperar la visión. Por el contrario, me informaron que tendría que usar prótesis por toda mi vida.

Usted solo tenía 26 años de edad ¿Cuánto tiempo le tomó sobreponerse?

Mucho tiempo. Pude sobreponerme por el amor que siento por la vida, por las personas que amo y por los proyectos que quería realizar. Fue un proceso largo, difícil, pero superé la pérdida del ojo de manera consciente, apoyado, también, en que me refugié en Dios. Y aquí estamos.

El inicio de su nueva etapa vital debió ser, por lo menos, desconcertante…

Sí, así fue. Primero, entré en una etapa de conmoción; siguió un estado de negación; después llegaron momentos de asimilación y aceptación. Lentamente, hice consciencia de la realidad con que tenía que aprender a vivir. Hasta cuando, con mi red de apoyo, decidí trasformar la narrativa del sufrimiento por la de proyección de otros planes que nunca había imaginado para mi futuro.

En estos siete años que han transcurrido desde cuando sufrió esa pérdida, ¿cómo ha evolucionado su vida? ¿Retomó proyectos interrumpidos, volvió a estudiar o a qué se dedica?

Después de ese momento que me transformó, decidí aprender a readaptarme a la sociedad a partir de la aceptación de mi lesión. Recuperé algunas actividades cotidianas laborales y recreativas. Volví a jugar futbol, a montar en bicicleta y a desarrollar otras habilidades y destrezas. De esa manera fui acumulando fuerzas para retomar mi proyecto educativo, unido a las actividades del movimiento que lideramos con el fin de reivindicar las vidas de personas a quienes les haya sucedido lo mismo que a mí.

¿Se refiere a la fundación de una organización con víctimas de agresiones oculares cometidas por el grupo antidisturbios de Policía, ESMAD, en que usted ha estado empeñado?

Sí. En enero de 2020, en el Centro de Atención Psicosocial al cual he asistido para lograr estabilidad psicológica, me presentaron a cuatro víctimas de la violencia ocular de la Policía: 3 hombres y una mujer. Ya me había enterado de que había otros sobrevivientes del mismo trauma en Chile y que ellos estaban conformando un colectivo. Así que decidimos crear un grupo, también en este país, para denunciar estos delitos de lesa humanidad y para dedicarnos a otras actividades relacionadas con el apoyo y recuperación de las víctimas. Durante el año 2020, hicimos los preparativos y le dimos forma colectiva. Y el 9 de abril del 2021, día de conmemoración de las víctimas del Estado, creamos, formalmente, el Movimiento en Resistencia Contra las Agresiones Oculares del ESMAD, MOCAO Colombia.

¿Cuántos miembros integran esa agrupación hoy por hoy?

Somos 80 miembros en todo el país, entre los cuales hay ocho mujeres.

Todos los integrantes de MOCAO, ¿participaron en marchas del llamado “estallido social” y fueron atacados por fuerzas policiales con artefactos que les produjeron la pérdida de uno de sus ojos?

Sí, señora. Todos y cada uno de nosotros perdimos un ojo por ataques del ESMAD, no solo en Bogotá sino en varias ciudades del país. Pero tenemos información de que el número nacional de víctimas de violencia ocular policial, es mayor. No hay datos precisos sobre cuántos más, porque nos faltan referencias o porque algunos sobrevivientes no desean que los contactemos.

El daño físico y emocional que se sufre, ¿es similar o hay diferencias entre ustedes?

No hay respuesta sencilla. Es un tema muy complejo y subjetivo pues cada persona enfrenta su situación de manera distinta. Lo que sí es igual en todos nosotros, es la permanencia de las secuelas postraumáticas en el ámbito del desarrollo personal.

¿Cuáles?

Padecemos o padecimos en mayor o menor grado, depresión, dificultad para socializar o para retomar actividades laborales; incapacidad de sostener relaciones personales; complicaciones a la hora de conciliar el sueño, aislamiento, intentos de suicidio, trastorno de bipolaridad y otros trastornos. En el área de la salud física, hemos pasado por falta de apetito, consecuente disminución de peso corporal, vértigo, pérdida de campo visual, incapacidad de medir la distancia, por ejemplo, cuando se intenta alcanzar un objeto con la mano. Es una larga lista de inhabilidades, la mayoría, repito, permanentes.

¿Cuáles objetivos tiene su organización?

MOCAO es un movimiento diverso y pluralista que trabaja con enfoques artísticos, culturales, políticos, investigativos, legales, defensa de derechos humanos y realización de proyectos personales o colectivos. A la fecha, contamos con logros que nos hacen sentirnos orgullosos porque apenas cumplimos cinco años de existencia: escribimos informes que han sido reconocidos por sus aportes, aquí y en otros países, uno de ellos titulado Represión en la mira. Hemos realizado un encuentro nacional de víctimas de violencia ocular; tenemos grupo de teatro; participamos en la mesa del proyecto de reforma policial; recibimos un diploma de reconocimiento de la organización del Premio Nacional de Derechos Humanos y hacemos parte del Centro de Investigación Internacional de Violencia Ocular, CIIVO, dedicado a documentar traumas oculares causados por el uso desproporcionado de la fuerza de la Policía cuyos cuerpos antidisturbios enfrentan, con armas supuestamente “menos traumáticas”, las protestas sociales.

Su movimiento, ¿presta algún tipo de apoyo financiero a las familias de los afectados oculares? Deben enfrentar una situación económica difícil después de un trauma que afecta a todo el círculo cercano por cuanto la víctima es un joven en plena etapa productiva de su vida.

Tenemos proyectos de integración para fortalecer las actividades de emprendimiento de los miembros de MOCAO y sus familiares. Ayudamos a financiar y a orientar sus planes.

¿En cuántos otros países existen organizaciones similares a la de ustedes?

MOCAO se fundó inspirado en la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular (CVTO), de Chile, en donde muchos jóvenes sufrieron lesiones similares a las nuestras, producto de la violencia estatal durante el estallido social ocurrido en ese país latinoamericano, en octubre de 2019. Además, hay sobrevivientes de ataques policiales que organizaron sus propios movimientos, en Cataluña (comunidad autónoma en España), Chile, Brasil, Perú, Argentina, Estados Unidos y Bangladesh. Hace poco más de un mes, en marzo pasado, realizamos el segundo encuentro internacional de miembros de organizaciones como la nuestra. Asistimos unas cien personas. Decidimos, entre otros, dos puntos: 1. Que el día internacional de los sobrevivientes de violencia ocular será cada 18 de marzo, a propósito de la fecha de nuestra reunión. Y 2. Que vamos a cambiar la narrativa del “victimismo” por la de resistencia. Por eso, precisamente, estamos abandonando el término “víctimas” por el de “sobrevivientes”.

Si ese fenómeno es tan recurrente en diversos países, ¿ustedes creen que los traumas oculares ocurridos durante ataques policiales, no es accidental sino un plan internacional de los cuerpos de seguridad organizado con ese objetivo?

Todo indica que se trata de una agenda policial compartida en varios países, basada en una doctrina, en manuales de formación interna y en la capacitación de personas que se encargan de ejecutarla. Tenemos relatos consistentes con esa hipótesis. Hay, en proceso, investigaciones al respecto.

Si eso es cierto, sería escandaloso: ¡¿conformar un plan de policías antidisturbios, en el mundo, para que sus agentes ejecuten la orden de atacar manifestantes con el objeto de sacarles los ojos?! Me parece aterrador…

Por lo pronto, sabemos que es una problemática que se ha visto en conflictos que se han presentado en varios continentes. Lo que sí puede afirmarse, es que esa práctica ha sido replicada, a nivel internacional, con tres elementos en común: a.- Capacitaciones y manuales de tiro similares a grupos antidisturbios, por parte de unos formadores. b.- La cátedra imperante es la doctrina del “enemigo interno” en contra de los sectores sociales. C.- La utilización, por parte de las Policías locales, de armamento “no letal”, que es exportado o importado por los gobiernos. Su objetivo es específico: la represión y control de las manifestaciones sociales.

Volviendo a su tema personal, ¿ha sido reparado económicamente por el Estado, por las secuelas que le quedaron?

Instauré una demanda en el Juzgado 33 Administrativo de Bogotá, en 2023. El fallo de primera instancia fue a mi favor: condena al Estado y al ministerio de Defensa a indemnizarme por la mutilación que sufrí. Esa reparación todavía no se ha hecho efectiva porque aún falta el fallo de segunda instancia. No pude instaurar una denuncia penal, precisamente porque no pude dar la identidad de mi atacante.

¿Nunca fue contactado por entidades oficiales en el gobierno Duque o en el gobierno Petro?

Inicialmente me llamaron de la Fiscalía pero, como dije, no se pudo adelantar la denuncia. En el gobierno Petro tuve conversaciones con funcionarios de los ministerios de Salud, Trabajo y Educación. También con el de Defensa.

Finalmente, ¿es cierto que usted trabaja con la senadora Aida Quilcué, hoy aspirante a la vicepresidencia de Colombia?

Sí, es cierto. Nos conocimos en distintos espacios de diálogo, a nivel nacional e internacional. Actualmente hago parte del equipo de trabajo de la mayora, senadora y candidata a vicepresidenta Aida Quilcué, motivo por el cual me siento orgulloso y honrado. En mi proyecto de vida, y debido a que la mayora debe retirarse pronto del Congreso, espero poder seguir aportando a la construcción del tejido social que necesita Colombia para lograr la transformación de sus territorios.

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Berta Lucía Estrada(2263)Hace 58 minutos
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  • antonio bonilla(7747)Hace 32 minutos
    No hay opiniones estúpidas sino estúpidas que opinan.
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